Recientemente, China convocó a una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), surgida esta de un acuerdo inicial entre Rusia y China a inicios de este siglo. Su objetivo es consolidar un rol importante en la geopolítica mundial tras el fin de la Guerra Fría, buscando un contrapeso a potencias como Estados Unidos y un equilibrio en la hegemonía y la gobernanza global.
Creada en 2001, la OCS se compone los países miembros: China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Irán, Pakistán, y de países observadores como Mongolia, Bielorrusia y Afganistán. En conjunto, estos abarcan más de 30’189.000 km², representando una porción significativa de la población mundial. Este mercado podría ser importante para la región, pero la cita presenta otros aspectos de potencial para el Sur Global.
La cumbre se desarrolló en medio de tensiones comerciales entre India y Estados Unidos, debido a los aranceles impuestos a productos indios (cercanos al 50%). A pesar del conflicto histórico entre India y China, el apretón de manos entre Narendra Modi y Xi Jinping sugiere una nueva etapa geopolítica en esta parte del mundo, o quizás el inicio de un grupo de países que busca equilibrar el poder comercial y las relaciones internacionales.
¿Cuál es el objetivo de China, con esta cumbre y el impulso de la OCS?
Probablemente, busca tener mayor presencia en países vecinos, a pesar de conflictos limítrofes, pues la riqueza en productos naturales y energéticos de estas zonas es crucial para las aspiraciones geopolíticas y geoeconómicas chinas.
Además, China busca escribir un nuevo capítulo en la gobernanza global, con matices justos y razonables, acompañada de países vecinos, buscando una igualdad soberana y revisando los instrumentos internacionales que han permitido un equilibrio de «paz» aparente, un modelo que ha caducado.
En su última cumbre, los acuerdos impulsan el multilateralismo y proponen centrar el Estado en el «pueblo», con un discurso socialista. Sin embargo, estos países son más capitalistas que los del Norte global, y esta dinámica busca acortar las brechas Norte-Sur y aumentar la participación del Sur global.
Este bloque busca ser el contrapeso a potencias como Estados Unidos y la Unión Europea. La consolidación de este bloque, discutida en la reunión, le permitiría ser una potencia que desafiaría a Estados Unidos.
Además, el mensaje sobre el bloque señala la protección de los valores tradicionales comunes de la humanidad, un bálsamo en un mundo en conflicto. Este enfoque integracionista podría entusiasmar a países como Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia y Paraguay, permitiendo soñar con un bloque que compre nuestros productos e invierta en nuestras ciudades.
Sin embargo, estamos presenciando el inicio de un nuevo orden mundial o un grupo de países que buscan implementar una democracia con «características peculiares», ya que en algunos de estos países existen derechos humanos suspendidos o suprimidos y la alternancia del poder no es una opción. Este «modelo» de democracia podría venir en el paquete.
Estemos atentos y observemos cómo mueven sus fichas los miembros de este grupo, y veremos cuáles son las verdaderas intenciones para nuestra región y el mundo, después de todo el mundo ya no es el mismo que hace 20 años.
