El 27 de agosto de 2024 se publicó información alarmante que expone una nueva amenaza a los territorios ancestrales de las nacionalidades indígenas del Ecuador. El actual gobierno, liderado por el presidente Daniel Noboa, a través de la Empresa Pública de Hidrocarburos del Ecuador (Petroecuador EP), anunció el inicio de un estudio del bloque 86, ubicado en la provincia de Pastaza, muy cercano al Parque Nacional Yasuní y la zona intangible Tagaeri-Taromenane. Este territorio es hogar de los pueblos Achuar, Sápara, Shiwiar y Kichwa de Kawsak Sacha, quienes ven sus vidas nuevamente amenazadas por la codicia extractivista.
El bloque 86, se encuentra en una de las regiones más biodiversas del planeta, y es también en un lugar profundamente espiritual y vital para las comunidades indígenas que lo habitan. Estas comunidades han expresado con claridad su oposición a la explotación petrolera, no solo porque conocen de primera mano los devastadores efectos que ya han sufrido otras regiones del país, sino porque entienden que la destrucción de su entorno significa también la destrucción de su cultura, su forma de vida y su futuro.
Esta no es la primera vez que los pueblos indígenas deben levantarse para defender sus territorios. En el año 2019, durante el gobierno de Lenín Moreno, ya se intentó licitar estos mismos campos petroleros. En ese momento, la oposición contundente de las comunidades indígenas obligó al gobierno a dar marcha atrás en sus planes, ya que los pueblos Achuar, Sápara, Shiwiar y Kichwa exigieron que se respetara la Constitución del Ecuador y el derecho a la consulta previa, libre e informada. Fue un triunfo de la resistencia indígena frente al irrespeto del Estado, que ahora se repite bajo la administración de Noboa.
Las políticas del gobierno ecuatoriano deberían cambiar radicalmente. No podemos seguir viendo a la selva como una fuente inagotable de recursos, sino como un sistema de vida interconectado que sostiene nuestra propia existencia.
Sin embargo, la defensa de la selva no es solo una cuestión de los derechos de las comunidades indígenas, sino que va mucho más allá. En el contexto actual del cambio climático, esta región amazónica juega un papel fundamental en la preservación de la vida en la Tierra. No podemos ver la selva simplemente como un recurso natural que puede ser explotado para obtener beneficios económicos a corto plazo. ¿Qué ocurre si destruimos y cortamos toda esta selva? El impacto del cambio climático sería aún más devastador. Esta selva actúa como una barrera natural, ayudando a mitigar los efectos del calentamiento global. La Amazonía es esencial para estabilizar el clima del planeta, y su preservación es vital para prevenir que la crisis climática avance más rápido de lo que ya lo está haciendo.
Las políticas del gobierno ecuatoriano deberían cambiar radicalmente. No podemos seguir viendo a la selva como una fuente inagotable de recursos, sino como un sistema de vida interconectado que sostiene nuestra propia existencia. La selva no es solo un espacio físico; es una entidad viva que juega un rol crucial en la protección de la vida en la Tierra, incluyéndonos a nosotros mismos. La sabiduría indígena ha mantenido esta selva a salvo por generaciones, y su relación con el entorno ha evolucionado en perfecta armonía con la naturaleza. Los pueblos indígenas son los únicos que han aprendido a coexistir con la selva sin destruirla. Su conocimiento ancestral es un tesoro invaluable que no podemos darnos el lujo de perder.
Hoy, los científicos de todo el mundo ven en la selva una esperanza para combatir el cambio climático. La selva y sus guardianes indígenas nos muestran un camino hacia un futuro más equilibrado, donde la naturaleza y la humanidad pueden prosperar conjuntamente. Si ponemos en peligro esta sabiduría ancestral, estamos poniendo en peligro una de nuestras mejores oportunidades para enfrentar la crisis climática. Es hora de que el gobierno de Daniel Noboa reevalúe sus políticas económicas y asuma la responsabilidad de proteger este invaluable ecosistema no solo por los pueblos indígenas, sino por el bienestar de toda la humanidad.
La Amazonía y sus guardianes merecemos un futuro en el que se priorice la vida y el respeto a la naturaleza por encima de los intereses económicos a corto plazo.
