viernes, abril 24, 2026
Ideas
Andrés Ortiz Lemos

Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

El multiverso de la CONAIE

La pobreza por necesidades básicas insatisfechas afecta principalmente a los indígenas, con un 68.5%; mientras que es considerablemente menor para los mestizos, el 33.8%, y para los blancos, el 25.6%.

Ocurrió el 13 de octubre de 2019. El entonces presidentedel Ecuador, Lenin Moreno, se vio forzado a negociar con los principales líderes de las organizaciones indígenas, especialmente aquellos congregados alrededor de la CONAIE.

Para ese momento el país llevaba dos semanas en estado de coma; las principales vías de circulación, especialmente aquellas que conectan a la ciudad de Quito con el resto del país, permanecían bloqueadas; como consecuencia la economía sufrió pérdidas por aproximadamente mil millones de dólares.

Las intensas manifestaciones, y su confrontación con los cuerpos de seguridad, cobraron la vida de algunaspersonas. Los eventos fueron liderados por figuras como Jaime Vargas, presidente de CONAIE, y Leónidas Iza dirigente de Cotopaxi. El justificativo de las movilizaciones fue el decreto 883, que retiraba parte del subsidio a los combustibles fósiles.
Lenin Moreno no tenía salida; debía ceder ante la fuerza de los colectivos indígenas. Los recursos que el estado venía empleando en subsidiar los combustibles estaban sobre la mesa, como si se trataran de fichas en un juego de ajedrez. CONAIE tenía las cosas a su favor. En caso de no llegar a un acuerdo la estabilidad democrática del Ecuador podía desmoronarse como un castillo de naipes.

Aquella fría noche del 13 de octubre ocurrieron cosas que cambiaron el destino de nuestro pequeño país andino para siempre. De un lado de la mesa estaba el presidente de la república, sus ministros y asesores, del otro, la dirigencia indígena y sus colaboradores.
El primero en tomar la palabra fue un economista blanco mestizo que se presentaba a sí mismo como asesor de el movimiento indígena. El hombre, vestido de saco gris y corbata roja se levantó de su asiento y habló así:

– Señor presidente la única demanda que tenemos es que anule el decreto 883…
En la sala se escucharon murmullos de desaprobación, Leónidas Iza hablaba con Rosa Quishpe, una joven economista otavaleña que se había unido a su equipo cercano hace pocos días. La muchacha movía la cabeza y discutía con los dirigentes, casi como si no hubiera nadie más en la Sala. Entonces Leonidas Iza habló con voz enérgica:

– Ha habido un cambio de planes, preferimos que Rosa tome la palabra
El economista mestizo se veía confundido. Tocaba el nudo de su corbata roja con nerviosismo.

– Pero, pero yo, yo debo defender sus intereses
– No gracias- respondió Leonidas Iza
– Pero, pero
– No gracias- insistió el líder indígena.

Rosa Quishpe se puso de pie y mirando directamente a los ojos de Lenin Moreno le dijo con voz firme:

– Las cosas no son tan sencillas señor presidente. Los indígenas hemos sufrido una inercia de exclusión que se ha extendido durante siglos. Los sistemas republicanos no cumplieron sus promesas. El impuesto indígena apenas se abolió en 1857, pero nos siguieron cobrando diezmos hasta finales del siglo XIX. La revolución liberal que vino después no cambió nada para nosotros. El trabajo forzado, el concertaje, y la coacción del guasipungo apenas se superaron en la década de los sesentas del siglo XX…-

Un par de años después, en 2022, el dinero que se hubiera empleado en subsidiar combustibles llegó a 3.337 millones de dólares, es decir un monto similar al que se destinó a salud -3.639 millones de dólares 8 -.

Lenin Moreno estaba totalmente desconcertado. Trató de hablar con uno de sus asesores para que le explique lo que estaba pasando, quería que aquella molesta muchacha haga silencio, pero ella continuó con más energía:

– Escúchame cuando te hablo Lenin, no creas que este tema es tan sencillo como abolir un simple decreto de mierda
Cuando la joven dijo esto, la sala se saturó de un sólido silencio. Todas las autoridades y ministros presentes bajaron la cabeza como si se tratara de niños que estaban siendo regañados luego de romper un florero. Rosa hizo una pausa y siguió adelante:
– Nos engañaron con las reformas agrarias,entregándonos tierras en páramos difíciles de trabajar, nos apiñaron en algunos terrenos adjudicados, pero ladensidad de nuestra población en espacios minúsculos dificultó nuestro crecimiento. Luego, cuando realizamos grandes levantamientos nos prestaron alguna atención, pero los políticos nos convirtieron en referentes culturales para gestionar fondos de ONGs que solamente beneficiaron a técnicos, funcionarios o algunos dirigentes bien posicionados. Y después llegaron los populistas, ah los populistas, aquellos oportunistas que se robaron nuestras ideas y nuestras consignas para ganar elecciones y después desecharnos. Nos llamaban terroristas si defendíamos nuestros territorios de proyectos que no nos iban a traer beneficios, nos encarcelaban si demandábamos manejar nuestras fuentes de agua, y luego, luego llegó usted, trayendo más de lo mismo. No señor presidente, acá no se trata de abolir un decreto ridículo.

Lenín Moreno trató de decir algo ingenioso, improvisar alguna broma y tratar de bajar la tensión.

– Entonces qué mismo quieren
Dijo con una voz condescendiente.
– Usted debería saberlo, usted se metió de presidente-, respondió la joven.
La sala soltó una sutil risa unánime, y la chica prosiguió:
– La tasa de empleo adecuado entre los indígenas es de apenas 12,3%, es decir, un 86,2% está fuera de aquel privilegio. Aquello convierte a los indígenas en el grupo con la situación laboral más precaria del Ecuador -si se toma en cuenta que entre los mestizos la tasa de empleo adecuado es del 38%, y entre los blancos del 46%. Por ello no resulta sorprendente que el grupo étnico con mayor incidencia de pobreza sea también el indígena. ¿Se entiende?
– La pobreza por necesidades básicas insatisfechas afecta principalmente a los indígenas, con un 68.5%; mientras que es considerablemente menor para los mestizos -33.8%- y para los blancos -25.6%-.  Las diferencias rurales y urbanas también son muy marcados, la pobreza indígena rural alcanza el 79.2%. El 90% de niños y adolescentes indígenas viven en hogares en situación de pobreza. Esta cifra llega a un 95% en provincias como Chimborazo, Cotopaxi, Bolívar, Orellana, Morona Santiago, Sucumbíos .
La muchacha aspiró profundamente, estaba realmente indignada. Tomó un vaso de agua y lo bebió lentamente. Nadie en la sala dijo una palabra. En sus hogares, los millones de ecuatorianos que presenciaban la discusión por televisión se miraban unos a otros avergonzados, la sociedad entera había excluido a un grupo humano durante siglos y las cosas no parecían haber cambiado. Rosa aspiró de nuevo y continuó:
– Una de las consecuencias más indeseables de la pobreza son las carencias alimenticias.

Según UNICEF, los niños indígenas menores de cinco años, sufren desnutrición en un 39%. Pero no es el único tema pendiente, el porcentaje más alto de analfabetismo del país, es decir el 11,9%, se encuentra en la población indígena, -mientras entre los mestizos, es del 2,6% y los blancos 1,6%-. El componente étnico es evidente. La tasa de matrícula universitaria, también es bastante menor entre indígenas, 9%, frente al 33,4% de los mestizos.

En ese instante el asesor blanco mestizo de la corbata roja se puso de pie de un salto.

Estaba furioso, dirigió la mirada a Vargas e Iza y les gritó diciendo:
– ¿Pero que les pasa? Acá el único asesor económico de los indígenas soy yo, solo yo sé lo que es mejor para ustedes, solo yo se lo que ustedes necesitan, callen a esa muchacha y déjenme hablar a mi, a mi, a mi…

El asesor económico de la corbata roja se dirigió a Lenin Moreno y le dijo:

– Acá tenemos una única demanda: revierta el decreto 883, esa es la única cosa que necesitan las comunidades indígenas. La única. Acá el asesor económico soy yo ¡y punto!
Rosa, volteó hacia el pequeño hombrecillo gritón, de la corbata roja, y le dijo firmemente:
– ¡Silencio!

Esa noche ocurrieron cosas que cambiaron el destino de aquel pequeño pedazo de universo para siempre. Se llegó a un acuerdo según el cual la totalidad de los recursos que hasta entonces se había empleado en subsidiar combustibles se destinen a políticas de desarrollo para los indígenas, especialmente en aquellos temas más urgentes. Los detalles legales que siguieron, se aseguraron a través de las herramientas jurídicas necesarias para esos casos.

El uso de los recursos, tomando como referencia el dinero destinado a subsidiar
combustibles en el 2022, tuvo diferencias en diversos universos especulativos. Por
ejemplo, en uno de ellos se destinó la totalidad del dinero en un programa masivo de
viviendas: los 3.337 millones de dólares se emplearon en entregar 111.233 viviendas
valoradas en treinta mil dólares cada una.

Lo cierto es que el subsidio a los combustibles había beneficiado principalmente al 20% de personas con más recursos del país. A partir de entonces aquellos recursos se focalizarían entre sectores mucho más necesitados. El impacto de aquella operación en la subida de precio de bienes y servicios no llegó a los niveles severos que se vaticinaba. Ecuador siguió siendo uno de los países con menos inflación de la región.

Un par de años después, en 2022, el dinero que se hubiera empleado en subsidiar combustibles llegó a 3.337 millones de dólares, es decir un monto similar al que se destinó a salud -3.639 millones de dólares-. Aquella suma se destinó, ese año, a los siguientes rubros:

* Mil millones de dólares se usaron para comprar cien mil hectáreas de tierra agrícola, la cual se repartió entre veinte mil familias, que recibieron cinco hectáreas de buena tierra fértil cada una.
*Mil millones de dólares se emplearon en establecer un programa masivo de mejora de educación enfocado a los indígenas, a través de la entrega de un baucher escolar de diez mil dólares por estudiante, beneficiando a cien mil niños y jóvenes indígenas.
*También se generó un programa de bonos a madres de escasos recursos con hijos menores de cinco años a fin de erradicar la desnutrición infantil, beneficiando a sesenta mil familias con cinco mil dólares.

El resto de fondos se emplearon para los sueldos de técnicos indígenas que monitorearon las operaciones.

El uso de los recursos, tomando como referencia el dinero destinado a subsidiar combustibles en el 2022, tuvo diferencias en diversos universos especulativos. Por ejemplo, en uno de ellos se destinó la totalidad del dinero en un programa masivo de viviendas: los 3.337 millones de dólares se emplearon en entregar 111.233 viviendas valoradas en treinta mil dólares cada una.

En otro universo paralelo, el dinero se empleó en entregar una renta mensual equivalente al salario mínimo de aquel mundo (450 dólares al mes) a 617.962 personas. Y así, las opciones varían de acuerdo a diversos marcos de posibilidades.

Aquellas medidas ciertamente no eliminaron la inercia de exclusión que afectaba a los indígenas, pero destinaronuna cantidad importante de recursos para intentar equilibrar sus consecuencias. Los líderes indígenas se convirtieron en importantes referentes nacionales y para 2025, Rosa y otros dirigentes se convirtieron en opciones electorales serias…
Pero dejemos este curioso ejercicio de ciencia ficción.  Regresemos a nuestro mundo. A la peculiar realidad en la que usted y yo habitamos. Aquí, los señores asesores de la corbata roja nos impusieron la idea que el tema más importante para los indígenas del Ecuador se reducía aproveer de combustible barato a la clase media y alta. Los intelectuales y los dirigentes trataron de convencernos que el uso de combustibles fósiles subsidiados, con el dinero de un país en déficit, es un mecanismo virtuoso que de alguna forma garantiza los derechos ambientales – una contradicción absurda hasta lo increíble-. Mientras tanto los problemas prioritarios que afectan la vida de los indígenas se mantienen escondidos. Silenciados.

Tanto en el paro de 2019 como en el del 2022 se hubieran podido llegar a acuerdos para utilizar los recursos liberados de una política de subsidios -que, al final, beneficiaba mayormente a grupos privilegiados- en las necesidades urgentes de los indígenas. Pero aquello no ocurrió. Y no ocurrió porque se priorizaron los cálculos políticos de dirigentes que se posicionaron gracias a los desbordes sociales, acumulando capital político que al final del día solo los benefició a ellos -¿o acaso alguien puede decir que los indicadores de inequidad hacia los indígenas mejoraron en algo luego de los desbordes de 2019 y 2022?-
En este momento el Ecuador se encuentra en medio de otro paro nacional que amenaza con radicalizarse. Tanto dirigentes sociales como políticos tienen la oportunidad de no cometer los mismos errores del pasado.

Por un lado, los asesores del gobierno harían bien en ofrecer un diálogo objetivo, canalizando propuestas concretas, tangibles y creíbles a los grupos menos favorecidos, dejando claro en que se van a usar los recursos que no se destinarán a los subsidios; haciendo énfasis en aquellos en situación más vulnerable.

Por otro lado, los dirigentes indígenas deberían terminar de reconocer la existencia de la individualidad indígena, una individualidad que se extiende más allá de las organizaciones ideológicas, las cuales cada vez tienen menos posibilidad de homogenizar un pujante grupo humano que ha demostrado diversidad de pensamiento, perspectivas y aspiraciones, y que claramente exige una nueva generación de líderes. Líderes que puedan extender sus propuestas más allá de los juegos políticos que no siempre favorecen a los individuos.
Si el pequeño ejercicio de ficción que se redactó al principio de este artículo tiene algún valor, este debería ser el haber planteado que existen alternativas para generar futuros posibles. Futuros mejores.

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