Al final del debate del domingo, la candidata Luisa González preguntó a Daniel Noboa si exigiría a sus familiares el pago de la deuda pendiente con el SRI. Noboa, visiblemente incómodo, respondió con un lacónico “no”. Allí está el punto nodal del conflictivo momento en que vivimos. Tenemos un gobernante que coloca los negocios de su familia por encima de los intereses nacionales. Para Noboa, el Estado es solo una herramienta para acumular más poder económico.
En el debate presidencial del 23 de marzo, Luisa González supo catalizar el descontento de la ciudadanía frente al gobierno de ADN. Noboa quiso situarse en la zona de promesas y ella le recordó en repetidas ocasiones, que el candidato-presidente ya llevaba gobernando 500 días y que casi no había cumplido ninguna de sus ofertas electorales. Además, González recalcó que su oponente había aprovechado su poder político para beneficiar a sus familiares con contratos millonarios como en el caso de los desayunos escolares, adjudicado a la empresa de su tía. Pretendió lo mismo, con el campo Sacha, el más rentable de todos los campos petroleros ecuatorianos que estuvo adjudicado a una empresa de Isabel Noboa, pero retrocedió ante las múltiples denuncias sobre este nuevo atraco.
El presidente actuó en el debate creyendo que es solo un candidato que puede seguir lanzando promesas al aire. No recordó que ya superó el límite de la ficción con sus ofrecimientos realizadas hace un año y medio. Lo cierto es que después de 500 días en el poder los problemas fundamentales de nuestra nación se han profundizado. En los últimos tres meses se han registrado 2000 asesinatos, somos el segundo país más violento de América y uno de las más violentos del mundo. Daniel Noboa no ha podido articular una estrategia militar clara e inteligente para enfrentar a las bandas de narcotraficantes al punto de recurrir a “Black water”, una empresa de mercenarios con un historial escalofriante a escala mundial, algunos de sus integrantes fueron encarcelados por asesinar a ciudadanos inocentes.
A todos los escándalos de corrupción se sumaron las múltiples violaciones a los derechos humanos lo que se traduce en decenas de desapariciones forzadas y en el estremecedor caso del asesinato a los cuatro niños de Malvinas por parte de una patrulla militar. A escala mundial, nuestra imagen como país no es buena porque la ONU, la UNICEF, Amnistía Internacional y otros organismos han denunciado al presidente Noboa como a un gobernante que no respeta la vida de los más vulnerables. Además, desde que realizó la incursión violenta en la Embajada de México para capturar a Jorge Glas, rompiendo el derecho al asilo diplomático, nuestra nación es vista como un territorio caótico, por ello a la Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado no asistió ni un presidente latinoamericano.
Cuando Noboa intentó descalificar a la candidata González utilizando el apelativo de Rana René —antes ya la había calificado de “histérica”— Luisa respondió con contundencia: lo acusó de tener un patrón de humillación y maltrato hacia las mujeres. Recordó los casos de su exesposa, su hija, su vicepresidenta y su exministra, todas víctimas de violencia de género. Con firmeza lo calificó de majadero y le exigió respeto.
Lamentablemente, el debate cayó en las tinieblas de una batalla de acusaciones de lado y lado. Sin embargo, la candidata del correísmo fue mucho más contundente, porque la mayoría de sus denuncias tenían sustento. Obligó a Noboa a recurrir a nuevas mentiras como negar el negociado del Ordeño (empresa de su tía) cuando le fue adjudicado un contrato de 160 millones de dólares. Este tinglado fue denunciado incluso por Ecuavisa, uno de los canales que más ha protegido políticamente al actual presidente.
John Rawls, uno de los filósofos políticos más importantes del siglo XX, planteó en Teoría de la justicia, algunas ideas claves para construir una sociedad liberal que privilegie la inclusión y la equidad. Su teoría política sostiene que es fundamental considerar el impacto social de las decisiones corporativas. Además, enfatiza que la competencia por los recursos económicos debe tomar en cuenta la igualdad de oportunidades para todos.
¿Puede existir libre competencia si el actual gobierno privilegia a determinados grupos corporativos al no cobrarles impuestos? ¿No vivimos el nivel de distopía política más extremo y decadente al escuchar, en el debate presidencial, a Daniel Noboa declarando, sin ambages, que no le cobrará impuestos a su familia de multimillonarios? ¿Tiene sentido que el presidente de la república pretenda convertir a la corporación Noboa en víctima de persecución política cuando sigue adeudando 93 millones de dólares al SRI?
Daniel Noboa ha tenido la oportunidad histórica de consolidarse como un mandatario creativo, innovador y transparente. Solo ha reeditado lo peor de la política ecuatoriana, hemos descendido a un nivel de decadencia extrema, colindando con el autoritarismo brutal. En política, son tus acciones y tus obras las que te legitiman, Noboa no ha dado la talla para gobernar en tiempos violentos. Su falta de responsabilidad y creciente nepotismo generan más caos, desigualdad y violencia. Los gobiernos oligárquicos en Ecuador siempre han sido un fracaso y el del magnate del banano, no ha sido la excepción.
