En Europa se preocupan por el calamitoso estado de Cuba. Los medios reportan los apagones de 18 horas, la pobreza general, la situación política e incluso titulan que es «el fin de la revolución». Pero la Unión Europea (UE) aparece dividida en este tema. El Parlamento Europeo (PE) ha solicitado la suspensión del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con Cuba por los incumplimientos de la nación de Fidel Castro, mientras que la Comisión Europea (CE) se ha negado a activar ese pedido. Además, la UE financia 80 proyectos en Cuba, con 177,47 millones de dólares.
Plan V conversó con el PhD, Loris Zanatta, sobre Cuba. Él es historiador y ensayista italiano, investigador en Historia e Instituciones de América Latina en el Departamento de Ciencia Políticas y Sociales de la Universidad de Bolonia. Ha escrito libros sobre América Latina y ha sido editorialista de los diarios argentinos La Nación y Clarín.
El 89% de las familias cubanas vive en condiciones de extrema pobreza, el 77% quiere emigrar y el 62% está preocupado por el colapso energético. El turismo ha bajado en un 50% y para llenar de gasolina un auto es necesario esperar tres meses. ¿Es el fin de la revolución cubana, como han escrito los diarios italianos?
Cuando Fidel Castro tomó el poder, una de sus primeras declaraciones fue: “Ahora que nos liberamos del imperialismo seremos el país más rico del mundo”. Pero, el panorama real es lo que usted describió, esos son los hechos y no de hoy. En la actualidad, se han agravado extraordinariamente, la revolución ha sido un fracaso y estamos hablando de la dimensión económica. Si habláramos de los derechos individuales, las libertades, la creatividad, la libertad, peor todavía, Cuba está en el colapso, vive una crisis económica y humanitaria. En particular después de que sus aliados, como Venezuela y Rusia, la dejaron sola.
En el plano político, ¿cuáles podrían ser las vías de salida de este país?
No lo sé, soy historiador, entiendo mejor la perspectiva a corto y largo plazo. A corto plazo, la solución está en manos del régimen cubano: debe comenzar hoy mismo a introducir reformas en serio, o sea, la liberalización económica y política, sacar a los presos políticos de las cárceles, dar acceso libre a la prensa y a todo. Pero el Gobierno se está defendiendo a sí mismo; sabe que, si se abre, se termina el régimen de la revolución cubana.
En cambio, a largo plazo la situación es especialmente complicada, porque hablamos de un país donde hace casi 70 años no existe una verdadera sociedad civil autónoma del Estado y es muy difícil crear un sistema democrático, pluralista, gobernable en un contexto donde ha sido eliminada esa sociedad civil. Lo único posible es que exista un sector abierto y reformista en ese mismo régimen, pero nadie sabe si lo hay.
Vemos diálogos entre Estados Unidos y otros países, pero no sabemos nada sobre Cuba. Sin embargo, es imposible que salga una nueva sociedad civil y democrática por fuera del régimen, porque él lo ocupó todo durante esos casi 70 años.
Estados Unidos ha amenazado a la Isla con una intervención similar a la de Venezuela, si no hay un cambio de gobierno ni elecciones democráticas. ¿Cuál es su opinión sobre esto?
Bueno, la primera impresión es que a Estados Unidos en el caso de Venezuela no le interesó de manera prioritaria ni la democracia, ni los derechos humanos, ni el autogobierno. Es decir, me parece que EE.UU., bajo la administración Trump, está más interesado en tener hegemonía y un control total del hemisferio porque compite con China.
No me imagino a EE.UU. interviniendo para propiciar la democracia en Cuba. Puede hacer como en Venezuela, sacó a Maduro y empujó a un cambio radical de alianzas internacionales del Gobierno venezolano. Pero, además, sacaron en un lecho de rosas a la principal dirigente de la oposición, María Corina Machado. Es decir, Estados Unidos encontró en Venezuela una figura del régimen chavista que le garantizaba estabilidad y control, no democratización. Pero, ¿existe una figura así en Cuba?
A veces cuesta tomar en serio Donald Trump, pero vimos que hasta logró cambiar las reglas del fútbol internacional, así que cómo no va a conseguir que su brazo derecho llegue a la presidencia de Cuba.
El objetivo de Estados Unidos en Cuba no es democratizar ese país, sino tener el control absoluto sobre él. Trump tiene una oportunidad histórica, por culpa o responsabilidad también de todos, incluidos los europeos, que durante décadas fueron demasiado tolerantes con el Gobierno cubano.
Donald Trump dijo que el secretario de Estado americano Marco Rubio podría convertirse en el próximo presidente cubano. ¿Qué piensa sobre esto?
No sé, a veces cuesta tomar en serio Donald Trump, pero vimos que hasta logra cambiar las reglas del fútbol internacional, así que cómo no va a conseguir que su brazo derecho llegue a la presidencia de Cuba, no sé, la verdad. Para llegar a elecciones libres en Cuba hay que dar muchos pasos. Por ejemplo, crear instituciones independientes, autónomas, necesarias. Es un proceso tan complejo que probablemente cuando termine ya Trump no estará en la Casa Blanca. Y si eligen a Marco Rubio será una decisión de los cubanos, no de Trump.
En Europa el Parlamento, con una mayoría de 238 votos de conservadores populares y liberales, exige el congelamiento inmediato del Acuerdo del Diálogo político y de Cooperación entre la Unión Europea y Cuba, hasta que ese país no haga una transición democrática y verificable. ¿Cómo ve este escenario?
Los europeos han estado del lado de Cuba y hay dos situaciones para considerar. La primera, pretendieron mantener una posición de equilibrio y de diálogo con Cuba frente a las denuncias de violaciones de los derechos humanos. Pero ese equilibrio no funcionó nunca, no dio resultados porque el Gobierno cubano liberaba un par de presos políticos y Unión Europea hacía una concesión. Eso significa que la UE no entendió el problema cubano.
La segunda, la UE delegó a España su política latinoamericana. Pero, esa política, en especial la del Partido Socialista Español, fue vinculada al mito del pasado que no tiene ninguna correspondencia con la realidad actual.
Todo el mundo ve que los cubanos desean, en su grandísima mayoría, que pase algo, pero los europeos se quedaron descolocados y divididos. Piden una actitud mucho más proactiva por parte de Europa.
Escribí hace muchísimos años que la izquierda europea con Latinoamérica se hace daño, nunca entendió los rasgos profundamente totalitarios de fenómenos como el castrismo, el chavismo y otros que hemos visto. Fue un suicidio por parte de la de la izquierda europea y ahora está pagando el precio por ello.
Europa debe demostrar que está del lado de la libertad cubana, porque si sigue con esta ambigüedad, fingiendo pensar que el régimen se pueda reformar por sí mismo, es un suicidio.
Bruselas condiciona la continuidad de estas relaciones bilaterales a la liberación incondicional de los 1.300 prisioneros políticos y al cese de la tortura que ha sido denunciada por las pocas asociaciones de derechos humanos en Cuba. ¿Esto tendrá influencia en la UE?
Bruselas quiere eso, pero llevamos 65 años en la misma historia y no pasa nada. He estudiado mucho al régimen cubano, que conoce perfectamente todos los instrumentos para sacar ventajas de estas situaciones, es decir, opera con un claro chantaje. Nunca va a liberar a 1.300 presos políticos, sacará hoy a 10 hoy, mañana a 20, después pedirá que le paguen por ello con presiones políticas. Es un juego que hace décadas.
La Unión Europea se quedó mal y está atrasada en todo. Tiene que pedir más y ser más exigente hasta para balancear el rol de Estados Unidos o para tener una transición democrática en Cuba. Europa debe demostrar que está del lado de la libertad cubana, porque si sigue con esta ambigüedad, fingiendo pensar que el régimen se pueda reformar por sí mismo, es un suicidio.
¿Es positivo pedir sanciones directas con contra el presidente cubano Miguel Díaz Canel o es una cuestión que deben resolver los propios cubanos, como dicen ellos?
Me gusta la idea de que los cubanos solucionen sus problemas solos, pero obviamente no pueden. El régimen lo impide porque tiene el monopolio del poder. Están jugando en una cancha inclinada. Si de verdad creemos en los valores de la democracia, tenemos que hacer las presiones necesarias para que estos regímenes entiendan que deben avanzar hacia una rapidísima transición democrática. Entonces, las sanciones son buenas, son formas de presión, pero que sean en serio, no un instrumento de negociación.
Latinoamérica siempre fue una fábrica de mitos, que son esencialmente antiliberales, anticapitalistas; es el odio a la tradición ilustrada occidental y la región es una fábrica en ese sentido y ese tipo de izquierda no va a cambiar.
Europa podría apuntar hacia un aislamiento internacional más severo de Cuba porque está en el medio Estados Unidos. ¿Es así o no?
No estoy en condición de decirlo. Todos vemos un contexto de tirantez enorme entre Estados Unidos y Europa. Es comprensible que Europa no quiera de manera mayoritaria alinearse con Estados Unidos y que prefiera mantener una política autónoma hacia Latinoamérica. En el caso de Cuba, es necesario favorecer la transición a la democracia en el marco del derecho internacional. De ahí que Europa, por ejemplo, le envía ayuda humanitaria a Cuba, pero no tiene instrumentos para obligar a México ni a Venezuela a no dar petróleo a ese país. De manera, que Europa tiene una voz bastante apagada sobre Cuba, es decir, no tiene tanta influencia. El juego está con Estados Unidos y la izquierda europea siempre ha defendido el sistema cubano.
El Viejo Continente ha cerrado los ojos sobre los prisioneros políticos y siempre le ha echado la culpa del bloqueo de los Estados Unidos de ser el responsable de todos los males de la isla. ¿Usted cree que la izquierda europea va a cambiar este comportamiento que tiene con respecto a Cuba o no?
Al final de la Guerra Fría, las reformas que hizo Gorbachov en la Unión Soviética también trataron de llegar al régimen cubano. Es el caso del famoso general Ochoa, que Fidel Castro solucionó con un fusilamiento. Hubo una ola democratizadora en todos los viejos partidos comunistas, especialmente en los italianos y españoles, que empezaron a distanciarse de Cuba. Sin embargo, después dieron marcha atrás y hoy estamos de vuelta a una izquierda de tipo populista, no ilustrada, que tiene una visión del mundo de tipo fanático-religioso, no racional ni legal. Esta izquierda sigue romantizando a Cuba, como romantizó a Chávez, al indigenismo, porque no sabe nada.
Doy charlas y escucho cosas impresionantes. Hay mucha ignorancia al respecto, Latinoamérica siempre fue una fábrica de mitos, que son esencialmente antiliberales, anticapitalistas; es el odio a la tradición ilustrada occidental y la región es una fábrica en ese sentido y ese tipo de izquierda no va a cambiar.
Norberto Fuentes, un intelectual cubano en exilio, dijo en una entrevista en el diario romano Repubblica que “no tiene sentido en tomar el poder para dar dinero y alimentos a 10 millones de personas que mueren de hambre”. ¿Qué dice usted?
No tengo una respuesta. Si Trump invade Cuba sería una marcha triunfal para él, veríamos a los cubanos en las calles festejando la bandera estadounidense a pocos meses de las elecciones de medio período de EE.UU., donde está previsto que Trump pierda, no me sorprendería nada.
Lo digo así, sin tener ningún elemento. Pero, veo el caso de Venezuela, donde tengo conocidos y amigos muy queridos, que no son pro EE.UU., ni pro Trump, ni conservadores, pero que están tan exasperados que si les dijeran: «hoy, Estados Unidos va a tomar el mando en Caracas, lo aplaudirían”. Lo mismo podría pasar en Cuba.

Después, Fuentes tiene razón, ¿por qué hacerse cargo de un país que no tiene nada? Venezuela tiene petróleo, Cuba no, es un país lleno de problemas, y para Estados Unidos sería una carga enorme.
Pero, además, es necesario recordar que, en la mitad del siglo XIX, Estados Unidos propuso a España comprar Cuba, quería que fuera un Estado de la Unión Americana. En Cuba siempre hubo un partido anexionista, o sea que ambicionaba ser parte de EE. UU.
Si se mira un mapa, Cuba resultaría estratégica para Estados Unidos, tenerla cercana, dominada, sometida, además por el valor simbólico que ha asumido la revolución, sería como una medalla para Trump, más importante que el Nobel regalado por María Corina Machado.
Si el ciudadano para vivir, ir a la escuela, ir al hospital, comer o para cualquier cosa necesita del Estado, obviamente que no es un ciudadano libre, es un súbdito.
Pero parece difícil una revolución en la propia Cuba. Los militantes con uniforme verde olivo son la mayoría y han declarado que prefieren morir combatiendo. Entonces, ¿cómo puede cambiar el régimen?
Bueno, generalmente, en este tipo de regímenes si miramos a la historia hay un control de toda la vida pública y privada de cada uno de los cubanos, por eso es imposible que surja una oposición organizada. Si el ciudadano para vivir, ir a la escuela, ir al hospital, comer o para todo necesita del Estado, obviamente, no es un ciudadano libre, es un súbdito. En Cuba hay protestas y están creciendo, porque falta comida, luz, medicamentos.
Una intervención externa pone fin a estos regímenes o colapsan en su interior. Pero el colapso implica que una parte de ese régimen se desmorona. Es decir, que los militantes de verde oliva dejan de servir el régimen, de bajar a la calle a reprimir, porque renuncian o dejan de creer o simplemente piensan que ya no hay nada para defender y es mejor posicionarse para el futuro, o sea, por oportunismo. Pero, ese desprendimiento desde adentro del régimen, es fundamental. Entiendo que la estrategia de EE.UU. es apretar, apretar, hasta cuando haya un colapso al interior de ese régimen.
¿Cómo ve América Latina, cuyos gobiernos han girado hacia la derecha, sobre un eventual apoyo a Cuba?
Creo que hay una nueva derecha, con algunos rasgos muy inquietantes y preocupantes, pues no es democrática o no cree en la democracia. Es obvio que la coyuntura hemisférica es muy favorable a un aislamiento de Cuba, nunca fue tan aislada en la región como hoy. Pero es imposible no reconocer que la misma Cuba y aún más Venezuela tienen una enorme responsabilidad en esto por sus aliados, su autoritarismo, su fanatismo y anacronismo ideológico.
Ahora, en las condiciones actuales, Cuba está aislada en Latinoamérica. En otro momento se podría pensar en una iniciativa latinoamericana, pero en la mayoría de los países de la región tiene afinidades políticas ideológicas de derecha, anti Cuba para decirlo de alguna forma.
Se podía pensar que se organicen para contribuir a una solución pacífica, porque el riesgo de un baño de sangre siempre está a la vuelta de la esquina. Pero no hacen nada. Le delegaron a Estados Unidos, aceptan el liderazgo de Trump, que tampoco es eterno.
Esto me parece una apuesta muy miope por parte de Latinoamérica y de sus gobiernos actuales. Deberían actuar de forma autónoma, finalmente también es su Hemisferio.

