martes, abril 21, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Nuevo tiempo para crear

Es necesario tener presente que la vida nos abre las puertas a nuevos tiempos que nosotros mismos debemos construir. Lo nuevo constituye el camino a la una renovación que nos demanda y que también nos coloca de cara al futuro donde todo podría ser mejor.

A causa de su de su realidad infinitamente móvil, el tiempo se presenta equívoco y misteriosamente adherido a cada cuerpo, a la fuente de todas las palabras, como si estuviese por llagar, de una vez por todas, el cuerpo de lo placentero y de lo incierto que nos ayude a beneficiarnos de lo nuevo que vivimos. Cómo hacer de la esperanza un seguro y perenne estado del diario existir. 

También es necesario incluir nuestros desconciertos y sufrimientos. Si no los incluimos, corremos el riesgo de vivir en una perenne y estéril zozobra. Ninguna certeza es anterior a nosotros mismos. Ni siquiera aquellos dogmas envenados por el poder. Para asegurar el sometimiento de los débiles.

Nuevo tiempo en medio de lo que tiene que cambiar y de aquello que es preciso conservar para seguir siendo nosotros mismos en medio de la batahola de un mundo perenne y necesariamente móvil.

Todo cambia porque formamos parte de un sistema que rechaza las estabilidades fijas e incuestionables.

Por ende, es necesario no aferrarse, de modo alguno, a la fofa gratificación de lo estatuido. El cambio no es una opción sino un requisito de la existencia. Es decir, una ineludible necesidad para mantenernos siendo. Porque nosotros somos no solo el producto de los cambios. Somos incluso lo que está por llegar y que ha sido llamado por el deseo. 

Somos el cambio en si mismo. Sin él, dejaríamos de ser y nos convertiríamos, como en el mito, en estatuas de sal. No pocos sistemas teóricos fueron convertidos por sus predicadores en estatuas de sal.

Un ejemplo: el psicoanálisis lacaniano que absurdamente en fórmula matemáticas a realidades esencialmente subjetivas y hasta misteriosas como el placer, el dolor y hasta a la misma muerte. 

A las antiguas sociedades les asustaba de tal manera el cambio que hasta inventaron los dogmas destinados a obturar para siempre tanto la duda como la necesidad de crear nuevas significaciones. Momificaron tanto el saber como la misma duda puesto que con el dogma ya no es posible ni duda ni creación. Quienes crearon el dogma creían que el cambio conducía a la nada.

Somos duda e incertidumbre. Cuando se debilitan o desaparecen, también dejamos de ser.

Es necesario tener presente que la vida nos abre las puertas a nuevos tiempos que nosotros mismos debemos construir. Lo nuevo constituye el camino a la una renovación que nos demanda y que también nos coloca de cara al futuro donde todo podría ser mejor.

Tan solo caminando llegamos al futuro. El futuro quiere decir permanecer entre los otros. Quien se aísla, está perdido para siempre.

Por ende, nuestra vida constituye el fundamental producto de una actividad que no se repite. Día tras día construimos la vida con sus diferencias. Es lo que, finalmente, nos hace felices.

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