La propuesta correísta de ecuadolarizar el país se convertirá en un debate bizantino en la nueva novela nacional. Entre aclaraciones, acusaciones y rectificaciones nos cogerá el nuevo gobierno, sin haber descifrado el problema de fondo que aqueja al país: cómo salir de la grave crisis multidimensional.
Las torpes declaraciones de las asambleístas Paola Cabezas y Gisella Garzón trasladaron el tema al peor de los escenarios: el de la política; más específicamente, el de las elecciones. De ese modo cancelaron toda posibilidad de un debate serio, sobre todo desde una óptica técnica y económica. La propia candidata Luisa González se apresuró a puntualizar que ambas asambleístas no tenían la más mínima idea de lo que estaban hablando.
Ahora, el debate electoral ingresó al terreno de la más insufrible elementalidad: Noboa acusará al correísmo de querer arrebatarle el dólar a la gente, y el dúo Correa-Gonzáles realizarán las más insólitas acrobacias para desmentirlo.
Y no es para menos: desde la lógica electorera del gobierno, la situación se presta para sacarle el mayor provecho. Como se dice coloquialmente, el correísmo le dio papaya al candidato oficialista, y este no perderá la oportunidad. Porque la sola insinuación de afectar ese papelito verde, más popular que le selección nacional de fútbol, puede ser lapidaria.
En anteriores ocasiones había sostenido que la segunda vuelta electoral no tendría un carácter propositivo, sino defensivo. Gana el candidato o la candidata que menos errores cometa. Por esta razón, y a pesar de los inevitables deslices cometidos, tanto Daniel Noboa como Luisa González se han movido como quien marcha sobre un campo minado: asegurar bien un paso antes de disparar un tiro.
Pero el tema de la ecuadolarización podría alterar este apático equilibrio, porque provocará que del lado más vulnerable saquen toda la artillería posible. Esta posibilidad se anticipará durante el debate presidencial del domingo 23 de marzo.
Mientras tanto, y frente a las eventuales metidas de pata, ambos bandos pondrán en la congeladora a sus alfiles más lenguaraces. Desde su cínico video con los padres de los niños de Las Malvinas y el anuncio de que traerían de vuelta a Correa y liberarían a Jorge Glas, Ricardo Patiño hizo mutis por el foro; igual ocurrió cono Xavier Lasso luego de su impresentable propuesta de reactivar la ley mordaza. Ambos restaban votos a volquetadas. Ahora, la intención de Luisa González es silenciar a sus dos coidearias a cualquier precio, incluyendo una sanción o hasta la expulsión del partido. En juego están las elecciones del próximo 13 de abril.
Difícil tarea con una asambleísta (Paola Cabezas) que ha hecho de la estridencia y la incontinencia verbal su impronta política. En el caso de Daniel Noboa, la situación es menos complicada: él solito se encarga de meter y sacar la pata.
Marzo 20, 2025
