Detrás de cada gran fortuna hay un crimen. (Balzac)
Un joven blanco, de cejas pobladas, mirada angelical y cazadora gris, se baja su mascarilla azul para sonreírle a la recepcionista de un hostal. El joven encapuchado, flirtea con la chica rompiendo el guion de un crimen perfecto. Su instinto seductor lo traiciona y su rostro es captado por una cámara de seguridad de la hostería donde se encontraba alojado en New York después de asesinar a Brian Thompson, CEO de United Health Group. El crimen más comentado de los últimos días por la complejidad y riqueza simbólica del mismo ha creado un nuevo héroe popular: Luigi Mangione, un brillante ingeniero informático de 26 años, graduado en la Universidad de Pensilvania que cargaba en su mochila un manuscrito entre político y filosófico de 260 palabras.
El atípico asesino es un joven atractivo, sin antecedentes penales, proveniente de una familia italiana acaudalada, además es primo de un congresista republicano. El momento de su detención se encontraron en su mochila una pistola Glock fabricada por una impresora 3D, billetes de Monopolio y un contundente alegato donde argumentaba las razones de su crimen. “No es un problema de conciencia sino de juegos de poder…Muchos han sacado a la luz la corrupción y la codicia del sistema”, escribió. “Evidentemente soy el primero en enfrentarlo con una honestidad tan brutal. Pido disculpas por cualquier conflicto o trauma, pero había que hacerlo. Francamente, estos parásitos se lo merecían.” (L.M)
4 de diciembre, 7 de la mañana, aire gélido, a la entrada del Hotel Hilton de Manhattan Luigi Mangione dispara a quemarropa a Brian Thompson, después monta una bicicleta eléctrica y huye. ¿Fue una acción política con ribetes mesiánicos o simplemente se trata de otro asesinato ideado por una mente trastornada? Definitivamente existen más elementos para pensarlo como un acto político extremo ejecutado por un joven audaz, conocedor de política y al que le encanta el surf.
La víctima de 50 años era consejero delegado de United Health Group, la cuarta empresa con más ganancias de Estados Unidos, encargada de brindar atención médica a cincuenta millones de clientes. La reacción del público a favor del asesino italoamericano ha sido catártica, evidenciando una rabia acumulada en contra de las compañías aseguradoras en Estados Unidos porque han abusado de muchos de sus clientes al dejarlos desprotegidos sistemáticamente. United Health rechaza una de cada tres peticiones realizadas por sus pacientes, paradójicamente el año pasado tuvo ingresos superiores a 350 billones de dólares.
Las palabras más utilizadas por estas compañías han sido: retrasar, negar y deponer (delay, deny, depose), Justamente estas tres palabras mántricas estaban grabadas en las balas utilizadas por Mangione. La carga simbólica del crimen es poderosa, y para la mayoría del público, el ingeniero informático pasó de asesino a redentor, se transformó en un Robin Hood de la salud. En redes sociales, aparecieron casos dramáticos de niños con cáncer a los que se les había negado medicación porque para las aseguradoras resultaba ser demasiado costosa. Además, a millones de personas se les cobraba por servicios que supuestamente estaban dentro de la cobertura de su seguro médico. “Un recordatorio: Estados Unidos tiene el sistema de salud más caro del mundo, pero ocupamos el puesto 42 en esperanza de vida” ha escrito el valedictorian de Pensilvania en su manifiesto, un argumento demasiado real.
Brian Thompson, al ser un CEO de una corporación tan odiada, ha sido una víctima olvidada porque trabajaba para un emporio totalmente desprestigiado por su falta de transparencia. Cuando las aseguradoras ven a personas vulnerables, que luchan entre la vida y la muerte, como simples mercancías desechables, dejan de ser empresas de salud y se convierten en empresas de muerte. Mangione, desde su mente contradictoria y brillante, sabía ésto y tenía claro que si asesinaba a Thompson estaba creando un momento paradigmático de subversión política, se hacía cargo del rol de justiciero de una masa olvidada por el sistema.
Luigi Mangione, es un hijo de la distopía. Vivimos en tiempos donde el poder lo detentan corporaciones petroleras, financieras, farmaceúticas, mineras, mediáticas, de telefonía móvil y de salud. El sistema económico no ha regulado el crecimiento de las mismas, las reglas sobre lo que pueden y no pueden hacer son ambiguas permitiendo una fácil transgresión de las leyes por parte de estos emporios. En este contexto, Mangione aparece como un catalizador de toda la furia de millones de consumidores, él se atreve a llevar su indignación al extremo, lo hace desde una posición relativamente ventajosa porque él sabía que terminaría siendo admirado y reconocido por su crimen. Crimen distópico creado por el mismo sistema que siembra injusticia y absurdo.
Luigi Mangioni, después de este crimen, donde probablemente sea sentenciado por asesinato en primer grado, se unirá a la lista de héroes populares enfrentados al orden establecido y que además poseen la capacidad de seducir a las masas: Bonnie and Clyde, Jesse James, Che Guevara, Julian Assange, Edward Snowden. Algunos me dirán qué tiene que ver el Che con Mangione, pues es la carga simbólica salvífica. En tiempos distópicos, de inercia colectiva, son estos personajes los que rompen con la aparente impenetrabilidad de los poderes omnímodos en el mundo.
