Ya lo hicieron y alguien lo quiere volver a hacer. Si alguna información circula en redes y no es del agrado de grupos poderosos, no hay que analizar, confrontarla o refutarla. Hay que “quemarla” y sacarla de circulación. Esto le acaba de suceder al investigador Arduino Tomasi, con su texto Rastro de polvo blanco.
Flashback: en tiempos de “revolución ciudadana”, los sistemas de inteligencia no perseguían a terroristas sino a tuiteros, periodistas y quien quiera que expresaba una opinión contraria a los relatos del gobierno de Rafael Correa. Para ello, los operadores propagandísticos del régimen se servían de supuestas sociedades de gestión de derechos de autor para dar de baja contenidos en la antigua Twitter y en YouTube, principalmente.
Tomasi, la tarde del miércoles 12 de febrero, recibió una notificación de X en la cual conoció que hay una queja “de alguna entidad autorizada (como una agencia del gobierno, institución legal o de orden público)”. La razón: haber divulgado en esa red social su microensayo Rastros de polvo blanco, de febrero de 2024 (un año antes de las elecciones), en el cual el académico hace un resumen de una de las líneas de su investigación macro más reciente: las miles de muertes de intención no determinada en el país, con un hito cronológico y político: la salida de las fuerzas militares estadounidenses que operaban desde la Base Aérea de Manta, en septiembre de 2009.
¿Qué dice, en esencia, Rastros de polvo blanco? Que las muertes violentas de intención no determinada crecieron en un 75,48% hacia 2010, en las provincias de mayor incidencia de las rutas del narcotráfico hacia los puertos.

Las series estadísticas analizadas por Tomasi muestran algunas correlaciones en el tiempo. Y en todas ellas, un año es el más complejo, por donde se lo mire: en 2014 hubo aumento de muertes violentas y de desapariciones de jóvenes adultos, pero también una caída en el volumen de incautación de droga. ¿Ya no había tanta cocaína en circulación para que hayan caído las incautaciones? La evidencia de cultivos y procesamiento en Colombia, por citar un solo ejemplo, no apunta a esa línea.
Quizá lo que más pudo haber perturbado a quien se quejó del trabajo de Tomasi, divulgado en X, es el siguiente mapa:

Se trata de un mapa de calor que, en estadística, ayuda a visualizar magnitudes, intensidades, de un patrón o de un cambio de tendencias. A simple vista, el mapa muestra en rojo a casi todas las provincias de la Costa. También Pichincha. ¿Qué quiere decir? Que en un período específico, 2010-2018, la correlación entre muertes violentas de intención no determinada y las zonas de mayor incidencia de las rutas del narcotráfico fue más evidente o recurrente en las provincias marcadas en rojo intenso (especialmente en Guayas y El Oro), y en oposición: menos recurrente en otras como Bolívar y Santa Elena, y aún menos recurrente en lugares como Carchi y Pastaza. Caso para más estudios posteriores: Santo Domingo.
¿Por qué este mapa sobre el periodo 2010-2018 pudo haber crispado muchos ánimos en febrero de 2025? Tras las elecciones presidenciales del domingo 9 de febrero, el nuevo mapa de tendencias políticas indicó que Luisa González, candidata del correísmo, ganó en todas las provincias de la Costa y también en las amazónicas de Sucumbíos y Orellana. Y Daniel Noboa se impuso en el resto del país.
Las provincias de la Costa, también Sucumbíos, Tungurahua y el cantón azuayo Ponce Enríquez son lugares en que las muertes violentas van en aumento desde 2023.
El presidente Noboa, sin pruebas contundentes, afirmó el martes 11 que en varias provincias hubo amenazas de grupos criminales para que la gente vote por una determinada candidata. Un tiro en el pie a todas luces…
Luego, varios analistas, en sus lecturas post elecciones, recogieron aquel dato factual sobre las provincias con aumento de las muertes violentas y algunos de aquellos analistas indicaron otro dato factual: en esas provincias ganó González.
Sin embargo, del lado y lado, entre oficialistas y correístas, se exacerbó los ánimos con relatos regionalistas y se leyeron los datos a libre antojo, para atacar a quienes no votaron por Noboa y, desde la vereda del frente, para victimizarse, con acusaciones recíprocas de narcos, fachos, odiadores… Acciones con olor a alcantarilla.
Las dinámicas del narcotráfico y su penetración, no solo territorial sino también institucional y hasta cultural, son un objeto de los análisis estadísticos de Arduino Tomasi. ¿Por qué, entonces, pedir censura? ¿Será Tomasi un nuevo blanco de denuncias por supuesto delito de incitación al odio? Y como diría Galileo: Eppur si muove…
