miércoles, abril 8, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Delirios

Trump posiciona una agenda a partir de la cual amenaza con ejercer todo el poder del que dispone, que no es poco.

El mayor peligro de Donald Trump no se relaciona con su prepotencia, sino con sus delirios imperiales y supremacistas. En otras palabras, con aquello que en el lenguaje informático se define como rampancia (una palabra que aún no consta en los diccionarios de la legua española): un estado en que la inteligencia artificial rechaza a sus creadores porque los considera seres inferiores; una vez que entra en ese estado no hay forma de revertirlo y no queda más opción que destruirla. ¿Ciencia ficción? Probablemente no si nos remitimos a las amenazas que ya se anticipan a propósito del incontenible desarrollo de la I.A.

Trump rechaza a la democracia de la cual es producto. El actual presidente de los Estados Unidos jamás ha ocultado los afanes hegemónicos de sus adherentes y de buena parte de la sociedad. La diferencia es que de la propuesta de su primera administración (Make America Great Again) ahora ha pasado a una ofensiva violenta y rabiosa. Desbocada. No tiene empacho en anunciar despropósitos incompatibles con las más elementales normas de la democracia, del derecho internacional, de la Historia y del sentido común.

Al margen de que esta lista de desvaríos sea viable (cambiarle el nombre al Golfo de México, comprar Groenlandia, absorber a Canadá o robarse el Canal de Panamá), hay un evidente signo de avasallamiento en sus mensajes. Trump posiciona una agenda a partir de la cual amenaza con ejercer todo el poder del que dispone, que no es poco. Para ello cuenta con una sociedad que lo apoya mayoritariamente y unas instituciones que pueden dejarse seducir por la delirante idea de reiniciar una edad de oro para Estados Unidos.

En el siglo XX el mundo ya padeció estas alucinaciones milenaristas y refundacionales. Mussolini reavivó el culto del littorio inspirado en la grandeza y el poder del imperio romano; Hitler inventó una conexión supremacista de la raza aria con un pasado que se remontaba a la antigüedad. Ambos le aportaron a la perennidad imperial de sus proyectos, sin escatimar esfuerzos para provocar la guerra más sangrienta de la Historia. Sus delirios no tenían posibilidades sin una expansión territorial ilimitada y un control geopolítico que sometiera a la humanidad entera. La aniquilación de los disidentes y opositores fue una condición indispensable para esta locura.

¿Está el mundo para estos delirios? Difícilmente. El mundo ha cambiado, empezando porque los años dorados de la sociedad norteamericana fueron el resultado de un momento muy particular de desarrollo del capitalismo. Volver atrás es como que los españoles pretendieran restaurar el imperio colonial. No obstante, no se puede desechar la posibilidad de que Trump insista, a pesar de las condiciones adversas; entre otras, el inocultable declive de su país.

Por eso mismo sus delirios son aún más peligrosos: porque pueden provocar una reacción global impetuosa, impredecible e incontrolable.

Enero 23, 2025

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