En un mundo asolado por el consumismo y el totalitarismo el Vaticano muestra un rostro anclado en la fe. Los líderes de Occidente no obstante no ser todos católicos, asistieron a decir adiós al Papa Francisco. Los nombres de los papas simbolizan la respuesta a los grandes desafíos de la época. La Iglesia católica no ha sido indiferente al movimiento de la historia. Frente a la revolución industrial León XIII postuló con la encíclica Rerum novarum un compromiso de la Iglesia con la justicia social. La elección del nombre de León por el nuevo Papa responde al desafío de una nueva revolución industrial y a la inteligencia artificial que pretende suplantar la inteligencia humana.
De acuerdo a lo que es posible colegir, el credo religioso de la Iglesia católica no permanece estático y se adapta a los cambios sociales. Del oscurantismo medieval ha transitado a una convivencia con la modernidad caracterizada por una crisis de la fe. Sintoniza con el ritmo de la historia, no renuncia a ser pastora de los más débiles. Como que ha tomado conciencia de la necesidad de ocuparse no solo del más allá, sino del más acá. Aboga por mejorar las condiciones de los pobres en este mundo, aquí y ahora. En esta medida, el Vaticano vela porque los estados seglares no descuiden su misión social. El estado vaticano no cede a los delirios de poder de las potencias occidentales y asiáticas.
Dada la coexistencia con el mundo no católico, el Vaticano no ignora el debate entre la certeza y la duda. La certeza no permite enfrentar la incertidumbre derivada de la complejidad que hoy impera en el mundo. El pensamiento científico tampoco tiene respuestas concluyentes a muchos fenómenos sociales. El debate entre la razón científica y la fe tiene nuevas dimensiones. Muy diferentes a las que existieron en el siglo XV.
Los defectos humanos no le son ajenos al cuerpo cardenalicio. Los cardenales también expresan intereses, valores, aspiraciones. El cónclave es un espacio de negociación manejado con mucha sabiduría. Es un ejemplo de madurez política que frecuentemente está ausente de la arena política civil. En su trayectoria histórica el Vaticano ha practicado una apertura a otras creencia y credos, ya no tiene el monopolio de la verdad. Desde luego que en esta trayectoria no faltaron episodios que lo apartaron de esos principios., como ocurrió en el Ecuador en el siglo XIX.
Su mirada ya no se circunscribe al Primer Mundo. La geopolítica le ha llevado a ampliarla hacia el mundo periférico. De ahí su preocupación por llegar a los pueblos de ese otro mundo, dominado y explotado por el primer mundo, eligiendo a cardenales conectados con aquel. Tal fue el caso del Papa Francisco, argentino, y lo es del nuevo Papa León XIV, americano-peruano. Son prelados que abogan por los derechos humanos y abjuran de las dictaduras que los atropellan. Se muestran más afines con la democracia, de ahí que sus fieles han sufrido persecuciones por oponerse a las dictaduras del Cono Sur y de América central.
En América Latina la teología de la liberación fue una fuerza que abrió nuevos espacios a la lucha por la emancipación social. Los pobres ya no lo eran por cometer pecados terrenales sino por la lógica del poder y de la inequidad. En el Ecuador personajes como Leonidas Proaño y José Gómez Izquierdo contrarrestaron la ideología de la sumisión a cambio del paraíso con la enseñanza a los campesinos y a los marginados de sus derechos a la libertad y a la dignidad social mediante una labor educativa con las radios comunitarias y con proyectos de empoderamiento de los barrios marginales. Una acción práctica y desinteresada en favor de los más pobres para que ellos sean los autores de su suerte.
En los conflictos que los poderes de los Estados más ricos del planeta libran en torno a la hegemonía mundial, los papas ya adhieren a la paz y en contra de la guerra. No quieren ser cómplices de un orden mundial sustentado en el mercado. Son partidarios del diálogo y del encuentro como vías de solución de los conflictos terrenales. Son conscientes de los efectos de los malos usos de la tecnología y asumen el rescate de la humanidad como la razón de ser de un mundo que sufre un duro embate de fuerzas que expolian a la naturaleza y a los valores morales hundidos por la abolición de la ética en las esferas pública y privada.
