miércoles, julio 15, 2026
Ideas
Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Más allá de los goles

Desde ya estamos pensando en qué se debe hacer para que en el próximo mundial la TRI alcance niveles de mayor excelencia, pero no nos importa que nuestros futuros gobernantes carezcan de formación, de experiencia, de capacidades mínimas para desempeñarse con probidad y eficacia en sus funciones públicas.

El Mundial colocó los problemas mundanos en segundo plano. ¿Qué podía ser más importante que la gesta de unos jugadores provenientes del subsuelo social? El equipo ecuatoriano se midió con colectivos poderosos, revelando talento, garra y esfuerzo. Los aciertos y los errores son propios de contiendas complejas. La trayectoria de la TRI marca avances producto de procesos que han rendido frutos. En este Mundial tuvimos más esperanzas que en los anteriores. por el nivel técnico alcanzado por el equipo ecuatoriano. El Ecuador se sintió representado. El Himno Nacional, la tricolor, Nuestro Juramento mostraron ante el mundo una comunidad altiva.

El ejemplo de estos jugadores emblemáticos contrasta con las prácticas de una política que carece de rumbo. No hay organizaciones que sustenten la acción. Lo que existen son grupos de interés particular. Los partidos propiamente dichos nacieron en el Ecuador al regreso a la democracia, pero con el advenimiento del populismo se vino abajo el régimen de partidos. De ahí que las elecciones que se avecina suscitan sospechas antes que sueños o esperanzas. El escenario de esta contienda enfrenta a un gobierno en declive según las últimas encuestas y una oposición en la que no faltan figuras que se presume están incursos en delitos contra los recursos públicos. Concurriremos a las urnas no por convicción. De antemano sabemos que las próximas elecciones seccionales serán iguales o peores que las anteriores.

Somos muy críticos cuando perdemos un partido como con México, las criticas a la selección y al exdirector técnico abundan, pero a los políticos que fungen de ser nuestros representantes, les perdonamos su falta de preparación y su oportunismo. Desde ya estamos pensando en qué se debe hacer para que en el próximo mundial la TRI alcance niveles de mayor excelencia, pero no nos importa que nuestros futuros gobernantes carezcan de formación, de experiencia, de capacidades mínimas para desempeñarse con probidad y eficacia en sus funciones públicas. Y tener buenos gobiernos también coadyuva a los éxitos deportivos. Con mayor desarrollo como país podemos crear condiciones para que el deporte se abra paso y la participación en el próximo mundial supere la de ahora.

Pero no damos importancia a la inexistencia de partidos políticos. Los candidatos surgen no de una selección previa, nadie da cuenta de sus antecedentes, tampoco se hace cargo de sus patrimonios ni le interesa saber cómo lo obtuvieron. La función de un partido es hacerse responsable de la conducta y crecimiento de sus afiliados. Lo cual implica conocerlos en su trayectoria. Identificar sus fortalezas y debilidades. De esa manera se puede garantizar la idoneidad de sus credenciales.  No se puede candidatizar a personas que tengan cuentas pendientes con la justicia. ¿Pueden partidos a los que no pertenecen los candidatos certificar la honorabilidad de los mismos? ¿De qué sirve exigir que los candidatos salgan de partidos de los que no son miembros? ¿Para que se excluyó a partidos que sí tenían identidad ideológica y se dejó que existan otros que no pasan de ser membretes para que patrocinen candidaturas ajenas? ¿No estamos en presencia de una farsa?

Alcaldes que podrían reelegirse han sido detenidos por haber cometido infracciones en el ejercicio de sus funciones. Su aprensión se la critica por ser contrarios al gobierno. Se insinúa que el gobierno se ha valido de la justicia para impedirles terciar en las elecciones seccionales.  De ser ese el caso no cabe eximirles de culpabilidad y dejar de investigar y sancionar las faltas si las hubiere. Para evitar que un gobierno apele a la justicia para su propio provecho político electoral, el CNE, la Contraloría, las autoridades judiciales, y demás organismos de control, comenzando por los propios partidos a los que tales infractores pertenecen, deberían verificar los presuntos hechos de los que se les acusa y no necesariamente en vísperas de las elecciones. Si ni siquiera están libres de sospecha por la comisión de delitos en el ejercicio de sus funciones, esos alcaldes que quieren reelegirse tampoco poseen credenciales ideológicas e intelectuales para volver a postularse.

Los seudo partidos que van a intervenir en las próximas elecciones priorizan el objetivo de supervivir de acuerdo a las normas vigentes y no convertirse en escuelas de. cuadros y militantes. Los candidatos que se escogen carecen de formación en sus propias filas. Lo que prima es su reconocimiento público, su presencia en las redes sociales. En lugar de planes o programas de gobierno, se valora su capacidad para captar votos. Votamos por caras conocidas no por mentes claras, conectadas con el bien público. Se arman redes que articulan intereses fragmentarios y circunstanciales. Proliferan los nombres y se fragmenta la representación. Ganar una alcaldía con apenas el 20 por ciento de los votantes aparece como una gran conquista. No importa la legitimidad ni la gobernabilidad y tampoco el éxito de la gestión.

Cualquier obra colectiva debe depender menos de estos artilugios y más de capacidades y de acciones trascedentes.  Ello sobre todo si la acción presente se proyecta hacia adelante. La organización tiende a convertirse en un elemento esencial de la acción del partido si es que efectivamente le tomamos en serio a la política. En el Ecuador esto no rige. Prevalece la improvisación, el inmediatismo, la avidez por el poder. o por un reparto del mismo. No hay partidos sino vehículos electorales. El empirismo no deja espacio a la acción planificada. Ello propicia el enraizamiento de la corrupción. El comportamiento ético, se cree, es de los tontos.

El desarrollo de los partidos parece ligado a la democracia, es decir a la extensión del sufragio y a la representación ciudadana a nivel parlamentario. Las elecciones sin partidos no les dan a los ciudadanos derechos de una real participación. Sin ella la democracia es un mito. El país ha retrocedido en este campo. Partidos como Izquierda Democrática y Democracia Popular le dieron a la política un horizonte programático. Otros se dejaron dominar por el caudillismo personalista. El caos populista con Abdalá Bucaram y Rafael Correa le dejaron indefensa a la democracia, debilitando su institucionalidad y fomentando un vacío ideológico que fue copado por el personalismo.

 

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