Los ecuatorianos enfrentamos cada semana alguna noticia política que nos llena de asombro, dolor o indignación. En ese momento, nos sentimos espectadores de ciclos que se nos presentan al borde del precipicio. Desde ese lugar parecería caerán de forma contundente y definitiva. Con su caída damos por hecho se llevarán todo lo malo que hemos venido soportando a causa de sus acciones y omisiones. Sus corruptelas y complicidades. Pero luego de toda la bulla mediática que se genera en esas horas, de esas tensiones entre bandos, a pesar de que parece el acabose de un sector representante de la mala política, nada o poca cosa cambia.
Lo más reciente de aquello que parece no cambiar, sucedió cuando conocimos del grupo de infames que se tomaron los carnés de discapacitados para evadir impuestos en carros de lujo. Ellos abusaron de su poder robándoles oportunidades a quienes viven del amparo y caridad de otros, por su condición de verdaderas personas con discapacidad. Al conocer la historia de las víctimas, a muchos de nosotros nos corrían lágrimas de coraje y deseamos lapidar a quienes se tomaron sus derechos y les usurparon sus beneficios. Al día siguiente constatamos que los abusadores siguen en el poder y las víctimas en su calvario. Nada cambió, por más abusos que se constataron.
Al conocer la historia de las víctimas, a muchos de nosotros nos corrían lágrimas de coraje y deseamos lapidar a quienes se tomaron sus derechos y les usurparon sus beneficios.
Igual de inalterable se manifiesta -en estos momentos- la perversa gestión de algunos gobiernos seccionales. Luego de los terribles y recientes sucesos, con miles de trágicas muertes a causa de la pandemia del covid, la corruptela no cambió. Parecería que para los malos políticos al frente de alcaldías y prefecturas, nada de lo sucedido importó. Estos siguen priorizando sus obras con sobreprecios o gastos innecesarios, sin mirar hacia la salud y hambre de sus comunidades. En tanto el SERCOP sigue diciendo que el control de las contrataciones depende del alcalde y prefecto que amaña la contratación. Nada cambia, por más muertes que ocurran.
En estos días, donde la clase política se resiste al cambio, Jaime Nebot desistió de su vieja aspiración por la Presidencia sin renunciar a su poder político. Manifestó encabezar las encuestas para Carondelet Algo que ni él, ni su entrevistador, apostaría tampoco lo creyeron. Otto Sonnenholzner también renunció. Se despidió de la Vicepresidencia mirando la Presidencia. Dijo cumplió con el país aunque todo sigue igual o peor a cuando llegó. De llegar a presidente seguro gobernará junto a la mitad de quienes han destruido Ecuador. La otra mitad inició su campaña robándose la canción de Diego Torres. No cambian, nunca lo harán.
