La ciudad de Río de Janeiro (Brasil) recibió este 5 de agosto a los 10.500 atletas de los 206 comités olímpicos clasificados para esta nueva edición de los juegos olímpicos de verano, dentro de los cuales se darán 306 eventos deportivos en 28 disciplinas olímpicas.
Los recibe en medio de una crisis política tras la destitución y juicio que enfrenta la presidenta (o ex presidenta) Dilma Rouseff, tras los escándalos de corrupción y peculado en los que se ha visto envuelta la administración del país carioca (muchos de ellos a razón de esta edición de los juegos olímpicos), pese a todo esto, la antorcha sigue su recorrido hacia la tea olímpica.
El despliegue artístico de la ceremonia inaugural se dió en el legendario estadio Maracaná con más de 6.000 bailarines, figuras como Giselle Bündchen, gran brío, de seguro mucha samba y colores, pero es justo aquí donde me detendré, en los colores: estos Juegos de la XXI Olimpiada cuentan con la inédita cantidad de 16 atletas (en competencia) abiertamente LGBTI, pese a que la cantidad es, en relación a los 10.500 atletas participantes pequeña por donde se la mire, aún más teniendo en cuenta que estadísticamente al menos 1 de cada 10 personas en el mundo es LGBTI, sin embargo, considerando la pasada edición de los juegos de invierno de Sochi (Rusia) en el 2014, donde la persecución hacia personas LGBTI y los escándalos por crímenes de odio por homofobia y transfobia fueron una sombra que persiguió los juegos durante toda su agenda, considero completamente oportuno mirar este número con optimismo, este número que más que un simple número pequeño representa visibilidad y orgullo, representa que no sólo los atletas, sino todos y todas en el mundo, hoy, tenemos menos miedo de mostrarnos, de ser quienes somos, de competir y conquistar preseas.
¿Será este el momento de hacer historia?, así como en 1968 cuando los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos tras ganar el 1er y 3er lugar correspondientemente en los 200 metros planos levantaron desde el podio sus puños revestidos con un guante negro como símbolo del black power y la lucha por los derechos civiles, lo cual les costó su destitución de los juegos, el exilio en los años siguientes y hasta amenazas de muerte.
¿Veremos acaso una bandera de arcoiris flameando sobre algún podio?
Pase lo que pase algo está claro, el momento de esconderse quedó ya en el pasado, las puertas de los armarios están abiertas y nadie está dispuesto a volver a entrar en ellos tras haber salido, este año en Brasil ¡Vamos por el oro! y una vez más, no queda duda de que todo mejora.
