lunes, julio 27, 2026

El «Guayaquil» de Borges, una sutil revancha política

La conversación entre Bolívar y San Martín generó y genera especulaciones, interpretaciones y vacíos. ¿Qué se dijeron en la reunió que definió el destino de la libertad sudamericana? El que se encargó de afrontar semejante misión fue nada más ni nada menos que el escritor más importante en castellano, Jorge Luis Borges (1899-1986) en su cuento Guayaquil.

Andrés Lasso Ruales

Por: Andrés Lasso Ruales

El 26 y 27 de julio de 2026 se cumple otro aniversario más de uno de los acontecimientos o sucesos históricos más intrigantes de la Historia sudamericana y porque no de la universal. La entrevista entre Simón Bolívar (1783-1830) y el general argentino, José de San Martín (1778-1850) que sucedió en Guayaquil dejó un misterio, un vacío histórico que provocó para los y las revisionistas de la región varias conjeturas sobre de qué charlaron ambos caudillos esos dos días fundamentales para la libertad del pueblo sudamericano de la Corona española, incluso generó un eco que recaló en la Literatura Hispanoamericana.

El que se encargó de afrontarlo o de semejante misión fue nada más ni nada menos que el escritor más importante o uno de los más destacados del castellano, Jorge Luis Borges (1899-1986) en su cuento Guayaquil.

Este ensayo va a analizar este cuento borgeano que escribió para la compilación de relatos llamado: El informe Brodie (1970). En este mes la entrevista entre “El Libertador” y “El Protector del Perú” cumple 204 años.

Una sutil revancha política

El Guayaquil de Borges es un cuento para lectores exigentes, la mayoría de relatos del escritor argentino están diseñados para obligar o son una invitación a la lógica y el razonamiento y ahí esta lo extraordinario del escritor argentino que todos sus cuentos pueden generar varias interpretaciones y críticas, el narrador provoca al lector que incluso continúe la trama.

El estilo narrativo de Borges gira en los principales tópicos o ejes temáticos de una creación literaria: obra, autor y lector que estudiaron intelectuales como Roland Barthes (1915-1980), Gérard Genette (1930-2018) o Umberto Eco (1932-2016).

El escritor argentino en este cuento parodia a través de la literatura lo que pudo ser o cómo pudo ser la reunión entre Bolívar y San Martín y el concepto de política, para eso, inventa dos historiadores uno sanmartinano tradicionalista argentino que es el narrador del cuento y el otro corresponde a un revisionista extranjero y judío el Dr. Eduardo Zimmermann.

Borges para llegar a ese encuentro coloca al historiador argentino como narrador en primera persona que explica el descubrimiento de las cartas inéditas de Bolívar, en dónde sugiere cautelosamente que ahí puede encontrarse un rastro de lo que sucedió en la entrevista de ambos caudillos sudamericanos y para eso utiliza una retórica o inicio discursivo intelectual altisonante:

“No veré la cumbre del Higuerota duplicarse en las aguas del Golfo Plácido, no iré al Estado Occidental, no descifraré en esa biblioteca, que desde Buenos Aires imagino de tantos modos y que tiene sin duda su forma exacta y sus crecientes sombras, la letra de Bolívar.

Releo el párrafo anterior para redactar el siguiente y me sorprende su manera que a un tiempo es melancólica y pomposa. Acaso no se puede hablar de aquella república del Caribe sin reflejar, siquiera de lejos, el estilo monumental de su historiador más famoso, el capitán José Korzeniovski”.

En estas primeras líneas muestra un tipo de erudición pomposa del narrador e incluso suelta una ironía sobre el conocimiento del Caribe cuando nombra al escritor británico de origen polaco, Joseph Conrad (1857-1924) como el capitán José Korzeniovski  que es uno de los nombres originales del novelista, porque alude a su novela Nostromo (1904) que esta considerada como una peripecia política en el siglo XIX  y que sucede en el Caribe en un puerto llamado Sulaco que no existe y que se declara independiente de una tal nación llamada: Costaguana.

El Guayaquil de Borges es un cuento para lectores exigentes, la mayoría de relatos del escritor argentino están diseñados para obligar o son una invitación a la lógica y el razonamiento.

Más adelante en el relato como guiño literario histórico de esta novela, el narrador explica que las cartas pérdidas de Bolívar pertenecían a un doctor Ricardo Avellanos nieto de un doctor del mismo apellido que se encuentra en la novela de Conrad y que se llamaba, José Avellanos que era el veterano estadista de Costaguana amante por la democracia y el progreso, nunca se refiere a Venezuela.

No sé sabe si en este comienzo Borges quiere ironizar a Bolívar, que fue el que recibió a San Martín, o sea, el anfitrión para confrontarlos de manera intelectual. Según el ensayo <<Dos soles no pueden brillar bajo el mismo cielo>> La entrevista de Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar (1822) de Javier Pérez, César Puerta y Daniel Morán  explica que San Martín el 18 de julio de ese año escribió una carta indicando que salía del Puerto de Callao con dirección a Guayaquil y que luego iría a visitarlo a Quito, Bolívar creo que lo tomó a mal:

“Sucre y Bolívar llegaron a Guayaquil el 11 de julio de 1822 al mando de 5000 hombres, con lo cual evitaron que San Martín llegara a Quito; y —lo más importante— afirmaban su autoridad y soberanía más militar que política sobre Guayaquil, debido, entre otras razones, a que los guayaquileños estaban divididos entre autonomistas, separatistas y anexionistas a Colombia o al Perú; opciones que estaban a la espera del desenlace del proceso independentista para definir su destino”.

Por otro lado, puede ser que Borges comprendió por su proceder que Bolívar desconfiaba de San Martín porque pensó que iba con ínfulas de conquistar Guayaquil, ciudad que todavía no se había decidido si pertenecer al Ecuador de la Gran Colombia o al Perú, entonces, puede ser que El Libertador cayó en un chauvinismo extremo y en una especie de xenofobia frente a San Martín y de defender su legado.

Entonces, parece o lo que se puede leer en el cuento de Borges es que este anfitrión es desconfiado y va a contar un evento penoso con el otro historiador que también disputa en ir a revisar las cartas pérdidas del “Libertador” y sobre todo una fechada en Cartagena el 13 de agosto de 1822 después de la entrevista de Guayaquil.

En el relato gracias a una gestión del doctor Melaza, cuenta el narrador, se pudo conseguir que un delegado argentino vaya a Sulaco, otra vez, Conrad, a sacar copias del epistolario de “El Libertador” para llevar esas réplicas de las misivas a la Argentina.

Puede ser que Borges haya comprendido que Bolívar desconfiaba de San Martín, porque pensó que iba con ínfulas de conquistar Guayaquil, ciudad que todavía no había decidido si pertenecer al Ecuador de la Gran Colombia o al Perú.

Cuando el narrador presenta al Dr. Zimmermann lo califica como historiador extranjero, cómo que se indigna que no sea su compatriota:

“arrojado de su país por el Tercer Reich y ahora ciudadano argentino. De su labor, sin duda benemérita, sólo he podido examinar una vindicación de la república semítica de Cartago, que la posteridad juzga a través de los historiadores romanos, sus enemigos, y una suerte de ensayo que sostiene que el gobierno no debe ser una función visible y patética”.

El autor de Guayaquil también pudo tener la intención de criticar a San Martín de no prepararse antes de su visita, por eso, en su relato hace que el visitante, Zimmermann venga preparado a imponer su voluntad sobre la  base de elogios, zalamerías y un discurso de doble sentido:

“Ah, Schopenhauer, que siempre descreyó de la historia… Esa misma edición, al cuidado de Grisebach, la tuve en Praga, y creí envejecer en la amistad de esos volúmenes manuables, pero precisamente la historia, encarnada en un insensato, me arrojó de esa casa y de esa ciudad. Aquí estoy con usted, en América, en la grata casa de usted..”

La idea del gobierno argentino según Borges en este cuento es que ambos delegados de dos universidades de la nación de prestigio, que no nombra, lleguen a un acuerdo y decidan quién tenía que ir a la misión de fotocopiar las cartas de Bolívar.  Entonces, el ministerio le indica al narrador que Zimmermann lo va a contactar para ese propósito:

“Accedí, como es natural. De vuelta a casa, me dijeron que el doctor Zimmermann había anunciado por teléfono su visita, a las seis de la tarde.

Vivo, según es fama, en la calle Chile. Daban exactamente las seis cuando sonó el timbre”.

Lo interesante de este pasaje es que coloca la calle Chile, Borges, tal vez, denominando el nombre del país trasandino lanza una ironía contra San Martín que decidió él ser el visitante, tranquilamente podía invitar a Bolívar a Chile en dónde si era fuerte porque en Lima ya estaba desgastado políticamente.

El narrador describe a su invitado desde que entra a su hogar y se percata que es un hombre común incluso lo califica “de cuarenta años y algo cabezón”:

“Usaba un mesurado bigote de corte militar; en el curso del coloquio encendió un cigarro y sentí entonces que había demasiadas cosas en esa cara. Trop meublé, me dije”.

Esas eran las particularidades físicas que tenía el visitante, pero su personalidad o su diplomacia al encarar al dueño de casa, el hombre refinado, el historiador consagrado, demostraba que era más hábil políticamente porque utiliza la estrategia del esbirro, de elogiar delicadamente y de que se sienta cómodo su adversario para siempre cumplir con su objetivo:

“En la sangre. Usted es el genuino historiador. Su gente anduvo por los campos de América y libró las grandes batallas, mientras la mía, oscura, apenas emergía del ghetto”.

A continuación de este enunciado, de una manera sutil como si fuese una mariposa volando en la primavera, Zimmermann sigue su loa diplomática con el dueño de casa y le dice que él lleva la Historia en su sangre y por eso ya no necesita más proyectos:

“Yo, en cambio, debo transferirme a Sulaco y descifrar papeles y papeles acaso apócrifos. Créame, doctor, que lo envidio”.

En el artículo, El Guayaquil de Borges. Ser y lectura en psicoanálisis (2023), Santiago Rebasa indica como comprendió el cuento a través de la lectura del libro-ensayo: Factor Borges (2004) del escritor argentino, Alan Pauls (59):

“No sólo San Martín representa como prócer a la Argentina de entonces, y a la posterior, frente a Bolívar. También el drama es mirado por la entrevista con E. Zimerman. Es esa puesta en abismo (mise en abyme) que el cuento multiplica: dos reyes juegan ajedrez y así miran la batalla entre sus soldados, caballos, etc; el encuentro, la entrevista, el cruce, el entrevero”.

“En la sangre. Usted es el genuino historiador. Su gente anduvo por los campos de América y libró las grandes batallas, mientras la mía, oscura, apenas emergía del ghetto”.

La conversación de ambos historiadores continúa y llega a la charla que sucedió en Guayaquil entre los dos caudillos y en la supuesta carta que Bolívar, por conjetura, de ambos fue para justificarse de la entrevista con San Martín, sobre todo, en el historiador visitante que daba su hipótesis de la epístola o misivas de “El Libertador”: “habrá que sopesarla, examinarla, pasarla por el cedazo crítico y, si es preciso, refutarla. Nadie más indicado para ese dictamen final que usted, con su lupa.” Pero el que se iba para Sulaco por el epistolar era Zimmermann.

Después los revisionistas empiezan a sacar hipótesis y divagar sobre todo de la actitud de San Martín y en esa parte viene lo extraordinario del cuento Guayaquil: a Borges no le importa dar todo por sentado, para él la textualidad literaria está en la sugerencia, en el entre, no en el resultado sino en la incertidumbre de la consecuencia:

“Observé que, de cualquier modo, sería interesante recuperar las precisas palabras que se dijeron el Protector del Perú y el Libertador.

Zimmermann sentenció: —Acaso las palabras que cambiaron fueron triviales. Dos hombres se enfrentaron en Guayaquil; si uno se impuso, fue por su mayor voluntad, no por juegos dialécticos.

Como usted ve, no he olvidado a mi Schopenhauer.

Agregó con una sonrisa: —Words, words, words. Shakespeare, insuperado maestro de las palabras, las desdeñaba. En Guayaquil o en Buenos Aires, en Praga, siempre cuentan menos que las personas”.

Andrés Lasso Ruales

Andrés Lasso Ruales

Cronista y ensayista. Máster en politícas ambientales y territoriales por la Universidad de Buenos Aires. 

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