martes, abril 21, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

De la política y sus corrupciones

Si pueden manejar tan bien estas finanzas desde la ética de la corrupción cuando se trata de obras materiales, ¿cómo no hacerlo si se trata de dar el voto para censurar y destituir al presidente de la República? La corrupción logra que se tornen sencillas las más complejas de las acciones políticas.

La política construye el conjunto de discursos y actos con los que se administra una ciudad pensando en su desarrollo y en el bienestar común. El objetivo primordial de todo quehacer político no es otro que el bienestar de los ciudadanos y, por ende, el mejoramiento constante de sus condiciones de vida.

Para su ejercicio, las instituciones actúan de conformidad al poder que la ciudadanía otorga a quienes se proponen dirigir y administrar los bienes públicos en beneficio de la comunidad.  Por ende, un genuino ejercicio político se halla lejos, muy lejos, de cualquier intento de utilizar los bienes públicos, del orden que fuesen, en beneficio personal.

Si la política constituye un conjunto de acciones que los elegidos realizan en beneficio de la ciudad, dejan de ser o nunca lo fueron, aquellos ciudadanos que, habiendo logrado el poder, lo utilizan para su propio beneficio. A nadie se lo eligió para que aproveche del poder para enriquecerse ilegítima e inmoralmente. Por ende, estos falsos políticos deberían ser inmediatamente cesados con la obligación de devolver lo usurpado.

Las dimensiones y sentidos de la política han evolucionado notablemente, pero no han perdido ese objetivo primordial de servicio a la comunidad que, por el contrario, se ha fortalecido. Objetivo que es el servicio a la comunidad. Por ende, en la medida en la que este objetivo se ha debilitado o ha desaparecido, en esa misma medida se ha fortalecido la corrupción social y personal.

Es corrupto aquel que envilece los objetivos del poder social y su administración.  Primero aquellos que son elegidos sin saber ni leer ni escribir sobre política. ¿Cómo puede ejercer la política, en cualquiera de sus dimensiones aquel que nada sabe de política, ni de historia del país, ni de nada? 

Elegir a un analfabeto político no es democracia sino corrupción porque estará ahí tan solo para beneficiar a quienes lo promovieron.

Son muchos los analfabetos políticos que, ahora y en nuestro espacio, rigen y manejan los destinos del país. Para probarlo, bastaría con ir a la Asamblea Nacional a escuchar sus discursos y, sobre todo sus silencios. Calientan bien sus asientos. Y cuando se trata de decidir, miran a su jefe: y solucionado el asunto. 

Es igualmente corrupto aquel que se beneficia de los bienes públicos. Como el alcalde que hace una vía de primer orden para beneficiar a un barrio en el que es dueño de lotes habitacionales o comerciales. O el asambleísta que coba diezmos a sus ayudantes o el que saca una tajada preestablecida de las asignaciones que ha conseguido para un pueblo cualquiera.

Negocios son negocios.

En sí misma. la política no es la dañada o la corrupta. Lo son algunos políticos que se encargan de envilecerla pues la convierten en una perversa moneda de trueque para los actos políticos y económicos en los que su palabra y su voto son trascendentes.

En el fondo trata de actuar de conformidad a una ética perversa con la que actúan las conciencias corrompidas sin ello les traiga ni remordimiento ni culpa alguna.

Si pueden manejar tan bien estas finanzas desde la ética de la corrupción cuando se trata de obras materiales, ¿cómo no hacerlo si se trata de dar el voto para censurar y destituir al presidente de la República? La corrupción logra que se tornen sencillas las más complejas de las acciones políticas.

Se trata de una oportunidad calva de la que es preciso sacar todos los beneficios posibles, incluidos los monetarios que nunca faltan en circunstancias como estas.  

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