Lo que más me ha impresionado del autodenominado outsider de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, es el cinismo con el que narra, como si se tratase de una travesura de adolescente, la manera en que amarraba cinco voladores a un gato para ver como su minino volaba. Al final el gato quedaba destrozado y se elevaba unos pocos centímetros. Ustedes saben que los gatos son criaturas inofensivas, místicas, que transmiten paz. Obviamente Abelardo no es el ser humano más compasivo ni pacífico del mundo. Llamarlo cruel y retorcido serían los adjetivos más exactos para definir al vencedor de la primera vuelta en las elecciones presidenciales colombianas, quien obtuvo más de 10 millones de votos. El torturador de gatos llega al balotaje como favorito para ganar la presidencia de Colombia. Ay, si el Gabo viviera…
El candidato de la extrema derecha es un abogado nacido en Bogotá que se autodefine como un “Tigre”, un hombre de éxito, que viaja en avión privado y gasta 10 000 dólares en una botella de bourbon. Ha defendido a delincuentes como Alex Saab, el testaferro de Maduro, y a cientos de paramilitares colombianos acusados de asesinato. Utiliza una simbología contradictoria: mano en la sien, saludo militar, escopetas, espadas, crucifijos y camisetas de la selección de Colombia. Su eslogan es “Tigre y raya, en primera no falla”.
Las tribus amazónicas consideran al tigre como un animal sagrado y protector de la selva. Aida Quilcué, binomio del candidato de la izquierda Iván Cepeda, considera que De la Espriella no tiene nada que ver con un tigre, porque su visión es absolutamente opuesta a la de la diversidad y el equilibrio. El torturador de gatos no tiene nada de espiritual ni simboliza la magia de la Amazonía.
En su carrera como abogado son muy evidentes los dobles estándares que utiliza. Por un lado, dice que será implacable con los narcotraficantes, pero por otro lado está a favor de que los paramilitares, sentenciados por asesinato, sean tratados como dirigentes políticos. Repite que perseguirá a los bandidos y ladrones como Petro y Cepeda, pero al mismo tiempo ha sido acusado por estafar a varios de sus clientes, uno de ellos el financista David Murcia (DMG), creador de una pirámide financiera falsa con la que estafó a miles de personas por más de 2 000 millones de dólares. A este personaje tan tenebroso, Abelardo de la Espriella lo defendió durante tres meses, recibió de Murcia tres millones de dólares y según Murcia, no lo defendió, ni le devolvió el dinero. Obviamente la duda surge: Abelardo de la Espriella es ¿el defensor de la patria o el defensor de la mafia?
El candidato vencedor en la primera vuelta en las elecciones colombianas tiene mucho de showman, incluso realiza transmisiones en vivo de celebraciones religiosas donde aparece tomado de las manos con su esposa e hijos mientras reza. Lo extraño es que hace cinco años se declaraba ateo. Obviamente, juega con símbolos y mercadeo político. Sabe del conservadurismo de Colombia y que el 90% de los colombianos son creyentes, entonces había que cambiar de rol. Por ello, ahora se declara provida y en contra del matrimonio gay, e incluso impulsará una consulta popular para eliminar estas leyes aprobadas por la Cámara de Representantes y el Senado.
Abelardo de la Espriella, además de su homofobia, es un misógino vulgar. Una jueza le ha dado 48 horas para disculparse con una periodista a la que presionó para que vea una fotografía de las partes íntimas del candidato.
Dentro de su plan de gobierno se incluye fumigar campamentos de coca, bombardear reductos de narcoterroristas y dar de baja a cualquier avión o embarcación con drogas que salga de Colombia. También pedirá ayuda militar a Trump y a Netanyahu.
Plantea una economía con amplias libertades tributarias, severos recortes estatales, explotación de hidrocarburos y minería. Propone generar empleo y mejorar el sistema de salud. Admira a Milei y lo ve como un paradigma de lo que se tiene que hacer en materia económica. Lo preocupante es que en Argentina, cada día quiebran 26 empresas.
La ética no tiene nada que ver con el Derecho, es una de sus polémicas frases. Una visión maquiavélica donde lo importante es ganar un juicio sin importar si se hace o no justicia, porque si pisoteas a la verdad, pero con ello tu cliente gana su litigio, entonces has hecho lo correcto. Aplicar esta visión tan manipuladora puede destruir al estado de derecho y a la democracia.
El voto por Abelardo de la Esprilla es un voto aspiracional de un amplio sector de la población, en su mayoría jóvenes, que tienen un interés muy superficial por la política. De hecho “El tigre” vence a Iván Ospina utilizando redes sociales, IA y un cóctel de banalidades a ritmo de reggaetón. No vence discursivamente al candidato de la izquierda, lo derrota utilizando imaginarios salvíficos vinculados al éxito inmediato.
Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico obtuvo 9’688361 votos, el 40.9% del electorado. Esta votación es considerable porque refleja una aceptación significativa al gobierno de Gustavo Petro. Sin embargo, se registró un 43% de ausentismo en las elecciones colombianas, allí entendemos que existen sectores marginales que se sienten excluidos del Estado. Todavía no se han solucionado los problemas estructurales del país como la violencia y la falta de oportunidades laborales.
En el campo de la seguridad ciudadana, el gobierno de Petro ha logrado disminuir levemente la violencia. Actualmente, la tasa de homicidios en Colombia se sitúa en 25.8 muertes violentas por cada 100 000 habitantes. Es decir, la mitad del índice de asesinatos que registramos en Ecuador (50.9%). Incluso existe un “efecto rebote” en las zonas fronterizas donde las disidencias de las FARC y los Comandos de la Frontera funcionan como proveedores mayoristas de armas y cocaína para las bandas de Los Lobos y Los Choneros.
La izquierda en Colombia tiene la posibilidad real de remontar los 600 000 votos que tiene a su favor el candidato de la extrema derecha. Iván Cepeda debe ser más lúdico y, sin caer en la vulgaridad, motivar más a un electorado que funciona a través de una mecánica de mensajes cortos y de una narrativa más emocional y menos discursiva. El “Tigre” utilizó mensajes personalizados en redes sociales y generó videos utilizando IA para Tiktok e Instagram.
Iván Cepeda tiene que decodificar el juego de imaginarios, incluso el manejo algorítmico de los mensajes por parte de la IA, para sintonizar con grupos indecisos o desmotivados. Él es un asambleísta prolijo, con un discurso estructurado que tiene de su lado la realidad inapelable sobre la condición humana de su oponente. Abelardo de la Espriella, es un tipo peligroso, violento, cruel que ha confundido a parte del electorado colombiano utilizando el espectáculo, la comparsa vulgar, tal como lo hizo Trump y Milei.
Los resultados de los experimentos libertarios en América han sido devastadores: Trump tiene el rechazo del 60% en su país, por guerrerista y por haber quebrado económicamente a la mayoría de los estadounidenses; Milei es otro libertario con resultados económicos desastrosos, porque el poder adquisitivo y el consumo interno han disminuido, además aumentó el desempleo y solo lo respalda un 32% de la población. Por último, Daniel Noboa gobierna el segundo país más violento de América con un sinnúmero de casos de corrupción por cientos de millones de dólares.
Qué importa si Donald Trump apoya incondicionalmente a Abelardo de la Espriella. Trump no es un paradigma de democracia, ni de respeto a los derechos humanos: es la antítesis de la libertad. Un pedófilo y un torturador de gatos juntos: ¿qué podría salir mal?
