martes, abril 28, 2026
Ideas
Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

Creaciones marqueteras

Ni «zapatos rojos», ni «cartones prensados», ni bailes falsos u otras creaciones marqueteras… Este 9 de febrero, Ecuador debe buscar un estadista.

Para el próximo 9 de febrero, los ecuatorianos hemos sido convocados a las urnas para elegir esta vez al próximo presidente (a) y vicepresidente (a) de la República, asambleístas nacionales, provinciales, del exterior y parlamentarios andinos. Ciertamente se trata de uno de los pocos espacios de participación que aún le queda a la gente para expresarse a través del voto, dentro de un sistema político deteriorado que está muy lejos de evidenciar en los hechos aquello que sostenía Abraham Lincoln: El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

La participación del soberano en la toma de decisiones, que constituye la esencia de una democracia real en su sentido más amplio y deseable, sigue siendo esquiva y bastante limitada. De ahí que los resultados que se tienen en América Latina en cuanto al apoyo a la democracia como forma de gobierno apenas llega al 52%, abriendo consecuentemente peligrosas puertas al autoritarismo y al neopopulismo. Desde el ámbito de la satisfacción, es decir, valorando el desempeño que ha alcanzado la democracia en la región, apenas tiene un 33% de calificación positiva y en el caso de Ecuador es aún más dramática con un 19%, lo cual significa que, de cada diez personas, ocho se muestran insatisfechas, dado el incremento de las desigualdades sociales, la falta de oportunidades laborales y aumento de la pobreza e indigencia, además del quiebre institucional, el avance de la corrupción y de la penetración del narcotráfico y crimen transnacional que contamina a un Estado que es incapaz de velar por el interés general.

En el Informe Latinobarómetro 2024, al preguntarse si se gobierna para grupos poderosos y en su propio beneficio, en América Latina un 72% de personas cree que sí, en tanto que en Ecuador esa cifra escala al 81% de gente desencantada con el sistema, superado únicamente por Perú, Paraguay y Bolivia. De ahí que la democracia que tenemos, en el mejor de los casos, se reduce apenas a lo político, al refrendarse con el llamado periódico a elecciones, aunque con serios cuestionamientos en aquello de organizar procesos electorales que sean transparentes, amplios y competitivos.

No obstante, y más allá de las críticas, la gente sigue teniendo únicamente al voto como arma para castigar a los politicastros. Pero para ello se requiere actuar con un alto sentido de responsabilidad ciudadana. Hay que hacerlo mediante un voto informado, premiando las iniciativas que se apartan de la demagogia y respaldando a los mejores perfiles de hombres y mujeres que muestran capacidad y decisión para trabajar por las grandes mayorías.

No cabe, una vez más, que un cándido electorado sea confundido por creaciones marqueteras. Lo que el Ecuador elige a más de representantes a la Asamblea Nacional y Parlamento Andino, es a un estadista, con la visión y liderazgo necesarios para conducir los destinos de un país, hoy dado al garete.

Debemos tener presente el desastre que representó al país reemplazar la búsqueda de un verdadero estadista, por un público cautivado por el uso de zapatos rojos que escondían en el candidato la decadencia de todo un régimen. Lo mismo creer que el conocimiento, experiencia y sensibilidad de un estadista podrían encontrarse dentro de un cartón prensado el cual ocultó la inexperiencia, improvisación y las poses autoritarias de quien nunca ha estado cerca del pueblo ni entiende su dolor y menos su angustia.

Desde luego, tampoco encontraremos al estadista detrás de esos falsos bailes ideados por marqueteros de oficio, ni en esos fríos abrazos que suelen dar los políticos en mercados y plazas llenas de gente sencilla y buena. Igualmente, el estadista no está en esos autoproclamados ídolos (con pies de barro) que dicen tener una solución mágica a todo mal.

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