Durante las próximas semanas, Colombia y Perú iniciarán una nueva etapa política caracterizada por una postura mucho más firme frente al crimen organizado transnacional. Ambos gobiernos han anunciado el fortalecimiento de las operaciones militares, policiales y de inteligencia contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas y otras economías ilícitas. Al mismo tiempo, Ecuador ha expresado su voluntad de coordinar acciones conjuntas con sus dos vecinos.
Desde una perspectiva política, esta convergencia representa una oportunidad histórica para recuperar espacios dominados por las organizaciones criminales. Sin embargo, desde la óptica estratégica existe una pregunta que todavía no ha sido suficientemente analizada: ¿Qué ocurrirá con las estructuras criminales cuando Colombia y Perú incrementen simultáneamente la presión sobre sus territorios?
La respuesta se resume en un concepto ampliamente conocido en inteligencia y criminología: el efecto globo.
El efecto globo: una constante en la lucha contra el crimen organizado
El efecto globo describe un fenómeno recurrente en la lucha contra las economías ilícitas. Cuando un Estado incrementa la presión sobre una organización criminal en un territorio determinado, esta rara vez desaparece; generalmente se desplaza hacia zonas donde encuentra menores niveles de control estatal. La experiencia regional muestra que el narcotráfico, la minería ilegal y las redes transnacionales poseen una elevada capacidad de adaptación y reorganización.
No se trata únicamente de mover rutas. Las organizaciones criminales trasladan mandos, operadores financieros, centros logísticos, arsenales, laboratorios, mecanismos de lavado de activos y sistemas de corrupción institucional.
En otras palabras, la presión no elimina el problema; modifica su geografía.
Colombia y Perú: una presión simultánea sin precedentes
Los nuevos gobiernos de Colombia y Perú han manifestado su intención de endurecer la respuesta frente a las organizaciones criminales y fortalecer la cooperación regional en materia de seguridad. Asimismo, Ecuador y Colombia han anunciado operaciones conjuntas en la frontera desde el inicio del nuevo gobierno colombiano, mientras que Colombia y Perú también han expresado su voluntad de reconstruir la cooperación bilateral y coordinar acciones contra el crimen transnacional.
Si esta estrategia se ejecuta de manera sostenida, es razonable anticipar una mayor presión sobre las estructuras criminales asentadas en Nariño, Putumayo, Amazonas, Tumbes, Piura y otras zonas fronterizas. Pero precisamente allí surge el mayor desafío para Ecuador.
Ecuador: el espacio de maniobra de las organizaciones criminales
La ubicación geográfica del Ecuador, su infraestructura portuaria, la dolarización, sus corredores logísticos y la presencia de organizaciones criminales ya consolidadas convierten al país en un destino atractivo para las estructuras que busquen reubicarse.
No se trata únicamente del posible ingreso de delincuentes o de un incremento cuantitativo de la actividad criminal. El verdadero riesgo radica en el desplazamiento hacia territorio ecuatoriano de capacidades completas desarrolladas por las organizaciones criminales durante años de operación en Colombia y Perú.
La experiencia demuestra que cuando estas estructuras se ven sometidas a una fuerte presión estatal trasladan parte de su arquitectura operativa, incorporando mandos especializados con experiencia en conducción de organizaciones armadas, expertos en explosivos y sabotaje, operadores dedicados a la obtención de inteligencia criminal y contrainteligencia, así como redes financieras encargadas del lavado de activos y del sostenimiento económico de las organizaciones.
Este desplazamiento suele ir acompañado por la reubicación de laboratorios clandestinos, arsenales, centros logísticos, corredores de abastecimiento y mecanismos de corrupción que facilitan su inserción en nuevos territorios. Paralelamente, buscan establecer alianzas con grupos delictivos locales para aprovechar su conocimiento del entorno, ampliar su capacidad operativa y acelerar el control de rutas, puertos y economías ilícitas.
En consecuencia, Ecuador no enfrentaría únicamente la llegada de nuevos actores criminales, sino la posible consolidación de organizaciones más experimentadas, con mayores recursos, mejores niveles de coordinación y una elevada capacidad para adaptarse e infiltrarse en las instituciones del Estado.
El riesgo más importante es que Ecuador deje de ser únicamente un país de tránsito y consolide su papel como centro regional de coordinación logística del crimen organizado.
¿Está Ecuador preparado?
La respuesta exige diferenciar entre la capacidad táctica y la preparación estratégica. En el plano táctico, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional han incrementado sus operaciones, fortalecido la cooperación internacional y obtenido resultados relevantes contra diversas organizaciones criminales. Estos avances evidencian una mayor capacidad de respuesta frente a amenazas inmediatas y una voluntad política orientada a recuperar el control del territorio.
Sin embargo, el posible efecto globo plantea desafíos que trascienden la acción policial. La principal preocupación radica en que aún persisten vulnerabilidades estructurales que pueden ser aprovechadas por organizaciones criminales altamente adaptables. Las extensas fronteras continúan presentando sectores con vigilancia limitada, numerosos pasos ilegales carecen de una cobertura tecnológica permanente y la integración entre los sistemas de inteligencia militar, policial, financiera y penitenciaria todavía presenta importantes brechas. A ello se suma una capacidad insuficiente para anticipar movimientos transnacionales, un sistema judicial y penitenciario sometido a constantes presiones del crimen organizado y la persistencia de espacios de corrupción que facilitan la infiltración de estas estructuras en diferentes niveles del Estado.
Mientras estas vulnerabilidades permanezcan sin una respuesta integral, cualquier incremento de la presión ejercida por Colombia o Perú sobre las organizaciones criminales podría traducirse en un aumento de su actividad dentro del territorio ecuatoriano.
El verdadero objetivo de las organizaciones criminales
Existe un error frecuente al analizar el crimen organizado. Con frecuencia se asume que las organizaciones criminales buscan controlar las fronteras; sin embargo, ese es apenas un medio para alcanzar un objetivo mucho más amplio. Su verdadero interés consiste en dominar los corredores logísticos que garantizan la movilidad de personas, mercancías, dinero y drogas desde las zonas de producción hasta los mercados internacionales.
En esa lógica, los puertos marítimos, los aeropuertos, las carreteras estratégicas y los pasos clandestinos adquieren un valor similar al de los centros financieros donde se lava el dinero ilícito, las zonas de minería ilegal que generan recursos económicos, la infraestructura energética indispensable para determinadas actividades criminales y los sistemas de transporte que facilitan el movimiento de mercancías. A ello se añade el interés por infiltrar instituciones públicas cuyos funcionarios puedan ser corrompidos para garantizar impunidad y protección.
Quien logra controlar estos nodos estratégicos no solo administra una ruta de tráfico, sino que termina ejerciendo influencia sobre toda la economía criminal que depende de ellos. Ecuador reúne una concentración excepcional de varios de estos corredores y nodos de alto valor estratégico, circunstancia que incrementa su atractivo para las organizaciones transnacionales.
El escenario más probable
Si Colombia y Perú incrementan simultáneamente la presión sobre sus territorios, resulta razonable prever que las organizaciones criminales buscarán nuevos espacios desde los cuales preservar su capacidad operativa. Ecuador podría convertirse en uno de esos escenarios debido a su ubicación geográfica, su infraestructura logística y la presencia de organizaciones nacionales con las que ya existen vínculos de cooperación criminal.
En ese contexto, podría observarse una mayor movilidad de estructuras criminales hacia territorio ecuatoriano, acompañada de un incremento de la violencia en determinadas zonas fronterizas y del fortalecimiento de alianzas entre organizaciones extranjeras y grupos delictivos locales. Al mismo tiempo, es probable que aumente la disputa por el control de puertos, corredores logísticos y economías ilegales vinculadas al tráfico de drogas, armas, minería ilegal, contrabando y lavado de activos. Esta dinámica también ejercerá una presión creciente sobre el sistema penitenciario y favorecerá nuevos intentos de infiltración política e institucional como mecanismo para garantizar protección y continuidad de las actividades ilícitas.
Paradójicamente, el éxito operacional de Colombia y Perú podría traducirse en un deterioro inicial del escenario de seguridad ecuatoriano si el país no adopta medidas preventivas que anticipen este proceso de desplazamiento criminal.
¿Qué debería hacer Ecuador?
La respuesta no consiste únicamente en desplegar un mayor número de militares en las fronteras.
El país necesita construir una estrategia multidominio, que articule las capacidades del sistema nacional de inteligencia, las instituciones de seguridad, el sistema de justicia, los organismos económicos y financieros, así como los mecanismos de cooperación internacional. Solo una respuesta integrada permitirá enfrentar organizaciones cuya capacidad de adaptación supera con frecuencia la velocidad de reacción del Estado.
En ese marco, resulta prioritario institucionalizar un Centro Trinacional Permanente de Inteligencia junto con Colombia y Perú, capaz de producir información estratégica y coordinar operaciones conjuntas. Paralelamente, Ecuador debe desarrollar un sistema regional de alerta temprana, que permita identificar el desplazamiento de estructuras criminales antes de que estas consoliden nuevas bases de operación. El fortalecimiento de la vigilancia tecnológica mediante sensores, drones, inteligencia artificial y sistemas satelitales deberá complementarse con una integración efectiva de la inteligencia militar, policial, financiera, aduanera y penitenciaria.
Al mismo tiempo, será indispensable reforzar la seguridad de puertos y aeropuertos mediante modelos modernos de gestión de riesgos, ejecutar operaciones simultáneas con los países vecinos para impedir el repliegue de las organizaciones criminales y concentrar una parte significativa del esfuerzo estatal en desarticular sus finanzas ilícitas y las redes de corrupción que facilitan su expansión e infiltración institucional.
Hacia el anticipo de las acciones criminales
El cambio político en Colombia y Perú constituye una oportunidad para fortalecer la seguridad regional. Sin embargo, toda ofensiva exitosa contra el crimen organizado genera efectos secundarios que deben ser anticipados.
El mayor riesgo para Ecuador no es que Colombia y Perú fracasen en su lucha contra las organizaciones criminales. El mayor riesgo es que tengan éxito mientras Ecuador continúa reaccionando en lugar de anticiparse.
La historia demuestra que las organizaciones criminales sobreviven porque se adaptan con mayor rapidez que los Estados. Cambian de nombre, de líderes, de rutas y de territorio, pero conservan intacta su capacidad de generar violencia, corromper instituciones y explotar las debilidades estatales.
Si Ecuador no fortalece desde ahora su sistema nacional de inteligencia, el control de fronteras, la seguridad portuaria, el sistema de justicia y la coordinación regional, el denominado efecto globo podría transformar al país en el principal receptor del desplazamiento criminal andino.
En consecuencia, la pregunta ya no es si el efecto globo ocurrirá, sino si Ecuador estará preparado para absorberlo sin que ello profundice la actual crisis de seguridad.
Bibliografía básica (APA 7)
- International Crisis Group. (2025). Curbing Violence in Latin America’s Drug Trafficking Hotspots.
- Quincy Institute for Responsible Statecraft. (2026). Demilitarizing Counternarcotics: 25 Years of Evidence from Colombia.
- El País. (2026). De la Espriella y Fujimori prometen reconstruir las relaciones diplomáticas entre Colombia y Perú.
- El Diario. (2026). Ecuador y Colombia ejecutarán operaciones conjuntas contra el narcotráfico desde el 7 de agosto.
- Infobae. (2026). Informe alerta por el avance del crimen organizado en la triple frontera entre Colombia, Ecuador y Perú.
