miércoles, abril 29, 2026
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Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

El éxtasis de la distopía: ¿Trump nominado al Premio Nobel de la Paz?

El neocolonialismo se basa en la violencia, la segregación al mundo latino para estigmatizarlo como “gente mala” es violencia, vender armas a las naciones más genocidas es violencia y construir imaginarios falsos para controlar el mundo es violencia.

Benjamín Netanyahu ha propuesto a Donald Trump como Premio Nobel de la Paz. Entendemos que vivimos en un mundo distópico, pero Trump recibiendo el Premio Nobel de la Paz sería el éxtasis del genocidio y la locura. El máximo referente del nuevo fascismo del siglo XXI, Benjamín Netanyahu, criminal de niños para la Corte Penal Internacional, propone a su máximo proveedor de armas para uno de los premios más emblemáticos que se entrega a destacadas personalidades que luchan a favor de la paz. El guerrerista de Trump, que recién bombardeó Irán asesinando a más de 250 personas, solo en la realidad paralela de los genocidas podría ser un pacificador.

Make América great again, fue el eslogan de campaña utilizado por Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales. Trump, repitió hasta el cansancio, que parte de la crisis económica de la nación del norte, se debía a la participación absurda de la primera potencia militar en conflictos bélicos intrascendentes donde no tenía ningún tipo de lógica el gigantesco gasto militar que estaba realizando Estados Unidos. Criticó a Biden por la intervención de su país en el conflicto entre Rusia y Ucrania, donde los más interesados por esa guerra eran los europeos.

El candidato a Premio Nobel de la Paz, una vez más ha roto su palabra. Ha iniciado una nueva guerra de impredecibles consecuencias después del salvaje bombardeo del ejército estadounidense a las instalaciones nucleares de Irán. El ayatolá Jamenei advirtió de un daño irreparable, es importante tomar en cuenta que la narrativa de que Irán fabrica bombas atómicas se inició en 1980 y ha sido desmentida por OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica). Obviamente, aquí existirán consecuencias militares, políticas y económicas abrumadoras. Estamos hablando de que Irán no es Palestina, posee un arsenal de misiles nada despreciable y para colmo tiene control sobre el estrecho de Ormuz por donde pasa el 25% del petróleo a nivel mundial.

Desde el punto de vista político, Trump ganó el respaldo de la base evangélica proisraelí, pero buena parte de su electorado se dio cuenta de la similitud entre las razones esgrimidas por el presidente republicano y los pretextos utilizadas por el gobierno de George Bush, en 2003, para invadir Irak distorsionando la realidad con el sonsonete de las armas de destrucción masiva. El mismo guion con otros actores, pero siempre utilizando la narrativa ética de hacerlo en nombre dios y para enfrentar al mal.

Por otro lado, quedó muy claro el poder de AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-israelí), uno de los grupos de lobby sionista que influencia en las decisiones políticas de Washington por el poder económico que posee. Hablamos de cientos de millones de dólares invertidos en la campaña de Donald Trump, lo que sitúa a Israel no solo como un socio sino como una extensión en Medio Oriente de Estados Unidos. Trump al atacar a Irán lo que hizo fue cumplir órdenes de Israel, por demencial que parezca la máxima potencia militar no posee soberanía frente a Israel, y ahí se encuentra la tragedia en Medio Oriente, y también la raíz del actual genocidio en Gaza.

Para Trump es fundamental, desde el punto de vista económico, controlar Medio Oriente, sabe que el sionismo es la forma de colonización más artera para destruir naciones que intenten hacer valer su soberanía en Oriente próximo. Lo triste es que el poder militar de Estados Unidos va acompañado de una campaña ideológica descomunal para crear el imaginario de que las naciones árabes son países de terroristas que merecen ser invadidas y destruidas, porque ahí radica el mal. En definitiva, Donald Trump para este mundo distorsionado y cruel lo que hace es seguir el guion de una película de Marvel, donde lo más ético para un gobernante es enfrentar al mal. Y claro, lo demoníaco pervive en Irán, Irak, Palestina, Líbano, Yemen, Cisjordania y todas las naciones que se oponen a este occidente democrático que lucha implacablemente por la paz mientras realiza genocidios y crea nuevas películas como Top Gun.

El neocolonialismo se basa en la violencia, la segregación al mundo latino para estigmatizarlo como “gente mala” es violencia, vender armas a las naciones más genocidas es violencia y construir imaginarios falsos para controlar el mundo es violencia. Si se le entrega el Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, simplemente estaríamos viendo un acto de violencia simbólica extrema.

 

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