Mal paga el diablo a sus devotas. La frase, aunque trillada al exceso, es la que mejor se adapta para definir el último escándalo en las filas del correísmo. La asambleísta Jhajaira Urresta fue durante varios años una fanática, sumisa e incondicional seguidora de Rafael Correa. No perdía la ocasión de aplaudir el etilo pendenciero con el que el caudillo prófugo denostaba a sus adversarios políticos.
Hoy pasó de heroína de la revolución ciudadana a villana. En el catálogo correísta de la condición política de sus militantes, seguramente se transformó de borrego en alacrán. Una metamorfosis en toda regla. Jhajaira Urresta acaba de engrosar la selecta lista de traidores, agentes del imperialismo yanqui y comodines de la derecha con la que el correísmo califica a quienes tienen la osadía de pensar por cuenta propia. O simplemente de pensar.
Pero el incidente tiene más ingredientes. La legisladora Urresta podría demandar penalmente a Luisa González por el delito de odio que ha cometido en contra de su honor. La injuria calumniosa es una figura tipificada en el Código Orgánico Integral Penal (COIP). Con un agravante: en este caso se refiere directamente a una discapacidad física de la agraviada. Habrá que ver si la legisladora tiene arrestos suficientes para luchar por su dignidad.
Pero ahí no queda la cosa. Ambas contendientes han hecho insinuaciones que no por ramplonas dejan de ser preocupantes. Supuestamente, las dos militantes correístas habrían alcanzado puestos de relevancia política gracias a la concesión de favores sexuales. Nada nuevo en el Ecuador, pero grave en la medida en que las acusaciones se ventilan públicamente al más alto nivel, e involucran a una excandidata a la presidencia de la república.
En un país conservador, autoritario y machista como el nuestro, la relación entre poder y sexualidad está, desafortunadamente, naturalizada. Dar una cosa a cambio de otra (quid pro quo) entre personas con jerarquías distintas suele incluir favores sexuales. Lo exige el profesor a la alumna, el jefe la secretaria o el líder político a la militante. Y pocas veces este chantaje sale a la luz pública. Rafael Correa ya le cantó la plena a Jhajaira Urresta: si te metes con Luisa de metes conmigo. A buen entendedor…
Y aún hay más. Que Luisa González haya sido capaz de proferir un insulto de ese calibre en contra de una mujer y ex compañera de partido refleja su condición humana, ética e incluso intelectual. Que ahora el ex presidente Corea pretenda justificarla bajo el peregrino argumento de que el acto responde al carácter de la directora de su partido no disminuye el impacto político. Es más, al margen de la indiscreción de micrófonos y celulares, a la legisladora Urresta los correístas debe estarle diciendo más linduras que tuerta de mierda.
Y así aspiran a regresar al poder. Al menos, ahora el país sabe a qué atenerse.
Julio 15, 2025
