jueves, septiembre 10, 2026
Ideas
Susana Cordero de Espinosa

Susana Cordero de Espinosa

Miembro de número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

Breves noticias sobre Antonio Flores Jijón

Resumo vida y obra de Antonio Flores Jijón, otro de los fundadores de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y persona de prestigio en la historia social, política e intelectual de nuestro país.

Hijo del venezolano Juan José Flores, (Puerto Cabello, Venezuela, 1830) designado por Simón Bolívar Gobernador del distrito escindido de la Gran Colombia, que pasó a convertirse en la República del Ecuador en 1830, cuando Riobamba, ‘siempre pionera’, es sede de la Primera Constituyente y, en cuanto tal, ciudad matriz de la Primera Carta Constitucional, Flores recibe la nacionalidad  ecuatoriana, lo que posibilita su nombramiento de primer presidente de la nueva República; su gestión gubernamental, aunque  controvertida,  fundamentó la base institucional del nuevo Estado.  Su esposa  Mercedes Jijón de Vivanco, quiteña inteligente, piadosa y culta le abrió paso a la alta sociedad quiteña. En 1832, año de su primer gobierno, fueron anexadas a Ecuador las Islas Galápagos,  razón por la cual la isla Floreana fue nombrada tal, en su honor.  Destacan en su gobierno la emisión de leyes sobre la moneda, acuerdos con la Iglesia Católica y aceptación de ‘la deuda inglesa’, contraída por Venezuela, Colombia y Ecuador para financiar la independencia.

Antonio Flores Jijón,  quinto de los trece hijos del matrimonio, nace en octubre de 1833; recibe educación cosmopolita y refinada. Aún en los años previos a su adolescencia, es enviado a estudiar en París, en el afamado Liceo Henri IV; en 1845, la revolución marcista derroca a su padre, y el adolescente continúa sus estudios superiores en el Perú; más tarde enfrenta el destierro de su padre en Chile; la diversidad y exigencia de tales acontecimientos moldean su personalidad.

En 1860 Ramón Castilla, presidente del Perú, bloquea el puerto de Guayaquil y apoyado por el ecuatoriano Guillermo Franco buscan repartir el Ecuador entre Perú y Colombia. Flores Jijón toma parte en la expedición armada organizada por su padre, quien, junto con Gabriel García Moreno, logra el fin de la crisis política y territorial conocida como la «Crisis de 1859-1860». La Batalla de Guayaquil derrota a las facciones locales, consolida la unidad nacional y da comienzo el período garciano, cuyos importantes logros educativos, sociales y políticos  terminarán en el aciago asesinato del mandatario, en 1875.

Flores Jijón, nombrado por García Moreno Ministro plenipotenciario en Francia ante la corte del Emperador Napoleón III, y en otros países europeos, en  Colombia y en los Estados Unidos, desarrolla gran destreza diplomática.  Promueve la llegada al país de los Hermanos de La Salle y la de los sacerdotes Salesianos, cuya relevante labor educativa se prolonga hasta hoy. Casado en 1873 con Leonor Ruiz de Apodaca, joven aristócrata de La Habana, enviuda tres años después, al nacer su segunda hija. Tras la muerte de su esposa empeora su situación en la patria: es arrestado por orden del presidente Veintimilla, escapa de la prisión y se asila en la Legación francesa. En 1878 huye a los Estados Unidos, donde radica con sus dos hijas y se convierte en firme defensor de la democracia.

Tras el asesinato de García Moreno, Flores Jijón es postulado para presidente del país, pero se retira de la carrera presidencial. En 1888 funda el Partido Progresista; elegido presidente de la República, asume el cargo a instancias del papa. Sabe de finanzas: moderniza el sistema fiscal en las aduanas y los monopolios del Estado en los timbres y el impuesto a los bienes raíces; sanea la moneda, reduce el interés de los préstamos hechos al Gobierno por los bancos particulares, arregla otras deudas del Estado. Su administración se caracteriza por la gobernanza civilizada y la pacificación del país; entre sus importantes reformas se hallan la libertad de prensa y la amnistía a los desterrados, en época de grandes tensiones políticas. Es notable su ‘sustitución del diezmo’, ¡que los conservadores consideraban de Derecho Divino Positivo!, gracias a su decidida y coordinada acción con el papado.

Su capacidad de análisis político y visión de futuro lo posicionan como un intelectual destacado. Entre sus logros diplomáticos se encuentra la firma del acuerdo entre los países del Pacífico y España en 1871, así como, en 1890,  la suscripción del Tratado García–Herrera de los límites del Ecuador con el Perú. Su figura es y será referente de honorabilidad, inteligencia y moderación.

«Se ha cumplido el programa de Gobierno: hállase virtualmente restablecido el crédito… se han construido varias vías de comunicación, se ha preparado el terreno para la inmigración, todo ecuatoriano está en su hogar o puede regresar tranquilamente a él sin excepción alguna… no he querido ser jefe de ningún partido sino de la Nación», dijo el presidente en el mensaje al Congreso de 1892. Se recuerda su presidencia como una administración progresista civil, serena y honesta que buscó unificar a la dividida familia nacional.

Además de obras como El Reino de Quito según las relaciones de los virreyes del Nuevo Reino de Granada (1870); El gran Mariscal de Ayacucho (1883); Isidorito, un ángel en el cielo y el postrero en la tierra, texto en recuerdo de su pequeño hijo varón, muerto al nacer…  Cuestiones de Hacienda (1889); Diezmos y Censos en política, rentas e historia (1890), contamos  con un texto de Flores Jijón sobre el español en los Estados Unidos, reproducido en las primeras Memorias de nuestra Academia Ecuatoriana, que se encuentra también en la biblioteca de la RAE. En el opúsculo de Gonzalo Ortiz Crespo titulado Historia fundamentada de la fundación de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, consta el siguiente preámbulo cuyo título: “El caso de Antonio Flores Jijón” enuncia la historia de su ingreso a la Academia Ecuatoriana de la Lengua, y las circunstancias que este último “afronta con elegancia” y dice:

“En los archivos de la RAE he identificado la carta de Antonio Flores Jijón a Fermín de la Puente y Apezechea en la que le manifiesta haberse enterado por El Correo de Nueva York  de su nombramiento como académico correspondiente por el Perú.

Nueva York, 8 de octubre de 1873

Señor don

Fermín de la Puente y Apezechea

Muy señor mío y de mi aprecio:

En el No 1 de “El Correo de Nueva York” datado el 3 del presente mes, he leído una comunicación de Vd. en la cual figura una persona de mi nombre y apellido entre los miembros correspondientes nombrados por la Academia Española para el Perú. Dudara se trata de mi humildísima persona si no me constara que en el Perú, donde antes de esta misión he sido Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Ecuador, no hay escritor llamado ”Antonio Flores” y si además no figuraran entre los citados académicos para el Perú el Presidente don Manuel Pardo y otros con quienes he sido colaborador de “La Revista de Lima”.  Sea de esto lo que fuere y para el caso de que hubiese sido yo el favorecido con tan honrosa distinción, cumplo con manifestar a Vd. que no ha llegado a mis manos el nombramiento, ni sabido otra noticia del asunto que la que aparece en el periódico citado. Solo el temor de que se atribuya el no acuse de recibo (siempre en la hipótesis mencionada) a un acto de descortesía que está muy lejos de mi mente y de mis principios, ha sido parte a vencer mi repugnancia para tocar un asunto de por sí tan delicado.

El asunto se aclaró de inmediato y Flores, aplicado intelectual …, envió pronto a la Academia Española un estudio suyo sobre la pervivencia de la lengua española en Estados Unidos de América.

Mientras que allende las aguas de este río (el Río Grande) en medio de las convulsiones de la Guerra Civil o de la magna lucha contra la invasión extranjera, una brillante pléyade de poetas y literatos ha consolado a México en sus desgracias, o enaltecídole en sus triunfos

Es emotivo párrafo del texto de Antonio Flores titulado “Las letras españolas en los Estados Unidos” que evoca ‘los vastos territorios que pertenecieron a España’ al  referirse a la ‘fortuna de Polk, James Knox Polk -1795-1849-, undécimo presidente de los Estados Unidos entre 1845 y 1849 y líder expansionista, que habiendo provocado un conflicto con México, envió tropas a una zona en disputa, y emprendida la guerra, terminó con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el cual México cede a los Estados Unidos más del cincuenta por ciento de su territorio, los actuales estados de California, Nevada, Utah, Arizona, y partes de Colorado, Wyoming y Nuevo México.

Entendemos la nostalgia indignada de Antonio Flores, ante tal  abuso de la fuerza, que anexionó a su ya enorme territorio estados en los cuales ‘se habló español hasta 1845 y en 1848…, era de esperar que no desapareciese nuestra lengua española…’

Terminó su presidencia del país el 30 de junio de 1892, y, con la decepción de haber luchado  inútilmente en favor del Ecuador, partió con sus hijas a Europa. Radicado  en Niza,  ya nunca volvió.

He aquí parte del texto de la carta de cobertura  publicada en “El Mundo Nuevo”, de Nueva York, el 10 de abril de 1874.

Señor Don

Fermín de la Puente y Apezechea

Muy señor mío y de mi distinguida consideración:

El deseo de corresponder de alguna manera al preciado título de Académico correspondiente, que Usted se ha servido comunicarme, no menos que el de dar a conocer a la Comisión de Academias Americanas el estado de las letras españolas en los Estados Unidos y los que con mejor éxito las han cultivado, me ha movido a emprender el corto trabajo bibliográfico que remito adjunto.        Como nadie se ha ocupado antes de esta materia, no he tenido guía segura, ni podido reunir los datos que deseara; por lo que tal vez haya omitido algún autor de mérito o alguna publicación importante. Espero se me dispense esta y las demás faltas en obsequio a la intención que me ha animado, la cual no es otra que la de reseñar el estado de la literatura castellana en Estados Unidos, alentar a los que en ella han descollado, y extender a esta Nación el vínculo de fraternidad literaria que liga a la Academia con las demás Repúblicas de América. Usted como americano y español, podrá mejor que nadie coadyuvar a este propósito y propender al establecimiento de una Academia correspondiente que comprenda los Estados Unidos, las Antillas españolas y Santo Domingo. […]

Flores Jijón, con intuición y sabiduría, aspiró a la creación de una Academia Norteamericana de la Lengua Española, deseo que solo se cumplió en la fundación de esta Academia aproximadamente un siglo más tarde, el 5 de noviembre de 1973.

Desde Londres enuncia ante el mismo académico don Fermín de la Puente, el quebranto de su salud al que se une la orden de su Gobierno para volver a los Estados Unidos. …  “…Allá van pues unos mal alineados renglones que solo mando únicamente para probar a Ud. y a la comisión mi buen deseo de corresponder a su llamamiento, aunque sin salud, ni solaz, ni tiempo para hacerlo dignamente”.

Contamos con una carta de Antonio Flores a Fermín de la Puente y Apezechea, ya en su condición de Académico correspondiente ecuatoriano ante la Real Academia, que revela preocupaciones de un miembro activo de nuestra AEL, entre ellas, el envío a la RAE de  su léxico titulado ‘Provincialismos ecuatorianos’ entre los cuales descuellan términos sobre nuestra variada y rica naturaleza.

Al respecto, explica:

El nuevo género de ocupaciones a que me ha destinado súbitamente mi Gobierno, los viajes y trastornos consiguientes no me han permitido consagrarme cuanto hubiera deseado a la lista de provincialismos ecuatorianos. Van, sin embargo, algunos varios de ellos quichuismos: ó sea voces quichuas (el idioma indígena nacional) españolizadas. No creo merezcan cabida en el Gran Diccionario; pero las remito a Vd para que haga el uso que quiera. … Y se inquieta:

¿Cuándo se dará a luz el Gran Diccionario? Ruego a Vd me diga dónde se venden en Londres las obras de la Academia, especialmente su «Prontuario de Ortografia».

Viajero y diplomático incansable, académico entregado a múltiples tareas, Flores Jijón muere en Ginebra, en 1915.

 

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