martes, abril 21, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

El gran debate nacional: ¿somos o no somos un narcoestado?

El artículo de Alexander Clapp, de The Economist, no destapa ni revela nada que no supiéramos. Se trata más bien de una constatación, de un reporte riguroso sobre una realidad que ha sido ampliamente documentada y analizada desde el periodismo nacional y desde la academia.

Gran revuelo ha causado la publicación de un artículo en la revista The Economist donde califican al Ecuador como un narcoestado. Como si fuera una novedad. En seguida, nuestro incorregible espíritu parroquiano estalló de indignación y vergüenza: que un medio de comunicación extranjero difunda una verdad que deberíamos mantener guardada en el estrecho cofre de la soberanía nacional es inaceptable.

Lo lamentable del hecho es que el debate nacional se ha centrado en la forma y no en el fondo. Que si el término narcoestado es adecuado; que no se puede hacer generalizaciones; que la información es cierta pero imprecisa; que no se define en qué nivel de contaminación criminal nos encontramos, si incipiente, medio o elevado. En fin. Parece que a los políticos y a las autoridades nacionales no les interesa coger al toro por los cuernos.

No se puede ocultar tras un velo de hipocresía general un fenómeno que viene ocurriendo desde hace medio siglo, y frente al cual ningún gobierno pudo o quiso hacer algo. El mito de la isla de paz con el que las élites ecuatorianas apuntalaron su modelo de dominación terminó despedazado por la presión de los hechos. La pobreza, la marginalidad y las profundas desigualdades socioeconómicas tenían que desfogarse por algún boquete, y lo hicieron por el peor de todos.

El artículo de Alexander Clapp no destapa ni revela nada que no supiéramos. Se trata más bien de una constatación, de un reporte riguroso sobre una realidad que ha sido ampliamente documentada y analizada desde el periodismo nacional y desde la academia.

Que ahora algunos ecuatorianos se rasguen las vestiduras por la supuesta afectación a la imagen internacional del país que esta publicación implica no altera en nada la situación. Ahí están los hechos: violencia criminal desbordada, jueces y policías condenados por delincuencia organizada, políticos y ex asambleístas vinculados con los carteles de la droga, cárceles controladas por las bandas criminales, penetración del narcotráfico en las más altas esferas de la administración pública… ¿Qué quieren que se piense del Ecuador con la objetividad que proporciona una mirada desde otras latitudes?

Hay preguntas que no se quieren formular porque, además de incómodas, pueden resultar devastadoras. Por ejemplo, ¿qué porcentaje de la economía nacional y de la dolarización se asienta de manera directa e indirecta en el narcotráfico y en el lavado de activos? Y este tema no tiene nada que ver con el artículo de marras.

Los ecuatorianos tenemos una inclinación crónica a los eufemismos, es decir, a designar de manera edulcorada aquellas cosas que nos suenan duras o chocantes. Suponemos que así reducimos el impacto negativo de una realidad difícil de digerir. Inventamos nombres y siglas rimbombantes para evitar llamar a las cosas tal como son. Si en lugar de calificarnos como narcoestado el periodista británico se hubiera referido a un Estado bajo amenaza, un Estado en crisis, un país azotado por el narcotráfico o algún otro eufemismo de ese calibre, su artículo, aunque dijera lo mismo, no habría levantado tanto polvo.

Noviembre 29, 2024

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