miércoles, septiembre 30, 2026
Ideas
Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Lumpenizando al adversario

A la estrategia de desacreditación política, el gobierno de Daniel Noboa ha añadido un elemento aún más ponzoñoso: la lumpenización del correísmo. Para ello ha desplegado una ofensiva policial selectiva, meticulosa y sofisticada que siembra en el imaginario colectivo una imagen demoledora de su adversario de turno.

Inventar un enemigo es la estrategia más imprudente y tóxica de la lucha política. Contamina la democracia. Implica aferrarse al poder a costa de un proyecto de país. La existencia de un enemigo termina justificando los peores vicios de la política: autoritarismo, corrupción, arbitrariedad y hasta acciones abiertamente criminales.

Esta estrategia, desafortunadamente, funciona con relativo éxito, al menos hasta que la descomposición del régimen provoca un sacudón institucional. Hay un momento en que el hartazgo y la decepción de la población destapa las falacias de una confrontación ficticia y obliga a cambios drásticos, no siempre positivos. Por ejemplo, cuando solamente se invierten los roles.

Durante una década el correísmo creó un enemigo con varias cabezas: prensa corrupta, pelucones, banqueros, ponchos dorados, tirapiedras… Hasta que le tocó ubicarse en el otro lado de la confrontación. A partir del gobierno de Lenín Moreno, el exmovimiento verde-flex quedó convertido en el malo de la película, un estigma del que no ha podido librarse hasta ahora. Todos los gobiernos le han asignado ese papel. Y a la luz de los resultados electorales, la fórmula ha funcionado bastante bien.

A esta estrategia de desacreditación política, el gobierno de Daniel Noboa ha añadido un elemento aún más ponzoñoso: la lumpenización del correísmo. Para ello ha desplegado una ofensiva policial selectiva, meticulosa y sofisticada que siembra en el imaginario colectivo una imagen demoledora de su adversario de turno. No se trata de una simple reivindicación de la justica mediante la aplicación de los procesos y sentencias judiciales. Se trata de la asociación del movimiento con personajes relacionados con conductas criminales, y cuya sanción goza, si no del agrado, al menos de la anuencia ciudadana.

La captura y encarcelamiento de José Serrano, la captura y eventual deportación de Xavier Jordán, y la delación premiada de Daniel Sacedo –solo por mencionar los casos más sonados y con mayore repercusiones al momento– plantean un escenario criminal digno de una serie policial de alta intensidad. No se requiere de mayor esfuerzo o imaginación para impregnar a estos tres personajes de una pátina lumpen inconfundible, o para convencer al ciudadano común y silvestre de que, en efecto, son delincuentes peligrosos.

Los delitos por los que han sido acusados son demasiado violentos y crueles como para que cuaje la versión de que se trata de víctimas de persecución política. Solamente el asesinado de Fernando Villavicencio hiere tan a fondo la sensibilidad popular que hasta la indulgencia cristiana tiene escasa posibilidad de interferir. Y a medida que las investigaciones y revelaciones avanzan, cada vez resulta más difícil disociar al correísmo de los personajes de marras y de sus actos.

A la ofensiva del gobierno contribuye, hay que decirlo, la torpeza crónica del expresidente Correa, empeñado en horadar aún más el pozo séptico de las reacciones viscerales. Sus respuestas no solo evidencian una terrible orfandad política e intelectual, sino que le proporcionan al gobierno insumos para lumpenizarlo también a él. En lugar de proponerle algo al país, se limita a encender el ventilador.

Septiembre 28, 2026

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias