sábado, septiembre 5, 2026
Ideas
Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

El Ecuador de los utópicos

Se vive una especie de desconexión, lo que lleva indefectiblemente a instalar un discurso y realidad paralelas, desconociendo el drama que afronta el ciudadano común agobiado por la violencia, inseguridad; la falta de empleo, salud, educación y por el deterioro de los servicios públicos.

En el último estudio presentado por el CIESS se lee que los ecuatorianos mayoritariamente se muestran pesimistas frente al futuro del país. En efecto, un 79% de los consultados, es decir 8 de cada 10 personas, miran con realismo y preocupación el actual estado de cosas, tanto así que las palabras que mejor definen su estado de ánimo son miedo (37%), indignación (29%) y cansancio (15%), en tanto un 17% todavía ve con esperanza el horizonte.

A esto se suma, según ese mismo sondeo de opinión, que la confianza en el presidente Daniel Noboa apenas llega al 28%, es decir, 7 de cada 10 ciudadanos, desconfían del Primer Mandatario. lo cual no sólo tensa la relación entre mandantes y mandatario, sino que también deteriora la democracia representativa, generando un caldo de cultivo para la efervescencia social y sus siempre impredecibles consecuencias.

Y esta falta de confianza guarda estrecha relación con la limitada credibilidad que tiene la palabra gubernamental. Y es que, tal parece, esas gruesas paredes que delimitan al Palacio de Carondelet no le permiten al oficialismo ver al Ecuador profundo y su dolorosa realidad. Se vive una especie de desconexión lo que lleva indefectiblemente a instalar un discurso y realidad paralelas, desconociendo el drama que afronta el ciudadano común agobiado por la violencia, inseguridad, así como la falta de empleo, salud, educación y, en general, por el deterioro de los servicios públicos. Ahí entra a funcionar la aceitada maquinaria del Estado de propaganda, apuntalada -penosamente- por ciertos medios de comunicación convertidos en cajas de resonancia del poder, para pintar un país de los utópicos, con una economía supuestamente en expansión, con un mercado laboral que no se cansa de distribuir oportunidades y salarios a la población.

Pero lo cierto es que, si bien se ha podido revertir, al momento, la recesión que afectó a la economía en 2024, con una contracción final del PIB en 2 puntos porcentuales, tampoco predomina actualmente un escenario que proyecte un crecimiento sostenido para el 2026, tanto así que las expectativas de variación del PIB para este año, van del 2 al 2,5%, muy inferior al 3,7% alcanzado en 2025.

Basta mirar el comportamiento que muestra el sector externo ecuatoriano para desnudar este hecho. Si bien en el primer semestre 2026, la balanza comercial total registra un superávit de 2.338,7 millones de dólares (lo cual es bueno al ser las exportaciones mayores a las importaciones), esta cifra comparada con igual periodo del 2025, muestra un decremento del 43,9%. En este rubro si bien las exportaciones totales crecen en un 4%, las importaciones lo hacen a un ritmo mucho mayor, esto es, el 17,6%, valga decir, 4.4 veces más rápido.

Y al desagregar los componentes de la balanza comercial total comparando el primer semestre de los años 2026 y 2025, se tiene que hay una reducción en el saldo (superávit) tanto de la balanza comercial petrolera en un 60,4% y en la balanza comercial no petrolera en el 38,3%.

Y para entender esta evidente ralentización en el sector externo ecuatoriano basta mirar, por ejemplo, las exportaciones petroleras las que, en valor, muestran un 13,8% de incremento, pero explicado por un aumento en el precio del petróleo en un 24,3%, en tanto el volumen exportado de petróleo, en este mismo periodo, se redujo en un 8,4%. En otras palabras, el Ecuador no exportó más petróleo (en realidad vendió menos barriles), pero recibió más dólares como consecuencia de la elevación del precio del crudo por efectos de la inestabilidad del mercado energético mundial, principalmente motivado por el conflicto en Medio Oriente.

A esto se suma que las exportaciones tradicionales tuvieron una reducción del 7,9%, movido sobre todo por el desplome del cacao con un 57,5%, como consecuencia de una reducción significativa en el precio y también en un menor volumen exportado.

En estas condiciones, hay un sector externo menos dinámico, en el que los precios internacionales, han ayudado, en general, a mantener el superávit y no necesariamente un mayor volumen de exportación, como lo sucedido con el crudo ecuatoriano. Esto limita las posibilidades de crear fuentes de empleo adicionales, desvelando, más bien a una economía muy dependiente de los commodities.

 

Lo cierto es que, si voces afines al gobierno hablan de un auge económico, hay que decirles que la realidad es bastante diferente y que no se puede ocultar el sol con un dedo. En esa línea de reflexión ayudaría mucho que el INEC, verbigracia, presente las cifras actualizadas de empleo, pobreza y desigualdad lo que nos daría una radiografía aproximada de la salud de una economía que no despega.

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