martes, abril 28, 2026
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Diego Chimbo Villacorte

Diego Chimbo Villacorte

Abogado en libre ejercicio profesional

Nunca más un dictador

Un presidente jamás debe entrometerse en la Justicia, jamás debe allanar una embajada, jamás debe evitar que sus adversarios participen en una carrera presidencial y mucho menos debe pisotear campante la Constitución para eliminar a su propia vicepresidenta.

Es deber de todos salir del silencio. Debemos entender que la pasividad y el conformismo sólo nos hace cómplices de lo que nos pasa. Debemos entender que no podemos ser simples expectantes de la inseguridad, el desempleo y las tinieblas. Somos más que un simple rebaño maltratado que se concentra en un TikTok.

La improvisación y la mediocridad son la carta de presentación de un gobierno que hizo entender a miles de ecuatorianos que sí importa quién lleva las riendas de un país, que el viejo dicho “no importa quien gobierne, porque yo vivo de mi trabajo” solo funciona cuando puedes trabajar.

Mientras el presidente viaja por el mundo haciendo gala de su cargo, miles de emprendedores cierran sus puertas porque la muerte vestida de vacunador está tocando sus puertas. Al presidente se le olvidó que las máquinas no se prenden con velas, que no se puede trabajar en medio de una oscuridad intermitente y mucho menos, con un profundo miedo de lo que vendrá mañana.

Lamentablemente esa improvisación e inoperancia no es el peor de los males, porque lo aterrador es que esa ineptitud está acompañada de una conducta claramente irresponsable y dictatorial, que se escinde en momentos:

El primero es cuando el hombre escogió a su vicepresidenta sin conocerla, sin saber cuáles son sus inclinaciones políticas o por lo menos cuál es su ideología. Y cuando ganó sin pensarlo, el “presidente que resuelve”, usó el poder recién concedido para exiliarla… enviarla a la guerra era el mejor de los mensajes para cualquier adversario. Como él mismo lo dijo: “soy un pésimo enemigo a tener”.

Ese pésimo enemigo de la vicepresidenta envío a su hijo a la prisión de La Roca para chantajearla con su renuncia. Dirán que el primer mandatario no decide donde residen los privados de libertad, pero déjenme decirles que sí, el presidente nombra a dedo al director general del SNAI, hombre que decide dónde estará cada privado de libertad, así que no es una coincidencia que el hijo de la vicepresidenta exiliada haya terminado en La Roca.

Cuando intentaron enjuiciarla, la Asamblea Nacional no lo permitió, pero este organismo está para impedir que en una jugada político-judicial se pretenda destituir a un presidente o en este caso a una vicepresidenta. Este es el meollo del asunto, la Asamblea es la única entidad que puede sancionar a un jefe de Estado o su alterno. Por eso es aberrante que mediante un sumario administrativo, se suspenda a la vicepresidenta para que no pueda asumir el mando del país, mientras dura la campaña de nuestro ídolo de cartón.

La conclusión es simple, cuando le tocó decidir entre respetar la Constitución que juró proteger o pisotearla, optó por lo segundo. El caprichoso presidente que impone su voluntad a la fuerza ordenó suspender a su vicepresidenta como si no se tratara de una autoridad electa por voto popular.

Si esto les parece poco, prepárense que viene lo peor.

El segundo indicador pasó este domingo: el mismo presidente que profanó la Constitución a su antojo, eliminó a su principal rival electoral, al mismo estilo de Maduro: decidió con quién competir por el sillón de Carondelet, mostrándose de cuerpo completo como un dictador que elimina adversarios para asegurar “su victoria”. Aquí dejó un mensaje que espesó el oxígeno, dificultándonos inhalar y haciendo que exhalar duela, creando una agonía llena de desesperanza que grita: “tengo el control absoluto del Consejo Nacional Electoral”.

Este es un mensaje de la historia, un nuevo capítulo en el diario ecuatoriano que nos enseña a costa de sufrimiento que no se debe aplaudir a un presidente que allana una embajada, que no se debe fabricar alabanzas a un presidente que se vanagloria de entrometerse en la Justicia, que se glorifica de haber sido él quien encarceló a dos políticos pertenecientes a dos partidos que abiertamente distan de sus ideales.

Un presidente jamás debe entrometerse en la Justicia, jamás debe allanar una embajada, jamás debe evitar que sus adversarios participen en una carrera presidencial y mucho menos debe pisotear campante la Constitución para eliminar a su propia vicepresidenta.

Dicho esto, es deber de todos evitar que un dictador nos vuelva a gobernar. Es momento de responder en las urnas con un rotundo rechazo a la degradación del sistema, al quiebre democrático y a la legitimación de los arbitrios de un ser confundido e improvisado.

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