¿Cuál es el animal más aterrador? El homo sapiens fascista.
Jude Law
Domingo 9 de febrero, Colegio La Dolorosa, 4 p.m. Ingreso a un aula que ha sido adaptada como junta receptora del voto. Hay cuatro chicos no mayores de 21 años a cargo de la junta. Dos personas sufragan en diferentes pupitres, luego doblan las papeletas y las colocan en las diferentes urnas de cartón que tienen sendos letreros de presidente y asamblea. Además, junto a la mesa de los miembros de la junta hay un tipo de 40 años, con mocasines Zara y gomilla en el pelo que gesticula eufórico con los integrantes de la junta. Les dice que ya está definida la elección, “tenemos más de 52%, una bestia total…”
Clavo mi mirada en el sujeto del que no tengo idea qué rol juega en la junta electoral, el tipo sólo atina a ver la pantalla de su smartphone. Estoy a punto de decirles algo a los chicos de la junta, respiro un ambiente tenso. Entrego mi cédula, recibo las papeletas, me siento en el pupitre y un segundo antes de votar para presidente por Leonidas Iza, cambio a último momento mi voto. Me doy cuenta de que las elecciones han estado repletas de irregularidades y que el voto-castigo más contundente contra el gobierno del magnate bananero es Luisa González, la candidata de la Revolución Ciudadana. Me siento algo nervioso porque no puedo entender cómo Quito se ha convertido en un bastión de un tipo de oligarquía cuasifascista.
Regreso a casa algo preocupado, cuando miro los resultados de la encuesta a boca de urna, me invade una sensación de vacío y tristeza. Algo no calza dentro de mi lógica política, si enero ha sido el mes más violento de la historia de Ecuador con 25 asesinatos diarios, ¿cómo es posible que la gente siga apoyando a un gobierno como el de Daniel Noboa? ¿cómo es posible que lo hayan premiado para que gane en una sola vuelta? No tiene sentido alguno, el actual presidente es un tipo indolente que además no quiso afrontar un tema tan delicado como el del asesinato, por parte del ejército, de cuatro menores de edad, incluyendo un niño de once años. Terrible.
Mi hijo de doce años también se muestra inquieto, a él le afectó el tema de los niños del barrio Malvinas en Guayaquil, especialmente porque eran deportistas y las imágenes del video, que dio la vuelta a todo el mundo, fueron demasiado evidentes. El ejército los aprehendió para luego desaparecerlos. Ahora el gobierno niega que haya sido un crimen de Estado. La memoria de los chicos asesinados y de las decenas de desapariciones forzadas alimentan mi indignación.
Reviso un poco de resultados del CNE y encuentro alguna información sobre las votaciones en Manabí, ahí la tendencia es 3 a 1 a favor de Luisa González, además en Guayas tiene una considerable ventaja la candidata correísta. Le digo a mi pequeño que todavía no está dicha la última palabra, aunque afuera del edificio escucho las bocinas de autos con gritos destemplados gritando a favor de Daniel Noboa.
A las 7 de la noche los resultados del exit poll, difundidos con un margen de error del 2%, terminan convirtiéndose en un fiasco. Lo real es que se ha dado un empate técnico entre Noboa y Luisa. Además, surge la votación del líder indígena Leonidas Iza, quien supera el 5% de los votos a escala nacional. Papelón total de las corporaciones mediáticas, que ya habían proclamado a Noboa como presidente electo en una sola vuelta.
La fiesta se convierte en velorio para los miles de seguidores de Noboa que se alejan del lugar de celebración en la avenida República del Salvador. Ahora cargan los muñecos de cartón, símbolo del presidente de cartón que hoy nos gobierna. Las orquestas recogen sus instrumentos, los ministros suben a sus autos blindados y los camiones del ejército abandonan el lugar.
Daniel Noboa nunca llegó al mitin, es típico en él no asumir responsabilidades ni derrotas, porque obviamente ha sido derrotado. Teniendo a su favor: Corte Constitucional, Fiscalía, TCE, CNE, corporaciones mediáticas… Y desplegando la campaña más millonaria de la historia política de Ecuador simplemente no pudo derrotar a la izquierda y a la centroizquierda.
La bronca de Noboa es innegable, sus ministros empiezan a criminalizar la votación de Luisa, dicen que la victoria de la candidata de la Revolución Ciudadana, en las provincias de la Costa, es un efecto de la influencia del narcotráfico en el litoral ecuatoriano. Enseguida se propala este discurso a través de sus epígonos mediáticos que concluyen, sin ambages, que los votantes del correísmo están vinculados al narcotráfico. Existe confusión en la gente de Noboa, sus emisarios terminaron dándole un espaldarazo a la candidata de Revolución Ciudadana porque estigmatizaron a cuatro millones y medio de simpatizantes de un partido político que con altos y bajos tiene más del 44% de apoyo ciudadano.
Al siguiente día de las elecciones Fernando Carrión, uno de los expertos en seguridad más sólidos de Latinoamérica, realiza una lectura objetiva: los últimos cinco meses de Daniel Noboa en el tema seguridad han sido un desastre y enero es el mes más violento de la historia. Claro, era imposible que las provincias más abandonadas por el Estado terminen apoyando a un presidente inepto. Y obviamente, lo que dice Carrión va más allá de un tema de especulaciones ideológicas, son los hechos los que definen a los políticos y Noboa después de 450 días en el poder ha demostrado su total inutilidad e indolencia como presidente.
La estrategia de la derecha ecuatoriana ha sido demonizar a Correa, han propuesto una campaña visceral, sin objetividad alguna. Cuando converso con amigos anticorreístas les pregunto qué logro ha tenido este gobierno, lo único que se les ocurre es: apresó a Glas en la Embajada de México. El nivel de odio del anticorreísmo es perturbador, están cegados porque ya no reflexionan, todo es emocional, sincopado, autodestructivo.
En abril definiremos entre un modelo keynesiano populista y una dictadura oligárquica. No existen muchos bemoles. Ecuador no puede caer en el juego de la derecha de posicionar un enemigo interno que está claro que no existe porque lo que más le preocupa a la mayoría del pueblo ecuatoriano es su sobrevivencia y no el odio a un tipo que no gobierna desde hacía ocho años. Luisa González sobrevivió a toda la maquinaria política de la extrema derecha para destruirla, creo que es razón suficiente para darle mi voto. Sé que no es de izquierda, pero este momento, es lo más cercano al antifascismo.
