jueves, abril 23, 2026
Ideas
Francisco Carrión Mena

Francisco Carrión Mena

Embajador, ex canciller del Ecuador.

Reflexiones sobre el terrorismo frente a la delincuencia internacional organizada

No puede decirse que exista terrorismo desde una concepción clásica de este fenómeno; lo que existe es una adecuación discursiva para encubrir la fragilidad del Estado frente a los grupos delincuenciales.

Daría la impresión de que toda reivindicación violenta en busca de libertad, lucha contra la corrupción y defensa de la democracia ha pasado a denominarse terrorismo. En Ecuador, las organizaciones de delincuencia organizada, que no son más que eso, han pasado también a ser calificadas como terroristas, cuando en realidad el terrorismo es otra categoría. Estados Unidos, por ejemplo, ha pasado a llamar terroristas a muchas organizaciones que a través de métodos violentos buscan su independencia, el ejercicio de la democracia en su territorio y el reconocimiento internacional. El caso más emblemático es el de Palestina y su Franja de Gaza. En el contexto global, el fenómeno es aún más radical: la lucha por la independencia y por la libertad ha dejado de llamarse búsqueda de la autodeterminación y consolidación de un Estado de derecho, y ha pasado a ser etiquetada como terrorismo.

El caso de Oriente Medio es un ejemplo patético de esta aseveración. La Franja de Gaza, por ejemplo, está siendo sometida a un genocidio implacable por parte de Israel donde mujeres, ancianos y niños están siendo asesinados sin piedad. Y esto, bajo el membrete de que se trata de combatir el terrorismo y que debe ser aniquilado. En la práctica y según palabras del primer ministro Netanyahu lo que se propone es terminar con la población de la franja de Gaza aduciendo que el terrorismo se ha adueñado de esa región.

Si retrocedemos en el tiempo, el que fuera primer ministro de Israel hace décadas, Menájem Beguín, no tuvo ningún reparo en poner una bomba en el hotel Rey David, matando a varias personas y dejando heridas a otras, con el pretexto de luchar contra el control que ejercía el Reino Unido sobre Palestina en ese momento. A nadie se le ocurrió decir que era un terrorista, sino un combatiente por la libertad del pueblo judío. Hoy, en cambio, toda acción que va en la línea de buscar la libertad e independencia de un pueblo es llamado terrorista. Hay otros casos similares en que expresiones violentas que buscan la autonomía y la libertad de un Estado son denominadas terroristas, cuando lo que buscan es precisamente esa autonomía y libertad.

En el caso del Ecuador, incluso se ha llegado al extremo de calificar como terroristas a delincuentes organizados con vínculos en redes criminales internacionales, cuando en realidad son delincuentes comunes que quieren sacar provecho ilegal de la debilidad institucional del Estado. Soy de los que cree que, con un simple cambio de denominación de delincuentes comunes a terroristas, no se consigue mayor cosa. Lo que sí hay que reconocer es que estamos siguiendo la política de los Estados Unidos de calificar de terroristas a todos aquellos grupos que no pueden ser controlados. En estricto sentido, no puede decirse que exista terrorismo desde una concepción clásica de este fenómeno; los que existe es una adecuación discursiva para encubrir la fragilidad del Estado frente a estos grupos delincuenciales.

Naciones Unidas no ha llegado todavía a una definición conceptual precisa de lo que es el terrorismo, a pesar de su actualidad y del daño que produce en el relacionamiento internacional. Lo que existe son aportes dispersos de elementos desde el derecho consuetudinario y algunos elementos orientativos de lo que podría ser el terrorismo. Lo que acontece en el mundo, actualmente, es un debate respecto de lo que finalmente es el terrorismo y cuál es la legítima lucha por la libertad y la independencia por parte de los pueblos que viven en esos territorios. Estas luchas, muchas veces, siguen sometidas aún a fuerzas externas que no encuentran una verdadera justificación a sus acciones.

El ya citado ejemplo de Gaza es un caso real: hay un terrorismo de Estado por parte de Israel, que se propone arrasar con la población de Gaza con el pretexto de que todos en esa región son miembros del grupo, ese sí terrorista, Hamás, que en octubre del 2024 cometió un ataque violento y cruel contra Israel. El propio señor Netanyahu ha declarado que no dejará que este ataque quede impune y que arrasará con todo el pueblo de la Franja, sin importar si pertenece o no al grupo terrorista Hamás. Este es, claramente, el anuncio de un genocidio que resulta inaceptable y que debe ser rechazado por la comunidad internacional.

En definitiva, no está claro qué se entiende por terrorismo ni quiénes son realmente considerados terroristas, especialmente cuando se comparan con la delincuencia común o la delincuencia organizada.

Frente a esta situación, la única alternativa que cabe es la cooperación internacional, en la que todos los países con una institucionalidad definida respecto a la violencia, el respeto a la democracia, el respeto a los derechos humanos y a los principios rectores de la convivencia internacional puedan actuar de manera conjunta y decidida para acabar con ambos fenómenos: el terrorismo, por un lado, y, por otro, con la delincuencia transnacional organizada.

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