martes, mayo 5, 2026
Ideas
Marko Antonio Naranjo J.

Marko Antonio Naranjo J.

Abogado educado en Ecuador, Estados Unidos, y Europa; docente universitario

“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”

Si ante la crisis, el pueblo toma el puesto de víctima (de cajón), sin ni siquiera considerar la más remota posibilidad de que quizá este (el pueblo) también sea responsable, la nación seguirá experimentando lo mismo.

Una frase que invita a la reflexión. Una frase que evita la victimización y fomenta el sentido de responsabilidad; que estimula el pensamiento crítico. Para que se desencadene una crisis política, económica, humanitaria, y hasta actos atroces como los de Auschwitz, es necesario que varios ingredientes se amalgamen. Es cierto, la corrupción en las instituciones estatales es uno de esos ingredientes; sin embargo, es solamente uno de los tantos.

Cuando Joseph de Maistre dijo que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, de algún modo, hizo un llamado de atención al pueblo. Llamado de atención que incitaba la reflexión acerca de los gobernantes que el mismo pueblo había elegido. Es común, muchas veces, atribuirse el lugar de victima ante una situación desfavorable, eso lo señalan claramente Davies, Hollin & Bull en su libro Forensic Psychology. Por otro lado, como señala uno de los pensadores más brillantes de nuestros días, la panacea a muchas dolencias de la humanidad debe ser buscada en el individuo, y mas no en el colectivo. Además, el mismo pensador dice que uno de los pasos fundamentales hacia la maduración y crecimiento personal es la toma de responsabilidades; aceptar y acoger responsabilidades.

¿Qué sucede cuando el individuo reconoce su responsabilidad en una situación negativa? Antes que nada, acepta y reconoce la ineludible fragilidad e imperfección de la naturaleza humana. Segundo, el foco de atención cambia.

Ya no se pregunta, por ejemplo, ¿Cuál es el motivo de la crisis que existe en el país? sino más bien ¿Cuál es su rol o grado de responsabilidad en dicha situación? Pues, resultaría un tanto inconcebible pensar que un gobierno es el único responsable de la debacle y crisis de una nación. En los archivos del Holocausto existe evidencia suficiente de que el genocidio de los judíos se dio, no solo por culpa de los Nazis, sino también por la impavidez del pueblo, o más bien, de muchos pueblos. Es fácil buscar -como lo hacen esas ideas neo-marxistas del postmodernismo, poscolonialismo y en general las dichosas Teorías Criticas- culpables en el mundo externo, y decir que ‘la culpa es de la vaca’. Lo que sí resulta difícil pero significativo, por otro lado, es pensar críticamente y auto examinarse. De Jung hemos aprendido que la autorreflexión es una capacidad propia y esencial de la humanidad.

¿Cuál es vuestra responsabilidad en tiempos de crisis? Es necesaria una reevaluación de valores. Valores, primero como individuos y luego como sociedad. Se quiere ser una sociedad avanzada, se quiere ser como los países desarrollados del Occidente, pero ¿se está preparado socialmente para eso? ¿Cómo los individuos y la sociedad aportan para llegar a ese fin? ¡Se combate la corrupción que está implantada en las instituciones estales, muy bien! Pero, que pasa con la corrupción que esta incrustada de igual manera en el ciudadano, en la familia, en las escuelas. ¿Se la deja de lado? No seria los más inteligente! Esta reevaluación requiere de muchos esfuerzos, por ejemplo, la reevaluación de una jerarquía de valores, de intereses individuales y colectivos, del nivel de importancia que se le da al prójimo.

Este último quizá es uno de los pasos más importantes y difíciles por supuesto. Dostoevsky decía que el nivel más alto de personalidad al que un individuo puede anhelar es el sentido de hermandad. Si no existe un crecimiento personal, si se es egoísta con el conciudadano, no se puede aspirar un crecimiento colectivo.

Si ante la crisis, el pueblo toma el puesto de víctima (de cajón), sin ni siquiera considerar la más remota posibilidad de que quizá este (el pueblo) también sea responsable, la nación seguirá experimentando lo mismo. Si el pueblo hace caso omiso a una reevaluación profunda de valores, de creencias, de prácticas, de costumbres, el pueblo pues, quizá siga teniendo los gobiernos que hasta ahora ha tenido, y que por ende se ha merecido.

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