viernes, abril 24, 2026
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Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La militancia de Mujica 

Como presidente no hizo lo que otros hicieron con el poder. No se enriqueció, fue el presidente más pobre y tampoco quiso permanecer en el poder.

Según los relatos de Martín Caparrós y Michelle Bachelet en El País, de España, Mujica desplegó una vida política incansable y creativa.  A diferencia de la militancia tradicional que se afianza en la convicción de que la historia se mueve en una sola dirección, Mujica fue capaz de abrir caminos insospechados. Derrotó al determinismo.  

Fue guerrillero cuando en la izquierda de la época se creía que la única vía para la revolución era la lucha armada como lo había mostrado Cuba con la revolución de 1959. Esas acciones de combate que incluyeron expropiaciones a bancos y a una empresa textil dieron a los militares una justificación para el golpe de Estado. Este patrón se dio no solo en Uruguay sino en muchos países de América latina, Ecuador incluido. 

La dictadura permaneció 18 años, de los cuales Mujica estuvo preso 12. En este tiempo seguramente evaluó la experiencia que tuvo con los tupamaros y llegó a la conclusión de que la lucha armada no era el camino para hacer los cambios que se proponía. Quizá entendió que la acción armada sirvió a los militares para dar el golpe. 

Los ex tupamaros rectificaron el rumbo escogido y se incorporaron al Frente Amplio de partidos de centro izquierda y de izquierda. Cuando cayó la dictadura, participaron en las elecciones y llegaron al Congreso. Mujica fue diputado y se convirtió en figura nacional. Luego alcanzó la presidencia de Uruguay.  Es evidente que dio un giro en su militancia. Comprendió que llegar al socialismo no era cosa fácil. Que había que administrar el capitalismo, sin renunciar a sus convicciones. El capitalismo, según Mujica, no era la solución de los problemas de la sociedad, pero no era posible ignorarlo. 

Las medidas que adoptó como presidente no cambiaron la realidad. Este es otro campo de juego en el que Mujica y el Frente Amplio aun no han entrado: el de reconocer la importancia de la capacidad de gobierno para resolver los problemas agudos de la gente. Es decir, conjugar sus objetivos con una acción de gobierno eficaz.  

Mujica fue criticado por unos por su participación en la violencia que fue el antecedente del golpe militar, pero aclamado por otros por su arrojo y valentía y por su capacidad de auto corrección de su pasado.  

Como presidente no hizo lo que otros hicieron con el poder. No se enriqueció, fue el presidente más pobre y tampoco quiso permanecer en el poder. Dio muestras de que era posible practicar otro tipo de política y vivir como la mayoría que lo eligió, y no como la minoría. 

Valoró la democracia y sostuvo que, aunque con defectos, es lo mejor que tenemos y que hay que cuidarla. Todavía no visualizaba que la capacidad de gobierno es la herramienta fundamental para fortalecerla.   

La experiencia de Mujica y el Frente Amplio contrasta con lo que se dio en el Ecuador con un amago de lucha armada en el Toachi a comienzos de 1960, una de las justificaciones del golpe militar de 1963. Con el regreso a la democracia en 1979, luego de la dictadura militar de 1972-1978, la izquierda quiso crear algo parecido al Frente Amplio de Uruguay con el Frente Amplio de Izquierda (FADI) pero este no alcanzó los resultados esperados. Ello fue atribuido de un modo determinista a la ofensiva anti obrera en el lapso 1966-67, que distanció al FADI del movimiento obrero. Pero no apuntaron a la responsabilidad propia de los dirigentes del FADI, que retrocedieron y algunos terminaron plegando al correismo. 

La diferencia entre un líder como Mujica y Correa es abismal. Mujica cedía parte de su sueldo como presidente, vivió como pobre y no se aferró al poder. Correa está prófugo por delitos de mal uso de los fondos públicos y quiso y aun quiere volver al poder y permanecer en él como Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua. 

En un excelente artículo, el historiador Xavier Flores Aguirre, en diario Expreso, hace un balance de los últimos 20 años y llega a la conclusión de que lo que escribió en su columna en el 2005, cuando los forajidos echaron abajo a Lucio Gutiérrez, estuvo lejos de cumplirse. Entonces se pensaba que se iniciaba “la construcción de un país a partir de su ciudadanía comprometida con el cambio de las formas tradicionales de participación política, y concluye: “En los 20 años que han transcurrido desde entonces sí que se ha registrado un cambio en las formas de participación política del Ecuador, pero ha sido para peor”. Ello, por cierto, tampoco se explica por razones deterministas. Fueron los errores de los propios actores de Alianza País los causantes de esa frustración colectiva.   

Tras la contundente victoria de Daniel Noboa en la segunda vuelta, Correa tacha de desleales a los alcaldes y prefectos de la RC que no se tragaron el cuento del fraude electoral. Desde una posición altanera y arrogante les pide que abandonen su movimiento y les endilga una actitud infantil, torpe, tonta. Con estas palabras Correa confiesa su deslealtad con el régimen democrático y evidencia su ceguera. 

La expresidenta de Chile afirma en su artículo que Mujica supo que el poder era un instrumento, no un fin. “Por eso renunció a los privilegios, vivió en su chacra, condujo su escarabajo y donó la mayor parte de su salario. No lo hacía para llamar la atención: era simplemente fiel a su ética”. 

Mujica fue aclamado por el pueblo que en su mayor parte no cree en los políticos por su falta de ética. En él vieron otro estilo y le creyeron. A manera de despedida, Bachelet agradece a Pepe por enseñarnos que otra forma de hacer política es posible.    

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