
El 1 de diciembre del 2020, Juan Daniel Bayas C. acudió hasta la Arquidiócesis de la capital. Sin haber superado el dolor por las violación sufridas, cuando era monaguillo; y venciendo el miedo a que algo aún peor le ocurra, entregó una carta, dirigida a monseñor Alfredo Espinoza Mateus, arzobispo de Quito.
En la copia de la misiva —en poder de la Coalición de Lucha Contra la Violencia Sexual en Espacios de Fe (Covsfe)— se observa el número de cédula de identidad del joven, que según se lee acudió a brindar su testimonio sobre lo que le ocurrió en la parroquia eclesiástica Santiago Apostol de Chillogallo, al sur de la capital. Allí se desempeñó como monaguillo, durante diez años, hasta que cumplió los 18 años de edad.
En más de 1.300 palabras, Juan Daniel, quien en el 2020 tenía 25 años, describe historias de “acoso, abuso y agresión sexual”, que supuestamente enfrentó en esa casa parroquial, a donde el párroco Giovanni M. habría llevado a vivir a un hombre de nombre Vicente A., que supuestamente le violó, más de una vez, cuando era adolescente.
Esta historia de violencia sexual en un espacio de fe no solo se describe con detalles, en la carta, que según la Coalición confirmó, por más de dos fuentes, llegó a las manos del arzobispo Espinoza.
Juan Daniel, quien se suicidó en abril del 2024, se lo relató a un sacerdote ecuatoriano, que pidió la reserva de su nombre, ya que le han advertido, “que tenga cuidado pues podría aparecer muerto” y le han colocado una amonestación canónica por levantar la voz ante casos atroces como este.
El sacerdote cuenta con pruebas documentales de este y otros casos. Un feligrés, que había sido parte de la fuerza pública, colaboró con el padre, a quien llamaremos Jorge* (nombre protegido), luego de escuchar múltiples historias que involucraban al sacerdote Giovanni M. y a su entorno, en la parroquia de Chillogallo.
La Coalición Covsfe entrevistó a este miembro de la fuerza pública, que confirmó detalles y versiones obtenidas anteriormente. También contó sobre protocolos activados ante supuestas amenazas que en medio de la investigación habría recibido el sacerdote Jorge.
El feligrés, como investigador profesional, dio con Juan Daniel; lo encontró en un puesto de venta de papas, que estaba ubicado en Pueblo Nuevo, en el sur de Quito. El muchacho se ganaba la vida como trabajador autónomo.
Con alrededor de 30 años en el sacerdocio, el padre Jorge está convencido de que quienes encubren los casos de violencia sexual hacen un terrible daño a la Iglesia Católica. Así que, por años, su postura ha sido crítica.
A través de personas que lo conocían, el investigador que fue parte de la fuerza pública supo dónde trabajaba. Así, de forma amistosa, se acercó al joven, ganándose su confianza. Así, un día le comentó que con el padre Jorge buscaban saber si lo que se murmuraba al salir de misa, era real: supuestos abusos sexuales a monaguillos.
Con alrededor de 30 años en el sacerdocio, el padre Jorge está convencido de que quienes encubren los casos de violencia sexual hacen un terrible daño a la Iglesia Católica. Así que por años, su postura, como la de otros sacerdotes consultados en este informe y miembros de Solidaridad en Misión, ha sido crítica. Por eso ha decidido hablar y enfrentar el riesgo no solo de censura dentro de la institución a la que pertenece.
La Coalición contactó a personas que conocieron a Juan Daniel, inclusive en ese espacio de fe, cuando era monaguillo. Así como con quienes lo llevaron ante el padre Jorge. Confirmaron, con la condición de que no se publiquen sus nombres ni datos, que Juan Daniel les narró lo que vivió en esa parroquia eclesiástica.
“El chico (Juan Daniel) tenía gatos y perros, según nos comentó. Siempre estaba como deprimido, triste”, contaron. Supuestamente también les confesó que, “luego de vivir los abusos sexuales en la parroquia empezó a sentir atracción por hombres”.
La Coalición ha recibido testimonios de sacerdotes, que siguen en la Iglesia y otros que la han dejado.
Aseguran que desde cuando eran parte del Seminario Mayor San José, espacio de formación y vivienda de quienes se iniciaban en esta carrera de fe, un grupo ya daba muestras no solo de irrespeto al celibato.
Los entrevistados por la Coalición sostienen que varios de ellos, en ese espacio se ‘insinuaron’ inicialmente y luego acosaron sexualmente a jovencitos recién graduados de bachilleres y otros que estaban en sus veintes, para obtener favores de índole sexual a cambio de calificaciones y de ser promovidos.
En su carta, Juan Daniel expone un patrón de comportamiento de sacerdotes, que no se conoce en cuántas parroquias eclesiásticas del Ecuador se podría estar repitiendo. Él afirmó haber visto en espacios que nada tiene que ver con religión, en donde se exhibe pornografía homosexual, a Giovanni M.
Textualmente, en su carta, Juan Daniel afirma lo siguiente:
“Yo, personalmente, lo he visto en los videos, que son salitas oscuras de encuentro para tener relaciones sexuales homosexuales, tríos y más orgías y se ven películas pornográficas homosexuales. Son lugares camuflados, a los que yo acudo, pues son de exclusiva concurrencia de grupos y personas gais”.
Y Juan Daniel prosigue:
“Una tarde de octubre del 2016, me encontré con él —que no llevaba el cuello clerical—, fortuitamente, en el video de la calle América (cerca del Banco Pichincha, calle Las Casas, al norte de Quito), el lugar estaba lleno de gais. Incluso, por la costumbre, le pedí la bendición, él se incomodó y me dijo que venía a saludar al dueño de quien era amigo. Yo me fui, pero al momento retorné, subí y encontré al padre Giovanni en una salita viendo películas pornográficas homosexuales; al verse descubierto ni se inmutó, luego, nos quedamos ambos disfrutando del video pornográfico homosexual”.
“Acudo a usted para dar mi testimonio con la verdad, solo con la verdad y nada más que la verdad y de forma libre y voluntaria, sobre mi vivencia en la parroquia eclesiástica de Santiago Apóstol, de Chillogallo, siendo párroco Giovanni M.»
Juan Daniel Bayas pasaba demasiadas horas en la parroquia Santiago Apóstol de Chillogallo. Para cuando conoció al padre Jorge (nombre protegido), hace cinco años, su madre había fallecido y pese a haber dejado poco tiempo antes la casa familiar, no tenía una buena relación con su padre.
“Me impactó la memoria de Juan Daniel. Era muy lúcido, había archivado tantos detalles en su mente que nos relató, en varias grabaciones en video, que interrumpimos, cada vez que llegaban compradores a su puesto de venta de papas. Recordaba hechos, años, lugares y personas. Como pueden leer en la carta fue violentado por Vicente A., mano derecha de Giovanny M. y una de sus parejas”, señaló el sacerdote Jorge y lo corroboró otro entrevistado de la fuerza pública.
“Acudo a usted para dar mi testimonio con la verdad, solo con la verdad y nada más que la verdad y de forma libre y voluntaria, sobre mi vivencia en la parroquia eclesiástica de Santiago Apóstol, de Chillogallo, siendo párroco Giovanni M.”, dice en la carta, que Juan Daniel le entregó al arzobispo de Quito, monseñor Alfredo Espinoza Mateus, según testimonios de quienes estuvieron presentes ese día. Y acudieron días después a otros encuentros con autoridades eclesiásticas, para tratar el tema.
En las tres hojas de la carta, el joven detalla que sirvió en la parroquia desde los 10 hasta los 18 años, como monaguillo y como miembro activo del movimiento Juan XXIII, en la misma parroquia. “Sé de la homosexualidad del padre y de su adicción a la pornografía homosexual”, señala el chico sobre Giovanni que actualmente es párroco en el norte de Quito.
Juan Daniel, además denunció un supuesto mal manejo de las contribuciones económicas de los feligreses, un punto que no se puede probar, pero que parece ser una práctica más común de lo que se imagina.
Además, en su relato, Juan Daniel Bayas deja ver la confianza que habría puesto la Iglesia en el ‘padre’ Giovanni M., por lo que el arzobispo de entonces, Fausto Trávez, le confió la administración de dos unidades educativas: Rafael Bucheli, que se encuentra en la avenida Rumichaca Ñan y Avenida Morán Valverde, en el sur de Quito, específicamente en la parroquia de Chillogallo. Y Cristo del Consuelo, en la parroquia San Antonio de Padua, de la Ciudadela Ibarra. Giovanny M. maneja estas instituciones a través de sus familiares.


También, Juan Daniel Bayas comenta que fue parte del Movimiento Juan XXIII, cuando el sacerdote Giovanny M. “era director espiritual en Quito, del 2009 al 2017” y había “más de 20.000 retiristas en Quito”.
En Ecuador, el movimiento está presente desde 1985, con actividades en varias provincias, en especial Pichincha, Guayas, Manabí y Azuay. Moviliza un grupo significativo de personas a retiros, encuentros periódicos, procesiones, caminatas y otras actividades masivas de evangelización.
De las líneas escritas por el joven surgen interrogantes sobre por qué familiares de sacerdotes podrían estar a cargo de planteles educativos católicos y movimientos religiosos, así como de los retiros y otras actividades que generan cuantiosas sumas de dinero, de las cuales al parecer no se han rendido cuentas.
Sin embargo, lo impactante de la historia es lo que el entonces monaguillo afirma: “Yo fui víctima de acoso, abuso y agresión sexual de parte de este sujeto que vivía en la casa parroquial, compartiendo con el padre Giovanni”. Inclusive sostiene que ese hombre: “tenía atribuciones que excedían su rol de laico: confesaba y celebraba misas”.
No se conoce qué destino tuvo la carta, qué investigación se abrió al respecto. La comunidad de esa parroquia no ha sido informada del inicio de ninguna investigación alrededor de los implicados.
Las organizaciones Solidaridad en Misión y Covsfe se preguntan qué correcciones ha hecho la Arquidiócesis de Quito al respecto y si ha denunciado la violación a Juan Daniel Bayas a la Fiscalía.
Juan Daniel relata, en la carta que, antes de cumplir 15 años, ese hombre Vicente empezó a tocarle sus partes íntimas. “En su oficina, la secretaría parroquial, me manoseaba las partes íntimas, me besaba y se bajaba el pantalón”.
En otra ocasión, en agosto del 2010, Vicente.A., luego de la misa de la noche, habría llevado al entonces adolescente detrás de la sacristía, en donde le hizo practicarle una felación. “Fue una experiencia horrible, me dio demasiado asco, me sentí sucio y desde entonces quedó marcada mi orientación hacia la homosexualidad; igual experiencia se repitió en la secretaría parroquial. Luego, el mismo abuso se habría perpetrado cuando cumplió 17 años, “el 9 de marzo del 2012, por el campanario de la iglesia”, escribe con detalle en su carta.
En la carta, Juan Daniel Bayas no solo denuncia una presunta violación de este hombre Vicente, que era laico y hacía las veces de sacerdote, sin haberse ordenado. Además, explícitamente Juan Daniel dice:
“Supe que acosaba a varias niñas monaguillas, manoseándolas y besándose, como también a jovencitas del grupo de danza de la parroquia como es el caso de Vanessa E.”.
Además Juan Daniel en su carta refiere haber mantenido relaciones sexuales con un párroco y un vicario y refiere conocer de otros sacerdotes que mantienen relaciones con otros pares del mismo sexo.
No se conoce qué destino tuvo la carta, qué investigación se abrió al respecto. La comunidad de esa parroquia no ha sido informada del inicio de ninguna investigación alrededor de los implicados.
¿La carta llegó a la Fiscalía General del Estado? ¿La trasladaron hacia las autoridades de la justicia ordinaria, como pidió el Papa Francisco? Las preguntas no tienen respuesta.
Sobre Giovanni M. se conoce que está en la parroquia La Transfiguración del Señor, en Ponciano Alto.

