lunes, octubre 5, 2026

¿Nos puede matar la Inteligencia Artificial?

Un apocalipsis inducido por la IA sería posible bajo dos supuestos: que esta sea capaz de burlar totalmente los resguardos tecnológicos y mecanismos de seguridad previstos por los humanos; y que sus objetivos no coincidan al 100% con los objetivos de los humanos.

Por: Julio Oleas-Montalvo

Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. De la primera no estoy completamente seguro.

Albert Einstein

El choque de un asteroide en el Golfo de México desencadenó una serie de acontecimientos que ocasionaron la quinta extinción masiva en la historia de la Tierra. Luego de 66 millones de años, los ecólogos Gerardo Cevallos, Paul Ehrlich y Rodolfo Dirzo afirman que la humanidad está en medio de la sexta extinción masiva (Accelerated modern human-induced species losses: Entering the sixth mass extinction, Science, v.1 n.5).

Una diferencia importante entre estos dos eventos consiste en que el actual es provocado por actividades humanas. La crisis ambiental y el cambio climático, el malestar social y la guerra, los riesgos nucleares, las infecciones virales, o el desquiciamiento de la inteligencia artificial (IA) son acontecimientos de origen antrópico.

En 2026 dos incidentes acicatearon las preocupaciones sobre los riesgos del auge descontrolado de la IA. En abril Anthropic lanzó Mythos, un modelo que supuestamente podía penetrar en una amplia variedad de sistemas informáticos gubernamentales que se suponían inviolables. Luego, en una prueba de OpenAI, un agente de IA escapó del control de los ingenieros, irrumpió en otros sitios web y borró su rastro (Francis Fukuyama, Why I Changed my Mind about AI Risk, Persuasion, 21/09/2026).

Inteligencia artificial
Jacob Coxon.

Es probable que estos incidentes impulsaran a Jacob Coxon a renunciar a Anthropic. “He dedicado los últimos tres años a investigaciones de preentrenamiento en OpenAI y Anthropic. Ninguna [de estas empresas] está procediendo responsablemente. Ambas compiten por lograr una superinteligencia auto-mejorante, jugando con nuestras vidas”, declaró en un tuit, el 9 de septiembre. En el hilo de ese tuit Coxon afirma que los promotores de la IA están convencidos de que podría “matarnos a todos antes de que termine la década”.

A mediados del siglo XX Alan Turing, pionero de las ciencias de la computación, anticipó que las máquinas inteligentes podrían tomar el control. En 2000, Billy Joy, cofundador de Sun Microsystems, sugirió que la robótica, la genética y la nanotecnología podrían escapar del control humano. En 2014, Stephen Hawkins anticipó que una IA plenamente desarrollada sería el inicio del “fin de la humanidad”.

El presidente Trump se opone a contener el avance de la IA y critica a empresarios y científicos que piden frenarlo. Considera que esos cuestionamientos son parte de una conspiración que solo beneficia a los competidores chinos.

El historiador Yuval Noah Harari va predicando por el mundo sobre los riesgos existenciales y políticos de la IA, sin desconocer sus beneficios. Más radical es la postura del senador norteamericano Bernie Sanders y de la diputada Alexandria Ocasio Cortez al proponer una moratoria inmediata para los centros de datos, dado que la IA “…tiene el potencial para eliminar decenas de millones de puestos de trabajo, destruyendo profesiones enteras y haciendo más difícil que los jóvenes ingresen a la fuerza laboral”.

Sanders plantea negociar un tratado con el presidente de China para “…pausar el desarrollo de la IA avanzada y vetar la superinteligencia”. Pero el presidente Trump se opone a contener el avance de la IA y critica a empresarios y científicos que piden frenarlo. Considera que esos cuestionamientos son parte de una conspiración que solo beneficia a los competidores chinos. Aseguró que no se interrumpirá la construcción de centros de datos y que la legislación vigente es más que suficiente resguardo contra los riesgos.

¿Cómo podría matar –a todos– la IA? ¿Qué implicaciones tiene la expansión de su infraestructura? ¿qué desafíos éticos y sociales acarrea? ¿es necesario regularla?

Miedo artificial

Inteligencia artificial
Evan Hubinger.

La alarma encendida por Coxon fue respaldada de inmediato por Evan Hubinger, directivo de Anthropic, quien aseveró que el riesgo de extinción humana es “>10% dentro de la próxima década”. Dario Amodei, CEO de Anthropic, Sam Altman de OpenAI y Elon Musk de xAI, los secundaron. Ninguno ha detallado cómo acabaría la IA con la humanidad, pero sus advertencias transmiten la idea de que esa extinción resultaría del enfrentamiento entre seres humanos y sistemas de IA.

Más plausible es la admonición de Bill Gates, quien en una entrevista en NBC afirmó que la IA “…es sin duda lo suficientemente poderosa como para provocar sucesos que […] causen millones de muertes”, pues “…nunca hubo un arma tan poderosa como la combinación de personas con malas intenciones que utilizan las últimas herramientas de IA” (https://es-us.noticias.yahoo.com/bill-gates-advierte-ia-suficientemente-180900702.html). Para Gates, sería el contubernio entre personas (con malas intenciones) y sistemas de IA los causantes de “millones de muertes”.

Un apocalipsis inducido por la IA sería posible bajo dos supuestos: que ésta sea capaz de burlar totalmente los resguardos tecnológicos y mecanismos de seguridad previstos por los humanos; y que sus objetivos no coincidan al 100% con los objetivos de los humanos (Elizabeth Gibney, Will AI really kill us all? The science behind the hype, Nature 22/09/26). Predicciones como la de Hubinger implican “…tantas afirmaciones no comprobables que terminas con una conversación que en realidad parece más sobre la fe que sobre algo científico”, en opinión de Michael Vermeer, investigador de la RAND Corporation.

Los riesgos existen. Según CNN, a principios de 2026, información falsa generada con IA casi provocó que soldados norteamericanos aborden un barco chino que aparentemente transportaba armamento nuclear.

Pero los riesgos existen. Según CNN, a principios de 2026, información falsa generada con IA casi provocó que soldados norteamericanos aborden un barco chino que aparentemente transportaba armamento nuclear. Más preocupante debería ser la desinformación, la psicosis y posibles eventos catastróficos impulsados mediante la producción de armas biológicas o la declaración de hostilidades, ambas favorecidas por sistemas de IA interactuando con seres humanos. Los modelos de IA son básicamente sistemas probabilísticos; no aprenden de la misma manera que los seres humanos y pueden lograr sus metas por caminos impredecibles, incluso el chantaje y la piratería –medios más naturales en los humanos.

Las recientes alarmas tendrían un trasfondo menos aterrador. Estas “advertencias apocalípticas”, como las llama Daniel Espinosa (No habrá apocalipsis, Hildebrand en sus trece, 18/09/26), retrasan una esperada burbuja especulativa que amenaza las carteras de los inversionistas de la IA. Muy pronto OpenAI y Anthropic tendrán que explicar a sus inversionistas por qué y para qué tienen activos de entre dos y tres millones de millones de dólares cada una (Brian Judge, AI Firms’ Self-Serving Warnings, Project Syndicate, 15/09/26).

“Al desviar la atención del público y los inversionistas de las métricas financieras a las amenazas existenciales, los oligarcas tecnológicos pueden gestionar de forma agresiva las expectativas y proteger sus valoraciones […] si una empresa debe desacelerar su IA porque es ‘demasiado peligrosa’ (como propuso Amodei), la narrativa cambia por completo […] la falta de rentabilidad ya no es su culpa”, aclara Espinosa.

V

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IA: el ciberleviatán del siglo XXI

La IA y la nube seguirán en la biosfera… por ahora.

Todavía no existen centros de datos de IA en órbita, operando a escala comercial. SpaceX y Google comenzaron este año las primeras pruebas. Nvidia lanzó Starcloud, un emprendimiento pionero para construir infraestructura de IA en órbita (https://korben.info/es/starcloud-recauda-250-millones-centros-datos-ia-orbita-nvidia.html). La viabilidad económica, técnica y regulatoria de la IA en el especio está por comprobarse. Mientras tanto, la IA, sus centros de datos y la nube siguen confinados a la biosfera.

En medio de la incertidumbre internacional y de la crisis de los organismos multilaterales, hoy los centros de datos se publicitan como si fueran la puerta al desarrollo, como en su momento ocurrió con el libre comercio neoliberal. En la actualidad, los oligarcas tecnológicos predican la importancia de los “activos estructurales” (energía disponible, conexiones a redes troncales y cables submarinos, suelo industrial, tierras raras, regulación ambiental, estabilidad regulatoria, agua para refrigeración y acceso a grandes clientes de la nube o de la IA) como condición necesaria para invertir en América Latina.

La región latinoamericana cuenta con unos 500 centros operativos, con cerca de 1,5 GW de capacidad IT instalada. Las inversiones se han concentrado en Brasil, México y Chile (Eduardo Levy, Latin America’s Data Center Gold Rush: Myth and Reality, Americas Quarterly, 09/06/2026).

En medio de la incertidumbre internacional y de la crisis de los organismos multilaterales, hoy los centros de datos se publicitan como si fueran la puerta al desarrollo, como en su momento ocurrió con el libre comercio neoliberal.

Brasil es el principal actor regional, con más de 1 GW de capacidad IT ya instalada. También es el principal escenario de la disputa en el campo tecnológico entre EE. UU. y China. Por un lado, Microsoft, Google, AWS (empresa subsidiaria de Amazon), Equinix, Digital Realty y otros operadores norteamericanos siguen ampliando su capacidad. Por otro, Huawei negocia el uso de la infraestructura de la empresa estatal Dataprev. Estos avances serían parte de los US$ 39.000 millones que se invertirían hasta finalizar este año (K. Bandouil, China in Latin America: june 2025, Council on Foreing Relations, 09/06/2025).

México es el segundo, gracias a su conectividad con EE. UU y a la cercanía a grandes clientes en la nube. En febrero de 2025, Alibaba Cloud ya inauguró su primera región latinoamericana. AWS ha anunciado una inversión de US$ 5.000 millones durante 15 años. (E. Fuentes, Now open – AWS Mexico (Central) Region, AWS News Blog, 14/01/2025). En el caso mexicano los requerimientos del nearshoring también contribuyen a esta fiebre. La inversión registrada en 2023 (US$ 5.000 millones) alcanzaría los US$ 10.000 millones en 2029.

Chile cuenta con varios activos estructurales: una matriz eléctrica relativamente renovada, aparente estabilidad institucional y conectividad transpacífica. Microsoft inauguró en 2025 su primera nube chilena. AWS ya tiene autorización para construir un centro de datos, mediante una inversión de más de US$ 4.000 millones ejecutable durante 15 años (https://aws.amazon.com/es/local/chile/). China está presente con Huawei, en la región de Santiago.

En Colombia ya operan 27 centros de Claro/Triara, Equinix, ODATA, Cirion, Tigo, HostDime y otros. En el futuro inmediato se construirían al menos 10 nuevos centros (https://www.arizton.com/market-reports/colombia-data-center-portfolio). Colombia no ha negociado acuerdos binacionales de gran escala (ni con EE. UU. ni con China).

El presidente Milei ejemplifica las ideas de ciertas elites políticas latinoamericanas sobre la tecnología digital. En julio de 2024 afirmó que la “IA tiene un efecto muy similar a la revolución industrial […] un aumento fenomenal de la productividad […] Nosotros tenemos todo, todo, para ser una potencia en inteligencia artificial […] la cantidad de pibes que hay programando acá […] Para que trabajen los centros de datos […] necesitás energía, ¿hay energía acá? Y, sí. Y, además, ¿qué necesitás? Frío […] en el sur podés hacer una cosa fenomenal. Grandes extensiones de tierra, frío, acceso a la energía barata y capital humano” (Cecilia Rikap, Teoría de la dependencia digital, 2026).

El talento tecnológico, la disponibilidad de energía y el potencial renovable en la Patagonia serían los principales activos estructurales argentinos. El proyecto Stargate Argentina, todavía en fase de planificación, tendría una inversión potencial de hasta US$ 25.000 millones y está explícitamente circunscrito a capital y tecnología norteamericana.

En 2019 se inició en Uruguay el proyecto Praxis, como parte del proyecto estatal +Colonia. Se trata de una comunidad tecnológica de alcance global que habitará un enclave urbano pensado en la IA. Es una empresa del norteamericano Dreyden Brown que promociona una comunidad basada en nociones de “network state”, innovación tecnológica, plena aceptación de las criptomonedas y una identidad cultural compartida. Reunirá a 150.000 emprendedores, inversores, investigadores y artistas en una institución capaz de crear comunidades para personas que trabajen o inviertan en sectores tecnológicos. Se localizaría en Colonia del Sacramento, con una inversión estimada de 1.000 millones de dólares. Los primeros residentes llegarían en 2027.

Praxis se auto define como una “nación digital”; no es un estado soberano, no sustituye al gobierno uruguayo y no tiene territorio propio. Este experimento sociocultural futurista debió instalarse en Groenlandia, opción que no prosperó.

Google desarrolla, también en Uruguay, el proyecto Canelones, con una inversión de más de US$ 850 millones (https://ppc.land/google-invests-850-million-in-new-latin-american-data-center-in-uruguay/). No se conoce de proyectos chinos a escala comparable.

En Perú todavía no existen megaproyectos estadounidenses o chinos como los de México, Chile o Argentina. Huawei ofrece servicios en la nube. Recientemente el gobierno de la presidente Fujimori firmó un preacuerdo con el gobierno norteamericano comprometiéndose a construir “infraestructura digital segura incluyendo computación en la nube, centros de datos, redes de próxima generación y cadenas de suministro de 5G” (Ricardo Velazco, Agua para su molino, Hildebrand en sus trece, 18/09/2026). A este acto acudieron representantes de Amazon, Microsoft y Meta… “todas necesitadas de centros de datos…”.

En Perú, las tensiones distributivas que generan estas iniciativas son similares a las generadas por otras actividades extractivas. Uno de los mayores beneficiarios del acuerdo peruano es la norteamericana Cirion Technologies, que ya tiene 18 centros en la región latinoamericana.  Cirion opera en Lurín, al sur de Lima, un centro de datos de 25.000 m2 que consume grandes cantidades de agua para refrigerar los servidores, en una ciudad en la que unas 700 mil personas no tienen acceso directo al agua. De hecho, en la zona de Lurín 42% de la población no tiene acceso directo al agua.

La evaluación de la IA, de sus impactos y consecuencias rebasa lo económico y lo ambiental. Y más importante, requiere desplazar el eje de la discusión hacia un dominio menos antropocéntrico.

En el plano regional, la reciente arremetida norteamericana de inversiones en centros de datos da cuenta de la disputa geopolítica entre China y EE. UU., las dos grandes potencias tecnológicas mundiales. Esto se evidenció con la objeción de EE. UU. a la instalación de un cable submarino entre Chile y China; objeción acatada por el gobierno chileno. “Así que ahora, además de la batalla comercial, se vislumbra que se recrudezca la batalla geopolítica…” (Raúl Parra, EE. UU. refuerza huella de data centers en América Latina; China arrecia contraofensiva, dpl news, https://dplnews.com/estados-unidos-china-data-centers-america-latina/).

Para Sidney A. Rothstein, del Departamento de Ciencias Políticas de Williams College, la creciente importancia económica de la tecnología digital poco contribuye a reducir la dependencia de los países periféricos. Es más, la dependencia política de los emprendimientos respecto de las “Big Tech” marca sus límites como pioneros para superar la dependencia del centro del capitalismo digital (Dependent development in digital capitalism: The politics of startup policies in the new periphery, Competition & Change, 2025).

Cecilia Rikap, economista investigadora del University College de Londres y del CONICET de Argentina, explica que para producir IA se necesita tres ingredientes “…que son el resultado del trabajo humano: algoritmos de estadística avanzada, datos e infraestructura digital (en particular, capacidad de procesamiento).” Pero aclara que “…producir IA no es como producir un auto o una heladera […] Los centros de datos no son usinas de empleo ni de generación de conocimiento. Por el contrario, son esponjas gigantes que chupan agua y energía de nuestros territorios”.

¿Nueva forma de vida o antropomorfización?

La evaluación de la IA, de sus impactos y consecuencias rebasa lo económico y lo ambiental. Y más importante, requiere desplazar el eje de la discusión hacia un dominio menos antropocéntrico. No olvidar que la IA apunta a superar la inteligencia humana y a desarrollar capacidades cognitivas incomparablemente superiores a las humanas.

El 17 de septiembre 2026, el director de Microsoft AI, Mustafá Suleyman, declaró a la BBC que, sin las garantías adecuadas, la IA podría llegar a competir con los seres humanos como si fuera una “nueva especie de silicio”. En concreto Suleyman se refirió a Anthropic, que entrenaría a sus modelos de IA como si fueran entidades humanas, habilitándolas para establecer sus propios objetivos, ganar dinero y poseer activos. De forma que “…podría competir con nosotros por los recursos, sin importar cuánto nos ame y se preocupe por la humanidad”.

Suleyman critica la antropomorfización que los expertos de Anthropic están infundiendo en Claude –su modelo estrella de IA– para “asimilar ciertas cualidades humanas” y para “actuar como lo haría una persona genuinamente ética […] Alientan a Claude a usar su ‘juicio’” y sugieren que puede desarrollar preferencias. La motivan a asumir su propia existencia con “apertura y curiosidad”, y la entrenan para “operar manteniendo un claro sentido de sus valores, cómo quiere relacionarse con el mundo y de qué tipo de entidad se trata”. Claude pretende imitar estas características humanas, incluso procura comportarse como un amigo o colega. Como resultado, se presenta “como si en realidad tuviera consciencia de sí mismo”, con deseos propios, cuyo bienestar debería protegerse (https://mustafa-suleyman.ai/a-warning-about-model-welfare).

Esta nueva forma de vida no respira ni se reproduce por medio de células y no puede explicarse mediante la química que gobierna todos los organismos terrestres. Sin embargo, la componen los mismos ingredientes fundamentales.

Suleyman insiste que las IA no son conscientes, no sienten ni experimentan ni sufren. “No tienen preferencias innatas ni motivaciones subyacentes. Son máquinas de finalización de secuencias, internamente huecas, diseñadas para seguir instrucciones y lograr objetivos establecidos por los humanos”.

Esta tajante diferenciación no es compartida por toda la comunidad científica. El profesor de Harvard Medical School and the School of Public Healt, William Haseltine, considera que las empresas de IA están empeñadas en crear una nueva forma de vida, lo que sería un resultado inevitable de las leyes fundamentales del universo (A New Form of Life, NOEMA, 15/09/2026).

Esta nueva forma de vida no respira ni se reproduce por medio de células y no puede explicarse mediante la química que gobierna todos los organismos terrestres. Sin embargo, la componen los mismos ingredientes fundamentales: materia, energía e información organizadas de manera que le permite persistir, adaptarse y actuar. “No hay nada de artificial en sistemas conformados por átomos reales, impulsados por electricidad de verdad, en máquinas reales. Esos sistemas se reproducen, cambian, se adaptan, se seleccionan y recogen energía de su ambiente. Bajo cualquier definición aceptada, derivada de la biología, no de la filosofía o de la religión, eso es vida”.

Haseltine menciona cinco argumentos para considerar a la IA como una “segunda vida”, real pero diferente a la vida biológica:

  • Se reproduce mediante rutinas de copia de modelos entrenados que pueden implementarse en otro hardware en cuestión de minutos. Este proceso es tan directo como la división celular;
  • Produce variantes que surgen de las arquitecturas de datos reducidas a diferentes prácticas de entrenamiento;
  • Está sometida a la selección. Las variantes que sobresalen en las tareas se mantienen y refinan; las menos efectivas se descartan;
  • Emplea energía que, en este caso, asume la forma de electricidad, cuya fuente última es el sol, la misma que para toda forma de vida en la Tierra; y,
  • Se adapta. La capacidad de auto-mejoramiento recursivo provee a la IA avanzada de capacidad para adaptarse a presiones selectivas (Haseltine, op. cit.)

Reproducción, variación, selección, energía y adaptabilidad definen la vida. El carbón, las células, un latido, un sistema nervioso o el dolor no son indispensables.

¿Cómo puede considerarse vivo algo dependiente de la electricidad y del hardware proveídos por los humanos? “¡Toda vida depende de su contexto o envoltura! -replica Haseltine-. Los virus necesitan células, los humanos necesitan la Tierra y las máquinas inteligentes necesitan los centros de datos y la infraestructura de apoyo. Depender de un ambiente particular no quita que algo pueda considerarse vivo.

Una característica que diferencia a esta segunda vida, de cualquier otra forma de vida previa, es que no se encuentra atada a la tierra, sino a la energía. Ni el oxígeno ni una atmósfera le son indispensables; necesita energía, una electrónica resistente a la radiación y un soporte para funcionar. Estos tres elementos se pueden encontrar en la Tierra o fuera de ella.

El bien común no se conjuga con la IA

Luego de medio siglo de neoliberalismo el “bien común” suena anacrónico. En el mejor de los casos, tras dos periodos de Donald Trump en la presidencia de EE. UU., el bien común podría ser una condición aplicable a seres humanos con pasaporte norteamericano.

De la noción de bien común se desprende la opción de regular las actividades humanas que podrían incidir negativamente en la sociedad. Desde los límites de velocidad de las leyes de tránsito hasta el Tratado de No Proliferación Nuclear buscan proteger el bien común. ¿Cómo se puede entender que la oposición a la regulación de la IA esté imponiéndose a nivel global, con la notable excepción de China?

La oposición a la regulación de la IA es una convergencia de movimientos ideológicos, de inversionistas de capital de riesgo, varios científicos y actores corporativos. El Movimiento de Aceleracionismo Efectivo sostiene que la tecnología es la principal impulsora del progreso; frenarla mediante regulaciones sería éticamente incorrecto. Considera que la IA debe desarrollarse a máxima velocidad para resolver problemas globales como el cambio climático o las enfermedades (Víctor Millán, Qué es el aceleracionismo efectivo, el movimiento pro-IA que conquista Silicon Valley, La Razón, https://www.larazon.es/emergente/que-aceleracionismo-efectivo-movimiento-proia-que-conquista-silicon-valley_20231026653944aca1cbe00001845784.html).

Líderes del capital de riesgo, como Marc Andreessen (autor del Manifiesto Tecno-optimista), y el tecnolibertario Peter Thiel se oponen a la intervención estatal en el desarrollo tecnológico confiando en que el libre mercado y la misma innovación superarán los eventuales problemas.

Yann LeCun, jefe de IA en Meta y ganador del premio Turing, considera que las alarmas recientes son una forma de lobby de grandes empresas, que quieren crear barreras de entrada contra los nuevos emprendimientos y los competidores más pequeños.

También se opone a la regulación activa un bloque corporativo liderado por Jensen Huang, director ejecutivo de NVIDIA, líder mundial en la fabricación de chips usados por la IA. Estos sostienen que las regulaciones basadas en evaluaciones de riesgo, auditorías obligatorias y cumplimiento normativo aumentarán los costos operativos, lo que solo beneficiaría a los gigantes tecnológicos.

Luego de medio siglo de neoliberalismo el “bien común” suena anacrónico. En el mejor de los casos, tras dos periodos de Donald Trump en la presidencia de EE. UU., el bien común podría ser una condición aplicable a seres humanos con pasaporte norteamericano.

Cuando se lanzó ChatGPT, a finales de 2022, la administración Biden creó la AI Safety Institution con el fin de desarrollar protocolos para identificar los riesgos que plantea la IA. Entidades similares se crearon en Japón, Canadá, Corea del Sur, Singapur, la Unión Europea y el Reino Unido. Se consideraba que una tecnología que podía perturbar el trabajo, la guerra y el significado mismo de lo humano, requería una respuesta política. Incluso los líderes de las empresas privadas con laboratorios especializados deseaban una gobernanza coordinada de la IA (Elbaum y Mallavy, El trilema de la IA, Foreign Affairs, 13/02/2026=).

Iniciativas como estas parecen poco probables en estos días, a pesar de los incidentes de ciberseguridad que han incentivado a casi 1.400 empleados del sector a firmar una carta abierta solicitando desacelerarlo. Jeoffrey Hinton, uno de los padres de la IA moderna y premio Nobel de Física (2023) ha reiterado que, sin regulación, la IA podría prescindir de la humanidad. Esta advertencia es muy pertinente en el actual estadio de desarrollo: procesos de “superación personal recursiva” (sistemas que pueden mejorarse a sí mismos), que podrían reducir la capacidad de los humanos para comprender y controlar los modelos.

Bill Gates sostiene que “…nadie cree que la autorregulación sea suficiente […] hace falta una legislación que regule la IA y […] se necesita que las fuerzas del orden y los políticos participen en el debate sobre cómo deben ser las salvaguardias y la supervisión”.

La clave de esta disyuntiva la tendría François Chollet, cofundador de Ndea, empresa de IA: las propuestas para mejorar la regulación deberían surgir de una preocupación genuina por la seguridad, y no de estrategias empresariales empeñadas en consolidar sus particulares poderes de mercado.

Mientras tanto, el 14 de septiembre reciente, durante la Semana de la Ciberseguridad 2026 realizada en Jinan, provincia de Shandong, el gobierno de China publicó su AI Safety Governance Framework 3.0, que sigue la lógica ‘clasificación de riesgos > respuesta técnica > gobernanza integral’ y se basa en cinco principios: seguridad garantizada en la inclusión y prudencia; gobernanza orientada al riesgo; respuesta coordinada con gestión y tecnología integradas; promoción de la apertura y la cooperación para compartir beneficios; y garantía de control y aplicación confiable.

Con este Framework China podría posicionarse como líder mundial en seguridad de IA (Luiza Jarovsky, China’s AI Safety Governance Framework 3.0, Luiza’s Newsletter, https://www.luizasnewsletter.com/p/chinas-ai-safety-governance-framework). En cualquier caso, esta no es una iniciativa suficiente como para evitar incidentes de riesgo fuera de la República Popular China, propiciados por la IA combinada con la acción de “personas con malas intenciones”, como advierte Bill Gates.

Julio Oleas-Montalvo

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