En un país atrapado por el narcotráfico y la impunidad es difícil tener la mente fría para encarar el desafío de las elecciones del 2025. Daniel Noboa está en plena campaña electoral, enfrentando ya un desgaste de su imagen y de su popularidad. Si es reelecto el descontento podría crecer y su gobernabilidad carecería del soporte que tuvo cuando inició su gestión tras la muerte cruzada. Sus ex aliados se lanzarían a la oposición y los que estuvieron fuera de ese pacto intentarán marcar diferencias con el presidente-candidato.
Diana Salazar ha puesto al descubierto los vínculos secretos entre el crimen organizado y políticos con poder. Éstos le han declarado la guerra, pero la fiscal ha demostrado inteligencia para desbaratar sus ardides. La metamorfosis de Alianza País se dio en un gobierno del que se esperaron grandes transformaciones. Las obras que le trajeron alta popularidad adolecieron de muchas fallas, como la represa Coca Codo Sinclair. Desde su revés en las elecciones del 2018, el liderazgo de Rafael Correa se vio desafiado por Lenin Moreno, quien se rebeló contra la línea de su preceptor. No ha podido reponerse. Las derrotas de Andrés Aráuz y Luisa González frente a Guillermo Lasso y Daniel Noboa, respectivamente, muestran los límites de ese liderazgo.
Hoy tiene como su gran contradictor a la justicia. La tesis de que es un perseguido político cuenta con el respaldo de gobiernos que han tratado de llenar el vacío dejado por el socialismo luego de la caída del Muro de Berlín. El llamado socialismo del siglo XXI se quedó sin el paraguas de La Internacional, liderada primero por Lenin y luego por Stalin. La URSS se vino abajo, y hoy es un país dirigido por Putin que dista mucho de ser socialista.
China ya no es lo que fue con Mao Zedong. Deng Xiaoping le enrumbó hacia un capitalismo sui géneris, basado en el principio de “buscar la verdad de los hechos”, bajo el mando supremo del partido comunista. Los grandes referentes del campo socialista ya no existen. Cuba, Venezuela, Nicaragua no son ejemplos de procesos revolucionarios victoriosos.
El horizonte del cambio perdió sustento. Jaime Durán Barba en Perfil da pistas para entender esta metamorfosis. Los revolucionarios “expropiaban recursos de los opresores para financiar un proyecto romántico”. En ausencia de dicho proyecto, esas expropiaciones aparecen como “simples delitos comunes”.
Entonces, invocar la condición de perseguidos políticos cuando quedó atrás el proyecto romántico, carece de sustento. Este vuelco a la corrupción es lo que ha deteriorado la fisonomía de un movimiento político que ha perdido su rumbo.
El vacío producido por esta metamorfosis ha dejado el camino libre para que emerjan posturas libertarias como las de Javier Milei, quien ha sabido capitalizar el descontento que generó el kirchnerismo. Algo parecido a lo que aconteció en el Brasil con Bolsonaro, después de Lula, quien también fue sindicado de apropiación de recursos del estado en el caso Lava Jato. La victoria de candidatos de derecha en el Ecuador puede deberse a este traspiés de un fallido proyecto de izquierda. Y nada raro sería que aparezcan liderazgos libertarios como los que anuncia José Alvear en La Hora. La política es dinámica.
De ahí que otra afirmación de Jaime Durán de que los políticos deben tomar en cuenta que el mundo que existió en el siglo pasado murió, es fundamental para repensar la política y las alternativas electorales del 2025. También hay que pensar en los cambios sufridos por la democracia. Los ciudadanos están más informados, son más críticos y menos obedientes. La aceleración del tiempo reconfigura la relación entre gobernantes y ciudadanos. Estos exigen de los gobernantes resultados en corto tiempo, su inconformidad no les da una tregua a quienes, por otro lado, carecen de preparación y de experticia.
Se hace, pues, indispensable pensar en la construcción de una nueva alternativa que recupere la confianza del pueblo en la democracia. Contra el prejuicio de ver a la democracia como baluarte de la burguesía, conforme la opinión de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, y acervo crítico del neoliberalismo, está llena de sabiduría: “El diseño de una buena organización social es el producto de varias décadas de razonamiento y deliberación, observaciones empíricas de lo que ha funcionado y lo que no. Ello ha conducido a conclusiones sobre la importancia de la democracia, donde imperan el derecho, al debido proceso legal, los sistemas de pesos y contrapesos y una miríada de instituciones implicadas en descubrir, evaluar y decir la verdad”.
En el 2025 debe haber un acuerdo nacional para desterrar los embates contra el estado de derecho de aquel movimiento político que se ha colocado fuera de la ley y que busca trastrocarlo para poner a la democracia de rodillas.
