Ciertamente tiene razones para celebrar, señor presidente, su triunfo sobre la auto denominada “revolución ciudadana” se definió con una de las diferencias electorales más holgadas en casi dos décadas. No faltan motivos para que su equipo y sus allegados se alegren. Sin embargo, usted debe recibir las buenas noticias con prudencia. Existen varios elementos que debería considerar antes de tomar con ambas manos la responsabilidad que este país le ha otorgado.
I
Aquellos que votamos por usted no le dimos un cheque en blanco. Nuestro voto estuvo condicionado a que usted actúe y lo haga con energía. Hay muchas tareas pendientes. La inseguridad sigue siendo un tema central, y pese a varios intentos por aplacarla los resultados han tardado demasiado en llegar. Entendemos que en gran medida los vicios de una función judicial contaminada y politizada han entorpecido enormemente la lucha contra el crimen. Eso lo tenemos claro, y precisamente por aquella causa, la mayoría de ecuatorianos no se creyó el relato que la falta de efectividad con la lucha contra las bandas armadas es, únicamente, culpa de este gobierno.
Pero ahora hay que poner manos a la obra. Es cierto que la función judicial es un poder independiente y que el presidente no puede disponer por decreto sobre las acciones de jueces y fiscales, pero se deben buscar mecanismos para realizar los cambios necesarios. Si los cambios deben llegar por reformas constitucionales, o por la redacción de una nueva constitución, este es el momento de hacerlo. Tome una decisión ahora que el apoyo a su candidatura es aún está fresco.
Las asesorías externas y la acción de los aparatos de seguridad del estado siempre serán insuficientes, si no se realiza antes una verdadera revolución en el ámbito judicial. Las normas, leyes y aparatos institucionales deben garantizar que los criminales violentos sufran consecuencias a largo plazo en relación a sus acciones, y que se mantengan lejos durante el tiempo que sea necesario, de sus potenciales víctimas.
Hasta ahora la institucionalidad quebrantada en el ámbito judicial, y las leyes ineficaces han sido un obstáculo. Haga lo necesario para que los cambios se den.
Las asesorías externas y la acción de los aparatos de seguridad del estado siempre serán insuficientes, si no se realiza antes una verdadera revolución en el ámbito judicial.
II
Un país donde el 28% de personas son pobres (por ingresos), y dónde la pobreza rural alcanza el 43%, tiene poco que celebrar. Las medidas paliativas como los bonos, y las políticas asistencialistas, pueden jugar cierto rol para aliviar la situación crítica de miles de familias, pero aquello resulta insuficiente. Es necesario convertir al Ecuador en una sociedad productiva que pueda forjar empleos de calidad y que genere riqueza. Eso solo será posible en un ambiente propicio para las libertades; económicas, civiles y políticas.
En este momento apenas el 34% del PEA tiene un empleo adecuado. Aquella cifra es simplemente inaceptable. Su gobierno debería iniciar un proceso masivo de políticas que incentiven la productividad, y las condiciones para que las empresas (especialmente las medianas y pequeñas) prosperen, crezcan y puedan absorber la mayor cantidad de trabajadores. Si su gobierno no se da prisa tomando las medidas necesarias, podría causar la decepción de muchas familias que confiaron en su liderazgo.
Este es un buen momento para organizar equipos de negociación internacional y buscar condiciones favorables para el comercio internacional (la posibilidad de un buen tratado de libre comercio con Estados Unidos debería estar en la agenda). También se requieren las reformas legales pertinentes para incentivar la inversión extranjera y dar a los empresarios externos las condiciones y las reglas del juego claras para que puedan aportar sus capitales en este país, sin riesgo. Si en intentos anteriores no se han conseguido esos cambios, será necesario intentar de nuevo.
III
Una gran cantidad de ecuatorianos no votaron por usted. Más del 40% prefirió apoyar a la opción del socialismo del siglo XXI. Debería reunirse con sus asesores y estudiar cuáles fueron las principales aspiraciones que aquel importante sector de la población albergó al votar por la otra candidata. Vale la pena buscar los mecanismos para que aquellas mismas aspiraciones puedan ser procesadas por usted.
Rafael Correa manifestó en varias entrevistas que la movilidad social positiva —es decir la mejora en las condiciones de vida al pasar de un estrato social a otro— era nociva para el socialismo del siglo XXI, porque le privaba de su principal capital político —las personas bajo la línea de pobreza—. Usted debería manejar estrictamente el discurso contrario: mientras más personas salgan de la pobreza y mientras más familias prosperen, más posibilidad tendrá el proyecto que representa de fortalecerse.
Esta es la oportunidad de aplacar, de alguna forma, la polarización que se ha arraigado en nuestra sociedad durante años. Clausurar las disputas entre ecuatorianos por motivos ideológicos, es urgente.
IV
Libertad. Nos decidimos por su candidatura pues hemos vivido los excesos de la persecución desatada por el correísmo y sus seguidores. Usted debería hacer todo lo posible por distanciarse de prácticas autoritarias.
Incidentes como el caso Verónica Abad, o disputas personales con líderes cantonales, han sido vistas con preocupación por aquellos que anhelamos un modelo de sociedad abierto, con todas las garantías civiles. En otras palabras, mire el ejemplo de Correa, Daniel Ortega o Maduro, y haga lo posible por no parecerse a ellos.
Más del 40% prefirió apoyar a la opción del socialismo del siglo XXI. Debiera estudiar cuáles fueron las principales aspiraciones que aquel sector de la población albergó al votar por la otra candidata.
V
Cumpla sus promesas, y ofrezca nuevas ideas. El trabajo de Anabella Azín y de Lavinia Valbonesi fue arduo y diligente. Está claro que lograron resultados impresionantes moviendo nuevos votantes, por ejemplo, en Esmeraldas. Pero ahora que la campaña ha terminado sería decepcionante que ese tipo de acciones y acercamiento con la gente se detengan. Valdría la pena que la generación de espacios de asistencia y ayuda a poblaciones vulnerables se potencie durante su gobierno. Esta vez desde programas institucionales consolidados.
En cuanto a sus promesas de campaña -estas y las de su primera elección- deberían ser procesadas lo antes posible. Como se ha mencionado antes: la seguridad, el empleo, la lucha contra la pobreza, deben contar con estrategias claras y creíbles. Los ecuatorianos han madurado políticamente. Se entiende que los resultados inmediatos son difíciles, pero se debe actuar con ímpetu y mostrar logros visibles, graduales y definitivos.
VI
La educación es uno de los elementos más importantes de todos. El principal capital que tiene este país son sus jóvenes y sus profesionales. No se olvide de la educación. Necesitamos escuelas cada vez mejores, eliminando paulatinamente las brechas entre centros educativos privados y públicos. Necesitamos colegio que estén a la altura de los cambios tecnológicos y que permitan a los estudiantes manejarse en destrezas afines a esos cambios, así como la potenciación en lenguas extranjeras -tema que ciertamente usted ya ha iniciado-.
Además, necesitamos universidades libres de las presiones ideológicas, a las que lamentablemente el socialismo del siglo XXI ha sometido en varios casos, y durante demasiados años. Los centros de educación superior deben ofrecer las garantías para que docentes, investigadores y estudiantes puedan albergar ideas plurales que vayan más allá de los catecismos dogmáticos de ciertas ideologías. Usted mismo mencionó en el debate el ejemplo de algunas universidades en Manabí, pero hay muchos más casos. Necesitamos evaluaciones técnicas y protocolos creíbles que garanticen la libertad de pensamiento. Sin eso el rol de la universidad siempre estará incompleto.
VII
No le dimos un cheque en blanco señor presidente. Muchos votaron por usted movidos por el temor a un proyecto político que ya había anunciado apoyar el modelo venezolano; algunos se decidieron en último momento bajo la premisa de un supuesto “mal menor”; otros tantos vieron en usted la serenidad y la firmeza de un líder joven. Sin embargo, ninguno de sus votantes le otorgó un contrato de confianza incondicional. Todos tenemos claro que la única forma de evitar el retorno de los modelos populistas -que han erosionado las sociedades en la que se han implantado-, es hacer un trabajo mejor al que ellos propusieron. Todos estamos expectantes. No nos decepcione.
