Los vientos fueron favorables a Correa en el 2006. Tanto por lo que estaba sucediendo en el Ecuador como por lo que se daba en el entorno regional. Se creía que había una revolución en curso. Ya no era solamente Cuba la que señalaba el camino a seguir. Nicaragua, Venezuela y Bolivia agitaban la misma bandera. América Latina aparecía como un continente en ebullición.
También en el Ecuador aparecían signos de un cambio radical. La democracia a la que habíamos regresado en 1979 no conquistó el corazón del pueblo. Los ajustes económicos no fueron ni son populares, aunque son necesarios. Arrancó una revuelta contra una clase política que tuvo algo de parecido con el pacto de Punto Fijo entre Adeco y Copei en Venezuela. Se esperaba que aquí en el Ecuador también surgiera un líder como Hugo Chávez. Él levantó la bandera de la Patria Grande En Nicaragua el sandinismo anunciaba una transformación. Evo Morales, un indio, llegó al poder con la misión de hacer una revolución en Bolivia.
Es en ese escenario que Rafael Correa emergió como el líder de esa revolución en el Ecuador, cuando habían caído tres gobiernos en seguidilla.
Hoy las circunstancias han cambiado. Tras la muerte de Chávez asciende Nicolás Maduro que lejos de “los encantos histriónicos de su valedor, ha usado para sostenerse la maquinaria de poder chavista, partido-petróleo-ejército-fuerzas de seguridad-colectivos represores, y ya por último recurriendo al truco más antiguo y descarado de la vieja república bananera, el del robo de las elecciones a la vista pública” ( Sergio Ramírez, ex vicepresidente de Nicaragua).
Entre Chávez y Maduro hay matices y diferencias. Desde la muerte de Chávez, cuatro o cinco millones de venezolanos han dejado su país. Ello habla elocuentemente del fracaso de una revolución. También Daniel Ortega en Nicaragua se apropio del sandinismo e instauró una dictadura familiar, junto a su esposa Rosario Murillo. Aumentaron el control sobre la sociedad, tras las protestas masivas de los estudiantes que se tomaron las calles en abril de 2018, y que Ortega no perdonó. En Bolivia Morales no pudo ser reelecto y su pugna con el actual presidente, Luis Arce que fue su vicepresidente, revela también su fracaso. Hoy la economía de Bolivia ha naufragado.
En el Cono Sur el péndulo ha favorecido a tendencias contrarias al populismo y a la derecha. En Argentina, el ascenso de los Kirschner terminó en una derrota electoral frente al neoliberal Javier Milei. En Chile triunfó un socialista moderado. Hay una corriente de izquierda que no ha seguido la ruta del Socialismo del siglo XXI y que se atiene a las normas democráticas.: Brasil, Chile, Colombia y ahora México. Y desde luego, Uruguay.
El modelo del socialismo del siglo XX fracasó en la economía y acabó con la democracia. Corren entonces otros vientos. Lo que pretendió ser una alternativa al neoliberalismo terminó siendo una caricatura de revolución. El manejo populista del Estado fue aprovechado por quienes se valieron del poder con fines de lucro para perpetuarse en él. Un discurso contestatario que fracasó en su aplicación.
En ese contexto, la victoria electoral de Donald Trump en los Estados Unidos es un nuevo factor que modifica el escenario de comienzos del siglo XXI. La guerra de los aranceles ha puesto al mundo a la defensiva. La geopolítica ha sufrido un viraje radical. Los impactos en América Latina son diversos. Dada su fragmentación, no hay una postura única. Cada país debe velar por su propia suerte. Este también es un cambio a tomar en cuenta.
El Ecuador entonces debe definir lo que va a hacer para mitigar estos impactos. La confrontación político electoral no puede dar las espaldas a esta nueva realidad. Se necesita una mirada más amplia, menos doméstica. El Ecuador no es una isla. La negociación con Estados Unidos tiene que tomar en cuenta el informe anual de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR). En él se anotan prácticas comerciales del Ecuador que deben ser corregidas. A tales falencias responde el 10% que se impone a nuestras exportaciones. Las autoridades del país y el sector productivo empresarial ya están tomando nota de esos reparos del informe.
En este nuevo escenario no caben los desplantes que provienen del correismo, como las declaraciones de Correa y de Patiño en un programa de televisión pagado por Putin. Luisa González contrataca y propone subir los aranceles de los productos que Estados Unidos exporta al Ecuador. China puede hacerlo dada su condición de potencia. Son ambiguas sus aclaraciones sobre el tema de la dolarización. El acuerdo con Pachakutik implica reducir los ingresos e incrementar los gastos. Su confesión de que reconocería al régimen de Maduro de ser electa en abril la coloca en la banda de los enemigos de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial. Venezuela ha sido ya golpeado por las medidas arancelarias de Trump que castigan con el 25% a los países que compren petróleo o gas ese país.
El ejemplo de México, por el contrario, muestra otro cuadro. Claudia Sheinbaum trazó una estrategia que consiguió que Donald Trump no le impusiera a México nuevas tarifas.” Esto tiene que ver, ha dicho, con la buena relación que hemos construido entre el Gobierno de México y el de Estados Unidos”
Un futuro gobierno en el Ecuador debe seguir este ejemplo: construir una estrategia público-privada para amortiguar el impacto de los nuevos aranceles a nuestras exportaciones. ¿Cuál de los dos binomios está en condiciones de negociar un acuerdo comercial con Estados Unidos y de liderar en el país un acuerdo entre el gobierno y el sector empresarial?
Rafael Correa no puede entrar a los Estados Unidos, se le quitó la visa. Hoy tiene en su contra juicios que le impiden regresar al país . Por eso su odio a la Fiscal General, Diana Salazar. Ya no es el líder que deslumbró al país en el 2006 ni los vientos que ahora soplan en el mundo le favorecen. La economía ecuatoriana no dispone de los recursos de los que se benefició Correa en los diez años de su mandato. ¿qué le puede hoy ofrecer al país? El modelo económico de Correa es, hoy por hoy, inviable. Tampoco es viable su proyecto político que va por el camino de Venezuela y Nicaragua. La radicalización de su discurso es incompatible con el nuevo orden internacional. Quien resulte electo el 13 de abril debe saber situarse en este contexto regional y mundial , lo cual requiere comprensión de los factores y riesgos en juego y una capacidad para formar un gobierno serio y responsable que haga posible que el país mitigue los impactos económicos de las medidas arancelarias impuestas por Estados Unidos.
Esto rebasa las consideraciones políticas e ideológicas. No es posible dejar de lado la economía; en ella hay una diversidad de intereses en América Latina. Se necesita inteligencia estratégica para lograr resultados positivos en una difícil negociación con Estados Unidos. Trump al final de febrero elogió a Sheinbaum “es una mujer maravillosa, gracias, presidenta Sheinbaum por tu arduo trabajo y cooperación”.
¡Qué diferencia con Andrés López Obrador!
