miércoles, junio 17, 2026
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Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El Mundial y los sueños

EL fútbol dejó de ser un juego libre. Ahora se asemeja al mundo laboral: predomina lo cuantitativo, el número de goles a favor o en contra de un equipo, los puntos que recibe por sus victorias o empates y el papel que para un conjunto tiene el lugar que ocupa en la tabla de posiciones.

En un mundo polarizado, en el que las diferencias sociales, culturales, económicas y políticas se han vuelto enormes, el fútbol aparece como un amortiguador. “Los goles que se convierten en la cancha son los goles en contra de los dominados”, sostiene Gerhard Vinnai. En su libro El fútbol como ideología, Vinnai examina los cambios que experimentó este deporte, dejando de ser un juego libre. Ahora se asemeja al mundo laboral. En el fútbol predomina lo cuantitativo: el número de goles a favor o en contra de un equipo, los puntos que recibe un equipo por sus victorias, derrotas o partidos empatados y el papel que para un conjunto tiene el lugar que ocupa en la tabla de posiciones.

Vinnai explica cómo el fútbol tiende a hacerse cada vez más veloz. La cada vez mayor capacidad de rendimiento físico de quienes lo practican limita el tiempo de los jugadores para reflexionar y tomar decisiones tácticas. En cierto modo, los jugadores deben ser “programados” por su entrenador para los partidos, de manera que ellos puedan responder automáticamente a determinadas constelaciones de juego. Se ha vuelto además un espectáculo. “Los 22 atletas proveen a los millares que colman las tribunas una exhibición deportiva en los campos futbolísticos”.

Pero esta fiesta que ha adquirido una dimensión mundial requiere una organización empresarial multinacional. Martín Caparrós lo describe: “El mundo gasta tanto en fútbol, no es solo un gran negocio las ventas de derechos de imagen, de publicidad, de camisetas, de jugadores, de partidos. El fútbol les paga a unas pocas docenas de muchachos millones y millones”. Caparrós reflexiona: “Los mundiales limpian, fijan, dan esplendor, consiguen que nos resulten interesantes, simpáticas sus sedes infectadas. No hay, supongo, por ahora, forma de no sentarse frente al televisor. Pero quizá, por lo menos vale la pena saber —pensar, recordar— lo que hay detrás de esas tribunas de colores”

En las etapas primitivas de este deporte, reseña Vinnai, había una medida relativamente elevada de autonomía. Las primeras reglas aún no contenían disposiciones acerca del número de jugadores, duración del juego, penas y evaluación del juego. Tampoco se conocían los árbitros. Actualmente, las reglas se fijan en conferencias internacionales en todos sus pormenores. En el fútbol primitivo, tal como se jugaba antes de 1850, se desconocía la especialización.

Hoy, entrenamiento del deportista de alto rendimiento comienza como un proceso de producción en el laboratorio de investigaciones. Médicos y entrenadores planifican los campeonatos con anticipación. Dice Vinnai, la máxima de la teoría del entrenamiento impone extraer el mayor rendimiento deportivo al “potencial psicofísico” dado, la “intensificación de los estímulos físicos y psíquicos hasta el logro de la actividad funcional óptima del organismo”.

El fútbol profesional está a cargo de empresas económicas muy técnicas y sofisticadas. La reconstrucción típica ideal de una carrera futbolística exitosa se inicia con la búsqueda de talentos futbolísticos. Con la firma de un contrato comienza una incierta carrera. Se vuelve empleado de una empresa a la que el jugador vendió sus capacidades. Su fuerza de trabajo se podrá vender, después de algún tiempo, en el mercado de jugadores.

Difícil que en esas condiciones los sueños venzan a la realidad. El equipo de la TRI, sin duda, ha avanzado. Ya no fue impensable la clasificación al mundial. Hoy es posible soñar en otros objetivos. Pero el Ecuador debe seguir el ejemplo de la TRI. Nuestra política está rezagada. Debe profesionalizarse como el fútbol. Para eso hace falta abandonar la improvisación, la indisciplina, la corrupción, la ineficiencia. El Mundial es un espejo de talentos, de esfuerzos y compromisos. Necesitamos una hinchada ciudadana que reivindique la política.

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