domingo, abril 26, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

John Locke y la rebelión

Creo que el ethos iconoclasta en las nuevas generaciones permanece, de una u otra forma, aunque existe una mayor distancia con la idea paradigmática de cambiar el mundo. Veo a los chicos menos indignados ante los absurdos del poder y frente a los gobernantes tenebrosos.

Introducción para mi clase de Ser y Cosmos, veo a los chicos inquietos, hay un brillo inestable en sus miradas. Tenemos un debate sobre la ecologista Greta Thumberg y necesito contextualizar.

Les pregunto a mis estudiantes con qué personajes asocian las palabras rebelión y revolución. Fluye una catarata de nombres: Marx, el Che, Mohamed Alí, Gandhi, Rosa Parks, John Lennon, Rosa Luxemburgo, Martin Luther King…

Luego les digo que para la filosofía occidental fue clave un pensador del siglo XVI, John Locke, filósofo inglés. No era anarquista ni comunista, era empirista. Su propuesta era sencilla y profundamente práctica: la soberanía reside en el pueblo y si el gobernante vulnera los derechos de los ciudadanos el pueblo tiene el derecho a la resistencia y a la revolución para cambiar de gobernante.

Quito a finales del siglo XX e inicios del XXI se convirtió en la capital de la rebelión y la resistencia. Guayaquil ponía presidentes y Quito los derrocaba. Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad, Lucio Gutiérrez fueron tres gobernantes que, por demagogia, abuso de poder, generar pobreza e irrespetar el principio de soberanía popular enfrentaron jornadas de resistencia y rebelión popular donde Quito paralizó al Ecuador y terminó expulsando de Carondelet a estos pésimos gobernantes.

Frente a la acumulación de poder siempre se genera antipoder, es parte de la dialéctica, así ha funcionado el universo durante millones de años. Ustedes han vivido cuatro gobiernos: Correa, Moreno, Lasso y Noboa.

Los cuatro han acumulado poder y los cuatro han tenido pánico a cualquier tipo de rebelión, incluso Moreno y Lasso enfrentaron protestas lideradas por el movimiento indígena donde estuvieron a punto de ser derrocados. La rebelión de octubre de 2019 obligó a Lenín Moreno ha esconderse en Samborondón, después de casi dos semanas de protestas dirigidas por CONAIE, su poder político estuvo en el limbo.

Regresamos al debate sobre la enfant terrible, Greta Tumberg, la chica que en alguna de sus declaraciones dijo que quería generar pánico porque sólo así la gente despertaría de su pasividad frente a una cuestión de vida o muerte como el calentamiento global. Desde su militancia ecologista Greta ha sido una de las voces más radicales en contra de corporaciones extractivistas, ¿qué tan válida es la protesta de Thumberg? Abro el debate y una tormenta de ideas sacude el aula.

Greta es una chica auténtica porque además de conocer de ciencia y política su ira es real, su condición de autista le hace decir las cosas sin filtros. (Paz)

Greta es hija de millonarios, su causa es válida, pero es una chica con recursos económicos, la mayoría de los que estamos aquí sólo estamos pensando en nuestra sobrevivencia en medio de un país en quiebra. (Sofía)

De qué serviría mi protesta si a nadie le va a interesar, sería una especie de Diógenes, versión mujer, que vive en su barril, gritándole a una multitud indiferente. (Emilia)

Greta es una marca más, responde a intereses de ONGs que acumulan poder a través de una buena causa, no es una activista tan cristalina (Nico).

Cierro el debate con tres preguntas: ¿Podemos vivir sin utopías?, ¿se puede vivir sin utopías?, ¿llegó el tiempo de encontrar una vitamina existencial diferente a la rebelión?

Creo que el ethos iconoclasta en las nuevas generaciones permanece, de una u otra forma, aunque existe una mayor distancia con la idea paradigmática de cambiar el mundo. Veo a los chicos menos indignados ante los absurdos del poder y frente a los gobernantes tenebrosos.

Tal vez evaden la idea de que son sujetos políticos, o piensan que cualquier rebelión ha perdido sentido cuando las fronteras entre izquierda y derecha son deleznables. Los chicos captan las contradicciones de una sociedad injusta pero ya no se indignan porque la subversión existe dentro de sus pequeñas burbujas on line.

O tal vez esperan que Chatgpt4 termine con la pésima administración de un gobernante tan improvisado como Daniel Noboa. En fin, necesitamos más Gretas porque el contrapoder dota de sentido a cualquier democracia.

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