Aunque provoquen indignación y urticaria, los chanchullos políticos tienen alguna compensación, sobre todo cuando se destapan. A veces por la evolución de los acontecimientos, otras veces porque los compadres se pelean, o también porque a alguno de los involucrados se le suelta la lengua, los ciudadanos terminamos enterándonos de los amarres impresentables a los que llegan ciertos dirigentes políticos, no solo de espaldas al país, sino a escondidas de sus propios partidos y conmilitones.
Esto último es lo que acaba de suceder con las declaraciones del expresidente Rafael Correa (dada su proverbial incontinencia verbal, no podía ser de otra manera) a propósito del pacto que quisieron cocinar en 2021 entre lassistas, socialcristianos y correístas, para repartirse el poder. El propósito apuntaba, según las declaraciones textuales del propio Correa, a un “programa por la patria” a través del control de la Asamblea Nacional, para supuestamente dotarle al país de la estabilidad y las leyes necesarias para garantizar la felicidad general.
Considerando la catadura de los personajes de marras, el objetivo lucía, por decir lo menos, inverosímil. Una más de las frases rebuscadas con las que nuestra clase política suele edulcorar el cinismo de los acuerdos y conversaciones de trastienda.
Para entender la verdadera naturaleza de la jugada toca retroceder un par de meses de la fecha en que se supone se produjeron los acercamientos entre Lasso, Nebot y Correa. Exactamente al momento en que se propició el fraude electoral que excluyó a Yaku Pérez de la segunda vuelta presidencial. Porque los tejes y manejes alrededor de los escrutinios fueron por demás desvergonzados.
En efecto, la decisión que tomaron los grupos de poder que operaban –y aún operan– detrás de los tres personajes de marras fue la exclusión a cualquier costo del candidato de Pachakutik. Todo menos un indio al poder, fue la consigna implícita en esa decisión; nada que no fuera parte de las estructuras convencionales. Yaku Pérez no haría ninguna revolución, es cierto, pero tampoco era parte de las viejas argollas que deciden el futuro del Ecuador.
La movida no requirió de mayores análisis. El escenario era bastante obvio: todos sabían que si Yaku pasaba a la segunda vuelta le daría una paliza electoral a Andrés Arauz. Los correístas, por su lado, suponían que vencer a Lasso era cuestión de soplar y hacer botellas. Al final, el tiro las salió por la culata… a los tres. Lasso naufragó a medio período de su mandato; los socialcristianos ingresaron en una espiral irreversible de desgaste político; y el correísmo abrió la puerta a las sucesivas derrotas electorales de las que hasta ahora no logra reponerse.
Ahora habrá que esperar a las justificaciones grandilocuentes de los protagonistas de un pacto que es, en síntesis, la imagen más depurada de la politiquería criolla.
Agosto 4, 2026
