El presidente Daniel Noboa asignó a la vicepresidenta Verónica Abad la función de embajadora de Ecuador para colaborar en favor de la paz en el conflicto israelí-palestino. Esta función, argumenta el decreto Nº 27 que oficializa tal designación, obedece a que Ecuador integra el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuya responsabilidad es mantener la paz y la seguridad internacionales. Y la misión de Abad, según esta disposición, será la de “evitar el escalamiento del conflicto entre Israel y Palestina”. Algo que ni siquiera el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas lo ha conseguido. Además, las funciones que ejercerá Abad “deberán ser informadas” mensualmente al presidente de la república. Si sus gestiones no alcanzan los objetivos enunciados en el decreto ¿se considerarán como un incumplimiento de la orden del ejecutivo?
De inmediato, Noboa emitió el decreto Nº 30 para la “reestructuración institucional” de la vicepresidencia de la república, por razones de austeridad y porque Abad desempeñará su dignidad en Israel. A propósito, Ecuador ejercerá del 1 al 31 de diciembre la presidencia temporal del Consejo.
Las explicaciones sobre tal nombramiento, que busca alejar del entorno de Noboa a la vicepresidenta, y mantenerla a miles de kilómetros de Carondelet, han provocado reacciones críticas de inmediato. Que responde a su acuerdo con el correísmo, pues así marcará distancia con la dignataria que ha mostrado simpatía por figuras de derecha como Bukele y Milei. La decisión de Noboa también ha sido considerada como “acoso laboral”, como el edicto de un “trabajo forzado”, como ejercicio de “violencia política” contra una mujer, y hasta ha planteado preguntas sobre el nivel de la “inteligencia emocional” del jefe de estado.
Los embajadores de EE UU, Rusia, China y Gran Bretaña, que representan a estados que integran de modo permanente el Consejo de Seguridad, han expresado su beneplácito por aquella decisión y han alabado el compromiso ecuatoriano por la paz global. También la embajada de Israel en Ecuador ha agradecido al Gobierno nacional por su interés por mediar en la paz en esa región. Estos son estos de cortesía. Nada más.
En simultáneo, el presidente de la Asamblea ha atribuido a esa designación un propósito positivo y junto con la ministra de Relaciones Exteriores han felicitado a la dignataria por haber sido encomendada para tal misión. Estas congratulaciones han sido interpretadas en las redes sociales como una burla y un sarcasmo.
Algo de lo más incomprensible y perturbador en este episodio, en el segundo día de gobierno de Noboa, ha sido la reacción casi consensuada de quienes se inscriben en el feminismo ecuatoriano.
¡Bienhechito! ha sido, en términos coloquiales ecuatorianos, su respuesta. ¡Para que la vicepresidenta cuestionó la agenda feminista y reprobó sus tesis! Por ello, ¿merece sufrir violencia? ¿Y venganza?
¿Con qué pretensión el presidente firmó el decreto Nº 27 que determina como lugar de trabajo de Abad la embajada de Ecuador, en Tel Aviv? Solo él y quienes puedan acceder a su mundo interior la conocerán. Seguramente la vicepresidenta también las adivinará. Los demás apenas podremos elucubrar, conjeturar, adivinar.
La nominación coloca a Abad en la coyuntura de aceptar o negarse a tal encargo y encarar una eventual destitución. Si esta suposición llegara a concretarse quien asumiría la vicepresidencia con certeza sería alguien aceptable para los proponentes del pacto. Si esto se produjera, cesar al presidente podría ser el siguiente paso.
Solo una última inquietud, ¿así Ecuador pasa de la actitud “anti”, supuestamente alimentada por el odio y la polarización, al estilo “pro”, presuntamente sustentado en el acuerdo? ¿Así encarna el gobierno el cambio comunicacional, según la predica del autor de You are the message, Roger Ailes, escrito en 1988, y mencionado por el nuevo titular de la SECOM? Por cierto, Ailes, fundador de la cadena Fox News, y asesor del presidente Ronald Reagan, dejó sus funciones cuando en julio de 2016 una de las conductoras de la Fox lo denunció por acoso sexual.
