jueves, abril 30, 2026
Ideas
Alexis Oviedo

Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

El mal menor

Mayor o menor, ambos son males, ambos lados están salpicados por la corrupción y la narcopolítica. Votar nulo es rechazar a ambos; sin embargo, una cosa es invitar a anular el voto teniendo un empleo, una renta mensual o un sueldo.

Mientras converso con mi vecino, al tocar el tema electoral me dice que como su candidato no pasó a segunda vuelta poco le importa quién gane. “Con cualquiera, me toca seguir trabajando en el taller mecánico,” dice. Con esto insinúa que el nuevo mandatario del país no influirá en su futuro económico, para mi vecino, su condición económica depende solo de él y de su trabajo. Verdad a medias, porque si un día sin trabajo es un día sin ingreso y atraer clientes y ganárselos a su competencia depende exclusivamente de él, quien dirija los destinos del país determina su economía.

Medidas económicas, las políticas públicas, subsidios a determinados bienes o impuestos que afecten a determinado sector inciden en la mejora o deterioro de su negocio. Si sus clientes disminuyen, es porque buscan un mecánico más barato, porque vendieron su auto, no pudieron mantenerlo o se necesitaron dinero para satisfacer necesidades básicas. Quizás perdieron sus ingresos a consecuencia de medidas gubernamentales que afectaron el mercado de trabajo o por cargas impositivas.

La economía, ese circuito de ingreso y consumo (dejando atrás ahorro e inversión) y las decisiones de los administradores de un Estado regulador o no de la actividad del mercado es determinante. Los giros en ese rol del Estado y sus consecuencias varían en estos últimos años. En el período correísta el Estado se fortaleció (se hizo adiposo, según otros) y con ello subrayó su rol de empleador principal. Mejoraron los servicios desde el incremento de la burocracia y la tecnocracia. Desde la inversión y obra públicas se contrataron empresas que emplearon tanto a profesionales como a obreros. Empleados estatales y privados mejoraron ingresos y consumieron más, en especial en los grandes monopolios comerciales, que incrementaron sus ganancias y sus utilidades de manera astronómica.

El gobierno de Moreno, abiertamente neoliberal desde el 2018, redujo el Estado y con los despidos aumentó el desempleo. Aprovechando la pandemia, lanzó sendas leyes a favor de los empresarios que facilitaron el despido de más trabajadores. Con ello, desde la misma lógica ingreso/ consumo, los pequeños comercios y servicios vieron decaer su economía. El 2021, Moreno entregó el gobierno con una recesión económica en ascenso.

Guillermo Lasso siguió en el neoliberalismo, pero se diferenció de su predecesor. Si Moreno respondía a los intereses de la Asobanca y quería contentar a diversos sectores empresariales, Lasso focalizó su interés en su propio emporio, el Banco de Guayaquil, el tercer Banco más poderoso después del Pichincha y del Pacífico, el banco estatal. La (única) preocupación del presidente Lasso fue eliminar a su competidor inmediato, se obsesionó con la venta del Pacífico, tratando de que una parte del mismo pase a sus manos, con dueños ficticios, por supuesto. Esa era la obra de Lasso, la obra para sí mismo, mientas los niveles de inversión y de ejecución públicas no pasaron de un 20% (en promedio). Ciertas carteras de Estado, en especial del sector social tenían incluso números rojos por falta de gestión. Y siguió avanzando el desempleo, se fueron empresas del país y otras cerraron. A un amplio sector de profesionales en relación de dependencia les incrementaron los impuestos en un 300%, con lo cual los sectores hotelería, restaurantes, centros de diversión, librerías, cines, vieron desmejorar su economía, al ser golpeado el sector que consume cultura y hace turismo. Lasso renunció cuando el escándalo de su cuñado olió a narcopolítica.

Noboa llega autodenominándose socialdemócrata y admirador de Lula. Arriba al poder y no se preocupa, como Lasso, de un solo negocio, se preocupa de varios. No es individualista, piensa en toda su familia. No solo vela por el grupo económico Noboa de su padre Alvaro, sino también por el grupo económico Nobis, de su tía Isabel. Subsana históricas diferencias entre los Noboa Pontón y recompone la armonía familiar desde el uso y el abuso del Estado. Su primera medida es una remisión monetaria a medida de su papá, quien, sin embargo, no paga el capital adeudado al SRI (94 millones de dólares). Luego favorece con contratos estatales a la tía, usa el erario público para beneficio del hermano, intenta que su esposa haga su negocio inmobiliario pasándose por el forro la legislación ambiental, hace una millonaria compra falseta con su amigo ministro…

Mientras, la obra pública brilla por su ausencia… ¡Es lógico! Si ha puesto como ministros a sus amigos, a los más ignorantes, indolentes e incapaces. En un año de gobierno no hay cartera de Estado sin una decisión desacertada, pero quiere quedarse cuatro años más. ¿Cuál será la nueva embajada tomada por asalto? ¿Qué infraestructura estatal se caerá por falta de mantenimiento?, ¿Qué provincia sufrirá los nuevos accidentes ambientales? ¿De qué nuevos negocios se beneficiará la ampliada familia Noboa? ¿Qué pozos petroleros se entregarán a cual pariente?

Parecería que lo más adecuado es que nuevamente el Estado recupere su fortaleza, trayendo algunos millones de dólares que reposan en los bancos internacionales gracias a las leyes de Lasso que destinó esos dineros para pagar ahorristas en caso de quiebra bancaria. Con una empresa privada que no genera empleo, parece que el rol de empleador debe asumirlo otra vez al Estado, dinamizando una economía que ya no está en recesión, sino totalmente deprimida desde la obra pública. Quizás resta votar por quien propone ese modelo, el mal menor, la candidatura auspiciada por un energúmeno cuyo gobierno no estuvo exento de corrupción, pero esperando que desde lo económico pague las deudas que no cumplió Correa, entre ellas potenciar la pequeña y mediana industrias, y la economía popular y solidaria.

Mayor o menor, ambos son males, ambos lados están salpicados por la corrupción y la narcopolítica. Votar nulo es rechazar a ambos, sin embargo, una cosa es invitar a anular el voto teniendo un empleo, una renta mensual o un sueldo. Es más fácil llamar al nulo desde un discurso “alternativo” mientras se mira llover desde una mullida cama en La Floresta, la González Suárez o en el valle de Cumbayork y no con el agua hasta la cintura en una ciudad inundada.

Aún sin saberlo, importa mucho quién gane la elección del 13 de abril, si se vive al día vendiendo caramelos o se tiene un negocio (la mecánica de mi vecino) al que no entra nadie. Se debe votar por quien pueda cambiar las cosas si es que teniendo un título no se consigue trabajo porque este sólo lo da el capital social.

Los principios o la ideología sustentan, pero en esta coyuntura el voto nulo tiene un tufo de autocomplacencia y lavado de manos. Pensando en los otros, quizás el mal menor debe ganar las elecciones, no creyendo que traerá mejores días, sino esperando que sean menos los días horribles para los más pobres, quiénes de continuar en el modelo neoliberal de Noboa, perderían su futuro, si es que antes, porque no decirlo, no pierden sus vidas.

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