miércoles, abril 1, 2026
Ideas
Agustín Grijalva

Agustín Grijalva

Constitucionalista, catedrático. Ex juez de la Corte Constitucional

Liberales antiliberales por el SÍ

Lo más grave es el abandono de la defensa de la libertad en nombre de una supuesta seguridad. Estamos de acuerdo en que no debe haber impunidad y que es deber del Estado sancionar, en el marco del derecho, los delitos. Pero de allí a aupar un populismo penal que arrasa con las garantías del debido proceso para cada individuo, hay un abismo.

 

Así como alrededor de gobiernos despóticos de supuesta izquierda en América Latina han girado “progresistas” que no han dudado en ignorar o justificar la corrupción y violaciones sistemáticas de derechos humanos, hoy asistimos a este lamentable espectáculo entre liberales y conservadores democráticos.

En el caso del liberalismo, siempre he creído que pese a sus graves limitaciones con las cuales tengo fuertes distancias, fue y es un gran aporte a la humanidad: su sentido de la limitación y división del poder público para proteger derechos, su valoración del individuo, aunque concebido de forma aislado y abstracto; su defensa de los derechos civiles y políticos, entre otros aportes, integran la historia y cultura política de nuestro tiempo.

De hecho, en América Latina, aunque no tanto en Ecuador, se da el fenómeno de que políticos e intelectuales liberales con gran sensibilidad social y cultural lideran o constituyen referentes de movimientos y organizaciones progresistas. En efecto del liberalismo, frecuentemente estereotipado, también hay diversas versiones y tendencias.

Pero lo desconcertante es que en Ecuador muchos que se dicen liberales, en nombre de su oposición al mencionado pseudo socialismo del siglo XXI, caen exactamente en sus mismos vicios, y traicionan paladinamente sus principios liberales.

Con decepción he visto y leído que juristas liberales serios, que en nuestro país siempre han aportado con criterios sólidos y coherentes, juristas a los que he leído y estudiado por su defensa de la independencia judicial, de la división de poderes, de la juridicidad, institucionalidad y debido proceso, hoy claudican ante los cantos de sirena de un régimen profundamente antiliberal.

Por supuesto, aprendiendo del verdadero liberalismo, respeto como el que más su defensa del SI para la constituyente, es su derecho, su libertad política, ideológica y de conciencia. Pero no puedo dejar de decir que me parecen profundamente incoherentes. ¿Cómo pueden apoyar un proyecto político que claramente se orienta a las antípodas de sus principios liberales?

¿No es acaso evidente que el actual gobierno no ha respetado la independencia judicial y en general la división de poderes? ¿O es que asediar sistemáticamente a una Corte Constitucional, captar al Consejo de la Judicatura y la Fiscalía es respetar la división de poderes?

¿Y en dónde han quedado la defensa liberal de los derechos de asociación, de reunión y protesta pacífica, de libertad de expresión, de propiedad? Porque hemos visto como estos y otros derechos vienen siendo decididamente violados por congelamientos injustificados de cuentas bancarias, suspensión de radios, censura de periodistas, y hasta disolución de cultos religiosos.

A todo ello se suma la grosera manipulación gubernamental de la democracia representativa, la conversión del conjunto del Estado en aparato de propaganda electoral mediante bonos, feriados, adelantos forzosos de sobresueldos y hasta exoneración de peajes. Y qué decir de la integración de una constituyente de integración mayoritaria, excluyente de la diversidad del país y por tanto sin representatividad ni igualdad.

Pero lo más grave me parece el abandono de la defensa de la libertad en nombre de una supuesta seguridad. Estamos de acuerdo en que no debe haber impunidad y que es deber del Estado sancionar, en el marco del derecho, los delitos. Pero de allí a aupar un populismo penal que arrasa con las garantías del debido proceso para cada individuo, hay un abismo.

Sin debido proceso el Estado no puede diferenciar entre quienes, y no tienen responsabilidad penal, y por tanto se convierte en un arma política contra la oposición, contra quienes legítimamente se manifiestan contra ciertas políticas económicas, contra quienes son críticos con el poder. ¿Se puede imaginar un ambiente más antiliberal?

Se dirá que exagero, que este panorama responde más a mi imaginación y prejuicios que a la realidad. Pero veamos las leyes declaradas inconstitucionales por la Corte Constitucional, oigamos las declaraciones de los voceros del gobierno, veamos su actuación política de los últimos meses. ¿O será que se puede ser liberal solo ante unos autoritarismos, pero no frente a otros?

El proyecto del presidente Noboa no es un proyecto liberal, sino antiliberal, de rotunda conculcación de las libertades. Por esta razón es clarísimo que hay que negar la posibilidad de la concentración de poder que se concretará con una constituyente. Mi respeto y admiración a los liberales consecuentes que se han expresado por el NO, muchos de los cuales me honran con su amistad.

 

 

 

 

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