No nos cansaremos de repetirlo porque cuando decimos que hay vidas que también importan, decimos que hay cuerpos que también importan. Parece obvio pero no lo es porque la violencia hacia las mujeres se normaliza a tal grado que hay alguien que piensa que es posible re-culpabilizar a una joven que había sido violada por el padre del vicepresidente de la república repetidas veces, que tuvo un hijo suyo y cuyo testimonio fue compartido hace unos días ante el Comité contra la tortura de la ONU.
No nos cansaremos de repetir que hay vidas que parecen importar menos y que, en consecuencia, hay cuerpos que no se valoran del mismo modo con respecto a otros porque su violación no es objeto de sanción moral. Si realmente lo fuese, esas vidas no serían violentadas con tal desproporción e impunidad. Los cuerpos de las jóvenes y niñas latinoamericanas, por ejemplo, parecen importar menos. Las cifras de asesinatos, violencia, torturas y desapariciones son tan abrumadoras que cuesta trabajo dimensionar el dolor acumulado, repartido, provocado y compartido por las mujeres del continente. Cuando algo es grande e inmenso, hay una bruma porque es difícil percibir dónde termina o dónde empieza. Como la muerte, el universo o una plaga de chinches. Es cada día más difícil nombrar la violencia hacia las mujeres porque hay una acumulación de miles de cuerpos que no importan y el lenguaje precisa ser reinventado. De hecho, importa menos si se trata de cuerpos de niñas y jóvenes que son pobres. Y si son de mujeres negras o indias, ya ni te digo. Son cuerpos que no le importan a casi nadie y aquí el casi es importante porque a nosotras sí nos importan y no nos cansaremos de repetirlo. ¡Nos importan!
La joven que fue violada por el padre del vicepresidente de la república y futuro candidato de Alianza País, no sólo ha sido víctima de un hombre cercano al poder, protegido por el poder; del poder directamente. También tuvo que someterse a un desolador maltrato institucional que puso en cuestionamiento su historia, que es dolorosa. El poder crece, se protege y se reproduce, con violencia. Y en su vorágine grotesca, puesta en común en los cóckteles, fotos en facebook, eventos sociales y baby showers, destroza las vidas que no importan.
Repetir algo mil veces. Todas las que haga falta hasta molestar, ser molestas, muy molestas. Profundamente molestas. Repetir algo todas las que ocasiones que haga falta y sin miedo. La joven que fue violada por el padre del vicepresidente de la república y futuro candidato de Alianza País, no sólo fue víctima de un proceso en el que no ha habido ninguna reparación. También ha sido acusada hace unos días de portar heroína. Alguien colocó un paquete cerca al lugar en el que se encontraba; hay un profesor cómplice; unos policías dispuestos a participar. Hay una trama. Y hombres de Estado.
La adolescente fue detenida por 20 horas y acusada por posesión de drogas. No nos cansamos ni nos cansaremos de repetirlo, hasta que se nos caigan los labios si es preciso; o nos los arranquen. La joven, que a los 12 años fue violada por el padre del vicepresidente de la república, cuyo cuerpo ha sido un campo de batalla para los detractores y los opositores, ha sido castigada por tercera vez. Es decir, hay una trama que precisa de una organización, de alguien que piensa, otros que ejecutan y unos pocos que toman las decisiones. Y de toda la sociedad, que es cómplice porque está adscrita, con fuego, a un régimen hetero-normativo y patriarcal.
La joven ha cometido la imprudencia de no callarse y de hablar y repetir su historia todas las veces que ha sido preciso. Hace unos días se presentó su caso ante el Comité contra la tortura de la ONU y la respuesta ha sido la trampa del poder. Porque en este caso se juega mucho y ellos lo saben. Como también saben que hay cuerpos que han sido lastimados en cuyos rostros, sin embargo, hay un brillo que sólo puede venir de la dignidad. Para ellos habrá oro, sí y petróleo, también, pero hay un brillo que jamás podrán tener. Y también lo saben.
El cuerpo de la joven que fue violada por el padre del vicepresidente de la República y futuro candidato de Alianza PAÍS es el cuerpo de todas las mujeres latinoamericanas. Nos representa, nos dignifica y nos da valor. Y lo vamos a repetir todas las veces que sea preciso: hay una trama y se llama patriarcado. No nos cansaremos de repetirlo. Hay una trama y se llama patriarcado.
