martes, abril 7, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

El eroticidio de Luisa González

En esta cruzada conservadora y moralista, Luisa González presenta al embarazo adolescente casi como un mérito. Solo le falta decir que gracias a esa dura experiencia -y no a pesar de ella- logró llegar a un sitial relevante en la política nacional.

¿Qué significa que una candidata a la presidencia de la república se reivindique como madre adolescente y madre soltera y, al mismo tiempo, se defina como provida y evangélica? Pues que de llegar al poder se convertiría en un peligro para las mujeres; sobre todo, para las mujeres adolescentes.

La correista Luisa González es una curuchupa recalcitrante en asuntos de sexualidad, y una reaccionaria en cuestión de derechos civiles. No cuestiona el embarazo adolescente como una tragedia personal para quien lo experimenta; al contrario, lo considera una cualidad que le sirve para identificarse con las miles de muchachas que han sido víctimas de ese problema.

Con este perfil seguramente estará ansiosa por resucitar el Plan Familia, ese mamotreto fascistoide con el que Rafael Correa pretendió imponerle a la sociedad ecuatoriana sus convicciones y complejos más tóxicos. Es decir, colocar una vez más a la abstinencia sexual -esa anomalía medieval que provoca el entusiasmo de los macarras de la moral, tal como los define Joan Manuel Serrat- al frente de los métodos anticonceptivos. Y, por supuesto, oponerse radicalmente al aborto.

Es penoso constatar que todavía existen militantes correístas informadas e instruidas que, a pesar de autodefinirse como feministas o como defensoras de los derechos de las mujeres, mantienen su adhesión a esta candidatura.

Al parecer, su arribismo social y su aspiracionismo burocrático se imponen sobre sus principios ideológicos. Solo esperan ganar en las elecciones. No cabe otra explicación para su incoherencia.

El debate sobre la sexualidad no es materia menor; al contrario, es un tema tan importante como el extractivismo, por citar solamente al más mediático del momento. Ahí se juegan muchas claves del poder, de las desigualdades e injusticias sociales, de los mecanismos de dominación en una sociedad y de las aberraciones culturales. Atentar contra las libertades sexuales puede ser tan nocivo como atentar contra la naturaleza. Se trata de amenazas estrechamente conectadas porque, en esencia, ambas conspiran contra la vida.

En esta cruzada conservadora y moralista, Luisa González presenta al embarazo adolescente casi como un mérito. Solo le falta decir que gracias a esa dura experiencia -y no a pesar de ella- logró llegar a un sitial relevante en la política nacional. En otras palabras, pretende hacer de la necesidad virtud. Más precisamente, convertir una condición patética en escalera para un oportunismo impresentable: chicas, es bueno embarazarse en la adolescencia para triunfar en la política. No creo que las adolescentes embarazadas compartan este mensaje subliminal.

¿Así piensa la candidata presidencial del correísmo garantizar desde el Estado el derecho a que la juventud disfrute de un sexo seguro? ¿O simplemente está matando el deseo y el placer?

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