Conocer la historia es indispensable para entender lo que está ocurriendo en Venezuela. Sergio Ramírez, ex vicepresidente de Nicaragua, hace un recuento de las dictaduras que asolaron a Venezuela desde hace décadas. Dictaduras que fueron aupadas por una casta militar corrupta, una oligarquía complaciente de viejos o nuevos ricos o nuevos ricos que apelaron «al fraude electoral, la represión violenta , el desprecio a la institucionalidad, y el Estado tomado como botín para afianzar lealtades y complicidades políticas».
El robo de las elecciones a la vista pública perpetrado por Maduro constituye un golpe de Estado, similar al de la vieja derecha que se benefició del anticomunismo mientras protegía los intereses tradicionales de las oligarquías criollas. Chávez lo camufló con la invención de un socialismo del siglo XXI que le sirvió para encaramar en el poder a una casta que se disfrazó de socialista para saquear la compañía estatal Petróleos de Venezuela «hasta dejarla exhausta».
El dictador Maduro no se diferencia de las viejas dictaduras que le antecedieron. Optó por el fraude electoral descarado. Gabriel Boric, presidente de Chile, afirmó: «Yo soy una persona de izquierda y desde la izquierda política les digo que el gobierno de Nicolás Maduro es una dictadura y tenemos que hacer todos los esfuerzos internacionales para que se restablezca la ley y la democracia; el pueblo de Venezuela tiene el derecho a decidir su propio destino».
Concluye Ramírez: «Lo demás es disimulo, ceguera complaciente o complicidad»
Para el expresidente Correa, esta reseña de la historia moderna de Venezuela o la ignora o no le da importancia. Sostuvo que si gana Luisa González su gobierno reconocerá a Maduro como legítimo mandatario. Que él ganó en las elecciones y que no se le reconoce por no ser amigo de los gringos. Quienes siguen a Correa declinaron la invitación del presidente Noboa a un almuerzo con el legítimo ganador de las elecciones presidenciales, Edmundo González. La candidata de la Revolución Ciudadana, Luisa González, ha guardado silencio o ha pretendido esquivar el bulto cuando se le ha requerido un pronunciamiento sobre Maduro y el fraude electoral.
Las elecciones en Ecuador enfrentan la amenaza de seguir el rumbo de Chávez y Maduro si la ceguera complaciente o la complicidad invaden la voluntad de los electores. Quienes aun creen que robar las elecciones no es un delito si ello beneficia a la izquierda, caen en un doble engaño. Una dictadura nacida del fraude electoral, similar a las dictaduras de derecha, nada tiene que ver con la izquierda. No es el pueblo de Venezuela el que ha decidido ungir nuevamente al dictador. Y tampoco se beneficia de esta nueva usurpación del poder.
La democracia en los casos de Maduro y Ortega es objeto de una burda tergiversación. Como según ellos los regímenes liberales encubren la dominación de una clase, ellos pretenden valerse de la democracia para instaurar su propia dictadura que, por cierto no es la de los explotados, sino de un nuevo género de explotadores.
La pobreza que el chavismo ha producido en Venezuela, el diáspora de migrantes venezolanos a distintos países de América latina, incluido el Ecuador, son el resultado de un régimen depredador de la justicia social y de la democracia.
La inmadurez implica negarse a ver y sentir el dolor ajeno. En política este estado emocional conduce a justificar actos reñidos con la moral y los valores democráticos. La política requiere madurez. No ver la realidad y seguir postulando modelos que desvirtuaron nobles aspiraciones supone traicionarlas.
