El erudito en literatura medieval CS Lewis sentía una particular aversión por dos clases de personas: filólogos y cristianos. Un profundo conocimiento de lenguas clásicas, (entre ellas el latín, el griego y el sajón antiguo), había creado en Lewis una efectiva coraza frente a las rígidas normas de los lingüistas profesionales. Por otro lado, el joven profesor era un ateo efervescente que se deleitaba demoliendo los argumentos de cuanto creyente se cruzara en su camino. Lewis había peleado en la Primera Guerra Mundial, y esa experiencia le había convertido en una persona particularmente oscura y pesimista.
JR Tolkien, profesor en la universidad de Oxford, fue uno de los filólogos más importantes de su tiempo, escribió importantes tratados sobre lenguas nórdicas, tradujo varias sagas clásicas, y como si esto no fuese lo suficientemente malo, era cristiano (de hecho fue parte del equipo de traducción de la Biblia de Jerusalén). Tolkien también peleó en la gran guerra, y entendía perfectamente el contraste entre la luz y la sombra.
Las lecciones que CS Lewis dictaba, en Oxford, sobre literatura nórdica y sajón antiguo, llegaron a ser muy populares por el ambiente de informalidad y libertad con la que este maestro se relacionaba con sus estudiantes. En efecto una de sus clases llegó a conocerse como ¨Beer and Beowulf ¨, pues varias veces, profesor y estudiantes se reunían a discutir poesía germánica antigua en una cantina local. Pero así como CS Lewis odiaba a los cristianos y a los filólogos, JR Tolkiem amaba la literatura épica y la cerveza. Inevitablemente los dos hombres empezaron a conversar y terminaron siendo amigos.
Cuando CS Lewis ganó confianza empezó una intermitente campaña para atormentar a su colega. Lewis no toleraba a los adherentes del cristianismo y siempre que podía dejaba caer todo el peso de su erudición sobre ellos, por lo que un buen día acusó impetuosamente a Tolkiem de defender una fe cuya enseñanza fundamental no era sino una mala copia (según él) de varios de los mitos de la antigüedad. Así pues, el dios griego Dionisio había muerto y resucitado, al igual que la deidad persa Mitra, y de la misma manera Osiris, en la mitología egipcia. Lewis enumeró a Tolkiem un sin número de citaciones, de la mitología antigua, relacionadas con temas que se podían encontrar también en los textos bíblicos.
Tolkien halló correctas cada una de las referencias enunciadas por Lewis, pero recordó que esos temas no eran nuevos en absoluto para la teología cristiana, en efecto, San Agustín se había tomado la molestia de recopilarlas todas en su bien conocida obra la ¨Ciudad de Dios¨. Sin embargo, todas aquellas narraciones de la antigüedad fueron escritas bajo el mismo género literario: la narración mítica. Esta tenía varios elementos fácilmente reconocibles, como la referencia a una temporalidad fantástica (a la que que Mircea Eliade definiría como ¨in illo tempore¨), o el haber sido redactadas por escribas eruditos que narraron cada detalle como un doctrina específica. Pero los textos de los evangelios eran distintos pues se ambientaron en un momento particular de la historia, (describiendo personajes y líderes políticos específicos) y fueron redactados por molineros, pescadores, u otras personas de escasísima formación (a excepción de el relato de Lucas, los evangelios están escritos en un griego pobre y plagado de errores gramaticales). Además los cuatro textos que describen la obra del Mesías cristiano contienen varias contradicciones menores, exactamente como cuando varias personas nos tratan de contar la misma película y notamos como sus versiones difieren.
Pero si los evangelios no eran repeticiones de mitos antiguos, entonces debían ser simples mentiras redactadas con algún propósito desconocido. En este caso Jesucristo debió haber sido un hábil embustero que diseñó una serie de doctrinas con el simple afán de engañar a la sociedad de su tiempo. Lewis abandonó el debate notablemente confundido, y se aferró a esta última posibilidad. Sin embargo, algunos días después, y luego de estudiar detenidamente a autores tan disímiles como Platón y Dostoyevsky, o Chesterton concluiría, a regañadientes, que los relatos debían ser auténticos. Clive Staples Lewis se convirtió al cristianismo, y llegó a ser uno de los autores más importantes del siglo xx. El mismo Jorge Luis Borges confesaría que la lectura de su novela de ciencia ficción ¨fuera del planeta silente¨ le hizo emocionarse hasta el llanto, e influiría en algunas de sus obras.
JR Tolkiem, y CS Lewis siguieron reuniéndose cada semana en la taberna local ¨The eagle and the child¨, donde surtidos con jarras de cerveza fría, se leían el uno al otro sus propias narraciones acerca de leones místicos que dan su vida para salvar al universo, planetas donde la maldad no es más que una conjetura filosófica, y héroes pequeños que tratan a toda costa de destruir anillos inverosímiles en la tierra de Mordor donde yacen las sombras.
