martes, junio 16, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

¿El calentamiento global es de izquierda o de derecha?

La superación del patriarcado, del colonialismo o del extractivismo depredador, por citar solamente algunos de sus pilares más conocidos, plantea una salida a una forma de poder que ha llevado a la humanidad a una encrucijada.

En una reciente entrevista en un canal de televisión, Osvaldo Hurtado se desató contra la izquierda. Para el expresidente, la persistencia de una izquierda trasnochada y pedestre implica la inexistencia de una izquierda contemporánea.

El razonamiento podría invertirse. Con la misma lógica podría argumentarse que el resurgimiento del fascismo en Europa implica, automáticamente, la inexistencia de la Democracia Cristiana. Para un teórico de las ciencias sociales, que además ocupó la primera magistratura del país, el análisis adolece de un simplismo que agobia.

¿Qué significa para el doctor Hurtado el feminismo, esa doctrina que, al desentrañar los dispositivos del poder masculino y los mecanismos encubiertos de la explotación económica, dio un paso más adelante del marxismo en la crítica del sistema capitalista?

¿Es acaso una ideología inmaculada que únicamente vela por el bienestar de las mujeres? ¿Y los grupos ecologistas que hoy sacuden el vetusto modelo de extracción desaforada de recursos naturales? ¿Representan tal vez la manifestación de alguna neutralidad divina, de esas que provocan el regocijo de los creyentes más inflexibles?

Este error de perspectiva radica en el empeño que ponen ciertos sectores de la derecha en diseñar una izquierda aceptable. Mejor dicho, una izquierda capitalista. Todo un oxímoron, un absurdo teórico y político. Equivale a que la izquierda sueñe con una derecha que coloque la igualdad social en el primer punto de su agenda; o una ultraderecha que abogue por el ecumenismo.

Que Osvaldo Hurtado pondere las virtudes del capitalismo es entendible. El problema es que no se hace cargo de los pasivos. Entre otros –y quizás el más grave–, del calentamiento global que está chamuscando al planeta, un fenómeno humano al que algunos interesados quisieran atribuirle orígenes extraterrestres… solo para descargarse de sus responsabilidades.

El dilema, sin embargo, va más allá del sistema capitalista. Se ubica exactamente en el modelo de producción industrial que dio origen y sentido a la modernidad, esa entidad que durante 500 años ha abarcado al mundo como totalidad. El desarrollo irracional de las fuerzas productivas, de la ciencia y de la tecnología no han desbrozado el camino hacia la felicidad de los seres humanos. Al contrario, está conduciendo a la desaparición de la vida. Únicamente los negacionistas de distinto pelambre siguen insistiendo en la viabilidad del modelo.

Por eso, precisamente, surgió una izquierda que, en esencia, se vuelve incómoda para el sistema. No solamente para la derecha. Una izquierda que es parte de las profundas transformaciones que experimenta la sociedad. La superación del patriarcado, del colonialismo o del extractivismo depredador, por citar solamente algunos de sus pilares más conocidos, plantea una salida a una forma de poder que ha llevado a la humanidad a una encrucijada. Ni el calentamiento global, ni el colonialismo, ni la devastación de la naturaleza son obra de los desheredados de la Tierra.

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