viernes, abril 3, 2026
Ideas
Gabriela Eljuri Jaramillo

Gabriela Eljuri Jaramillo

Antropóloga, Doctoranda en Sociedad y Cultura por la Universidad de Barcelona. Magister en Estudios de la Cultura. Docente universitaria.

La defensa del agua, el gran pacto social de Cuenca y el Azuay

La protección del agua frente a la minería, que tiene una historia de varias décadas en la provincia, hoy se sostiene en dos pilares fundamentales: la salvaguardia del agua y la defensa de la democracia, que se sustenta en el Estado de derecho y en el respeto a la soberanía del pueblo expresada en las urnas.

Día a día se suman más personas, instituciones, colectivos y organizaciones sociales que reivindican la defensa de Quimsacocha (Kimsakucha en el kichwa unificado) y afirman su participación en la marcha del 16 de septiembre en Cuenca, una marcha que se anhela inunde de gente, metafóricamente, las calles del Centro Histórico, conformando lo que los cuencanos y cuencanas estamos denominando como el quinto río de la ciudad.

En Cuenca y en el Azuay, el agua atraviesa nuestra cotidianeidad, nuestra cultura y nuestras identidades. Somos una cultura del agua. El vínculo de los azuayos con los páramos, las lagunas, las montañas y los ríos, sumado a la conciencia sobre su importancia, llevó a la realización de dos consultas populares, la de Girón en 2019 y la de Cuenca en 2021, en las que dijimos mayoritariamente que no queremos minería, legal ni ilegal, en las zonas de recarga hídrica.

La protección del agua frente a la minería, que tiene una historia de varias décadas en la provincia, hoy se sostiene en dos pilares fundamentales: por un lado, la salvaguardia del agua y, con ello, el cuidado de los páramos, la salud y la soberanía alimentaria; y, por otro, la defensa de la democracia, que se sustenta, entre otros principios, en el Estado de derecho y en el respeto a la soberanía del pueblo expresada en las urnas. Es decir, cuidar Quimsacocha, en estos momentos, significa para los azuayos y azuayas la defensa del agua y de la democracia.

De parte del Gobierno, hemos observado la intensión sistemática de burlar la voluntad popular; en su ánimo abiertamente extractivista, otorgaron una licencia ambiental fraudulenta; realizaron una opaca y militarizada consulta libre, previa e informada en la Comunidad de Escaleras; ignoraron los estudios realizados por la empresa municipal ETAPA y por expertos internacionales, que ponen en evidencia el altísimo riesgo de la explotación minera en Quimsacocha; validaron informes anti técnicos y con datos falsos de la minera y, previo a una movilización anterior, pretendieron distraernos con una supuesta suspensión, que no fue más que pedirle a la empresa Dundee Precious Metals que socialice su plan de manejo y estudios de impacto ambiental.

A lo anterior, se suma que, en los últimos días, conforme se acerca la Gran marcha por el agua, el Gobierno, en contubernio con la minera, ha emprendido una campaña de desinformación que plantea una falsa dicotomía entre minería legal e ilegal, cuando los estudios demuestran que la minería ilegal es técnicamente inviable en Quimsacocha, sumado a que es responsabilidad del Estado controlar esa actividad ilícita.

Asimismo, se ha catalogado a la reacción de la población como un asunto político partidista, desconociendo el carácter ciudadano expansivo que está teniendo este proceso. En estas construcciones narrativas, destinadas a manipular y confundir, han hecho caso omiso de las Consultas Populares de Cuenca y Girón, y, cuando las han nombrado, ha sido con el alegato de que no son retrospectivas; otra falacia más, puesto que, a la fecha de estas consultas populares, no existía ningún proceso de autorización o inicio de la fase de explotación.

Entre verdades a medias, engaños y leguleyadas, han intentado desmovilizar a la población del Azuay; completando este panorama con las recientes declaraciones del presidente, en las que endosa a la Municipalidad y a la Prefectura, y por ende a los azuayos, la responsabilidad de futuras demandas de la minera al Estado. Estas acciones, lejos de intimidar a la ciudadanía, incrementan día a día la indignación y ponen en duda el deseo del presidente de una nueva Consulta Popular, cuando irrespeta los resultados de las ya realizadas.

Como contrapartida, desde el otro lado, la defensa del agua en el Azuay, bajo las consignas “Cuenca ya decidió” y “Quimsacocha no se toca”, es un motivo de celebración, pues en un tiempo signado por la codicia, la inmediatez y la ambición; acá, en el sur del país, estamos priorizando la salvaguarda del agua y de los páramos, encarnando ese bellísimo y profundo concepto político y filosófico que brilla en nuestra Constitución: los derechos de la naturaleza. La noción de la naturaleza como sujeto de derechos, supera el paradigma del antropocentrismo que la mira como recurso a ser explotado para usufructo humano, desde una visión utilitaria y reduccionista propia de la racionalidad moderna.

En una sociedad partida y fragmentada, el agua está siendo para el Azuay un elemento de recuperación de los tejidos sociales. Sin distinciones, la defensa del agua ha convocado a sectores sumamente diversos, incluso antagónicos. En Cuenca, el agua nos une en la diversidad. Aunque esta unidad no supera las históricas fracturas sociales de una sociedad altamente desigual, es una oportunidad para la cohesión social y para hallar, en medio de nuestra diversidad, encuentros en lo común. Sin lugar a dudas, el cuidado del agua es el gran pacto social de Cuenca y del Azuay.

El agua es también una ocasión para el encuentro entre el campo y la ciudad. Para quienes vivimos en la urbe, este proceso social de reivindicación, ha permitido recordar la vida que baja de las montañas y a las familias y organizaciones campesinas que, por varias décadas, vienen defendiendo y cuidando el agua y los páramos; a esas familias que traen más del 60% de los alimentos a nuestras mesas urbanas. En este sentido, marchar el 16 de septiembre, además de lo anotado, constituye un acto de reciprocidad con quienes históricamente han puesto su cuerpo en la protección del agua y los territorios.

Y no menos importante, en Cuenca estamos dando un ejemplo sobre el ejercicio de la verdadera política. Aunque se insiste en que este proceso no tiene banderas político partidistas, evidentemente, es una reivindicación política y de la política. Defender el agua es una postura ética y política; se trata de un ethos del cuidado, de una política por la vida; un ejercicio de la polis, en tanto una comunidad política, en la que los ciudadanos del campo y de la ciudad participamos en la vida pública. Y lo haremos, el 16 de septiembre, en el espacio por excelencia de lo público que es la plaza, el ágora, la calle; la calle como espacio de organización, de debate, de consensos y disensos, de reivindicación y de resistencia. Hablamos de la auténtica política, aquella que urge recuperar, sustentada en el bienestar común como bien superior.

Por último, cabe anotar que defender Quimsacocha no es sólo defender los intereses de Cuenca y el Azuay, puesto que el agua que estamos cuidando, además de regar varios cantones de esta provincia, también riega, por un lado, en su cauce hacia el Pacífico, las bananeras de la provincia de El Oro y, hacia el Atlántico, todas las comunidades por donde pasa el río Cuenca y luego el Paute, hasta llegar a la Amazonía. Al mismo tiempo, estamos recordándoles a los políticos del Ecuador, que el autoritarismo no es una opción cuando la sociedad se organiza y recupera la voz; que el apoyo que les dan sus votantes en las urnas no es una carta en blanco y que el poder reside en la soberanía del pueblo.

Desde Cuenca y el Azuay, alzamos la voz en unidad, por el agua y la vida, por la salud y la soberanía alimentaria, por el presente y por el futuro. Marcharemos, una y mil veces, por el agua, por la dignidad, por la justicia socio ambiental y por la recuperación de la cultura democrática.

Antropóloga, Doctora en Sociedad y Cultura por la Universidad de Barcelona. Magister en Estudios de la Cultura. Docente universitaria.

 

 

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias