lunes, julio 27, 2026
Ideas
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Niños y ciber-pornografía

En el tiempo horroroso del Covid se incrementaron otras y más crueles violencias, como la ciber pornografía que se expande sin límites y prácticamente sin control estatal alguno. Salvo excepciones, el mundo entero guarda silencio. Un silencio absolutamente culposo.

El tiempo horroroso del Covid se caracterizó también por un grave crecimiento del abuso a niños y niñas en el mundo. Muchos de ellas y ellos se convirtieron en el objeto privilegiado en el cual los adultos domésticos descargaron sus frustraciones, sus enojos, su falta de libertad.

Pero también se incrementaron otras y más crueles violencias, como la ciber pornografía que se expande sin límites y prácticamente sin control estatal alguno. Salvo excepciones, el mundo entero guarda silencio. Un silencio absolutamente culposo.

Tal vez se avergüence de sí mismo. Talvez esas inmensas culpas impidan al poder y al sistema educativo hablar, denunciar y también arrepentirse por su inoperancia. El silencio tiene por objeto permitir que lo que acontece no sea conocido y que las víctimas de la violencia social olviden que lo fueron o incluso que siguen siéndolo. 

Según recientes estudios, los especialistas y la misma policía francesa han comprobado que aquella violencia de la pandemia no solo que no ha disminuido, sino que se ha incrementado de una manera sumamente peligrosa.

Es altamente probable que lo mismo esté aconteciendo entre nosotros. Pero no reparamos en ello para ni ver ni oír: para no saber nada de uno de los más acuciantes problemas del país. De uno de los más horribles crímenes.

estudios franceses señalan que la pornografía infantil en las redes se habría incrementado en un 6.000 por ciento. Una realidad numérica casi imposible de entender sin pensar en el abismal daño que se está causando a las nuevas generaciones de niñas y niños.

Lo más grave del tema es que la ruta de esta violencia sexual no es necesariamente la del tiempo del Covid, sino también el de la tecnológica que no apareció por primera vez precisamente con el Covid. Pero que, según los especialistas, se habría incrementado exponencialmente desde entonces. 

Los estudios franceses señalan que, a este tiempo, la pornografía infantil en las redes se habría incrementado en un 6.000 por ciento. Una realidad numérica casi imposible de entender sin pensar en el abismal daño que se está causando a las nuevas generaciones de niñas y niños.

Por supuesto, no somos Francia. Pero el mundo actual, en lo que tiene que ver con estos temas, ya no hace distinciones. Lo que llega a los niños franceses seguramente ya está también en los celulares y laptops de nuestras niñas y niños.

Sin embargo, nosotros, adultos, autoridades y maestros ni siquiera nos hemos percatado de ello. Y si lo conocemos, no nos escandalizamos. Y si no nos escandalizamos, somos responsables del presente y del futuro de estas nuevas generaciones.

Según la Unión Europea, los usos de las redes por parte de las nuevas generaciones se han incrementado en un 6.000%, en las que los contenidos pornográficos ocupan un lugar de privilegio, de modo especial en la población comprendida entre los 7 y los 10 años.

Es preciso pensar en la complejidad. Lo que acontece con los niños y muchas no pertenece tan solo a la ética o la sociología. También se deriva de la complejidad psicológica de las nuevas generaciones hechas con otros modelos, otros principios y otros valores. Esto lo desconoce, sobre todo el poder.

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