Mirar la realidad implica informarse contrastando fuentes, tratando de ser objetivo y fiel a uno mismo. Creo que opinar libremente se convierte en una tarea titánica en tiempos totalitarios. Vivimos tiempos marcados por la censura y el miedo, yo levanto mi voz a través de mis artículos y de mensajes en las redes sociales, prefiero sintetizar ideas en la plataforma X. No me considero un profeta, pero escribo argumentadamente y con conocimiento de causa. Existen personas que coinciden con mis ideas, pero a diario recibo cientos de mensajes agresivos, argumentos ad hominem, bascosidades, en fin. Por último, imágenes de mi rostro rapado y con un overol naranja. Juego entre macabro y retorcido. Tiempos de bots y dictadura.
Una bodega con techos de zinc y luz moribunda. Cientos de estantes metálicos donde se encuentran miles de teléfonos móviles, routers, cámaras, computadoras y tablets conectadas a tres o cuatro computadoras centrales con monitores grandes. Cada CPU es controlado por una persona encapuchada con rostro adusto. Así es el paisaje de una de las herramientas de comunicación política más tenebrosas que existe este momento: las granjas de bots.
Imaginen que cada granja de bots funciona alimentada de malwares o códigos dañinos y que pueden infectar a cientos de miles de dispositivos para recibir órdenes de un servidor lejano. Estos celulares, cámaras y tablets son capaces de crear un espejismo comunicacional para manipular hasta la extenuación a la realidad. Estamos frente a la muerte de la opinión pública.
Elisabeth Noelle Neuman, en los sesenta, creo una teoría llamada “la espiral del silencio”. En definitiva, plantea que la gente antes de opinar evalúa si su postura es mayoritaria o minoritaria. Si sentimos que es minoritaria nos callamos para no quedar aislados. Desgraciadamente, el miedo al aislamiento es más fuerte que la verdad. Allí radica la piedra angular del control político: crear la percepción de que las ideas defendidas, desde los grupos de poder, son apoyadas por la mayoría.
En tiempos de digitalización de la comunicación, los bots o dispositivos infectados, generan mentiras ruidosas y aprovechan la fragilidad discursiva de una ciudadanía adicta a Tik tok, Instagram, Facebook y X. Hablamos de un ejército políticamente iletrado que opina en función de lo que dice la mayoría, hoy la mayoría se reducen a granjas de bots.
El 18 de agosto de 2026, en Santa Cruz de la Sierra, fue apresado el argentino Fernando Cerimedo acusado de planear el asesinato de su ex pareja, Nadia Beller. Nadia Beller sobrevivió a tres tiros de arma de fuego y denunció que fue su exnovio quien la mandó a matar. Además de las acusaciones por tentativa de feminicidio y enriquecimiento ilícito, Cerimedo es acusado de tráfico de sustancias controladas, violencia familiar y narcotráfico.
Fernando Cerimedo no es un asesor político cualquiera, está a cargo de realizar guerra digital sucia apoyando a candidatos y presidentes de la extrema derecha: Javier Milei (Argentina), Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Nasry Asfuria (Honduras), Keiko Fujimori (Perú) y Abelardo de la Espriella (Colombia). Según Nadia Beller, su próximo objetivo era desestabilizar al gobierno de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum.
Fernando Cerimedo es un personaje obscuro y patibulario que ha manipulado a la opinión pública Latinoamericana creando millones de cuentas falsas en redes sociales para difundir, a través de bots: vídeos, fake news y la falsificación de millones de identidades para que aparezcan como ciudadanos que defienden posiciones políticas. Hablamos de un tipo de comunicación digital que opera para destruir a la verdad acosando opositores y creando un ambiente de aparente respaldo a la extrema derecha. Su socio español, Javier Negre, fue invitado de honor a la posesión de Daniel Noboa.
Existen muchas similitudes discursivas en el discurso libertario en Latinoamérica. Las estrategias comunicacionales son similares, por ello no es coincidencia si un ciudadano, en redes sociales, expresa ideas opuestas al gobierno de Daniel Noboa y luego recibe cientos de insultos y amenazas.
Estamos frente a este juego tenebroso para crear la percepción de que existe una mayoría que defiende al régimen. Lo que existen son millones de bots diseñados para crear una idea errónea sobre la realidad. Presenciamos un espejismo político que genera silencio y temor en millones de personas, opuestas al gobierno de Noboa, que prefieren no opinar para no ser despreciadas por esa mayoría digital irreal.
Ayer, la periodista Gisella Bayona se retiró del periodismo por amenazas en contra de la integridad de su familia lanzadas por Daniel Noboa. Hace una semana, René Cobos, colaborador de BBC fue asesinado en Guayaquil, días antes BBC expuso un video sobre la gravedad de la violencia en Guayas donde la periodista Orla Guerin denunció la corrupción interna de policía y ejército. Además, señaló que la represión del gobierno fragmentaba a los grupos delictivos sin resolver el problema de fondo. Y claro, no podemos olvidar el crimen de Monika Silva, ecologista y militante anticorrupción, asesinada en Montañita por denunciar a gente del círculo íntimo de Daniel Noboa.
En La república del silencio, Jean Paul Sartre, planteaba que la libertad no se concede, se ejerce. La resistencia al totalitarismo representa una forma de lucha, que incluso, manteniendo nuestra conciencia libre de manipulación, podemos ejercerla. Ahí está el desafío: no ser parte de la granja de bots.
