viernes, julio 24, 2026
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Consuelo Albornoz Tinajero

Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

La transición hacia la democracia ya inició, aunque la dictadura venezolana siga

Aunque nos parezca poco, la extracción del ex dictador fue el primer paso de una democratización que demorará un tiempo incierto y recorrerá caminos hoy desconocidos e impensados.

Parece una paradoja, pero es lo esperable en un proceso tan complejo como el de la vigencia del totalitarismo durante casi tres décadas en Venezuela. La dictadura chavista-madurista sigue en el poder a pesar de que la transición a la democracia comenzó el instante en que el dictador Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses para ser juzgado por cortes de los EEUU.

Es que, aunque nos parezca poco, la extracción del ex dictador fue el primer paso de una democratización que demorará un tiempo incierto y recorrerá caminos hoy desconocidos e impensados.

Como todo procedimiento en esta materia, la recuperación de la democracia luego de 26 años de autoritarismo y de absolutismo dependerá de las acciones y actuaciones efectivas de los actores intervinientes, en especial de quienes mantienen poder y recursos reales, incluido el presidente Trump y otros líderes mundiales, cuya estrategia en favor de la democracia responde a la “testaruda realidad”. Por esto también es insoslayable la presencia de figuras detestables como la sucesora de Maduro, Delcy, y de su hermano, y de personajes tan funestos como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino.

También lo es la participación e intervención, en otros terrenos, de dirigentes de la oposición democrática como María Corina Machado, del presidente electo Edmundo González Urrutia y de actores del exilio que respaldan las acciones tomadas desde el 3 de enero pasado, además de quienes han investigado la entronización del chavismo-madurismo y su vinculación con las mafias y el terrorismo internacional.

Investigadores como Guillermo O´Donnell, Alfred Stepan y Juan Linz, entre otros, estudiaron las vías que diversos países utilizaron para llegar a la democracia, en las décadas de 1970 y 1980. Sus planteamientos proponen la singularidad de cada proceso, a pesar de que pudiera haber ciertas coincidencias. Todos estos académicos situaron sus investigaciones en circunstancias en las que las realidades políticas, ideológicas, sociales y tecnológicas eran muy diferentes a las de las tres primeras décadas del siglo XXI. No obstante, y dada la dimensión y variedad de sus estudios, sus proposiciones son una ayuda para comprender una transición que se pinta larga, con retrocesos, avances y multiplicidad de problemas.

Si recordamos a O´Donnell podemos señalar como elementos clave de la actual realidad venezolana la “destructividad económica” y la “altísima represión” que caracterizaron a los gobernantes de Venezuela desde los primeros años de instaurado el chavismo. Este hecho dejó un paisaje desolador, emprobrecido, con heridas hondas y enormes dificultades económicas por superar.  A ello hay que añadir que las dictaduras de Chávez y de Maduro estuvieron sostenidas por elementos de las fuerzas armadas nacionales, convertidas en guardias de sus gobiernos, y por fuerzas extranjeras de otros estados, Cuba por ejemplo, y por guerrillas terroristas como la de Hezbolá. Estas circunstancias dan cuenta de los inmensos recursos de ejercicio del terrorismo de estado que conserva la dictadura de Rodríguez en estos momentos, así como otros rostros del régimen como los ya citados Cabello y Padrino.

A la luz de lo señalado por Stepan, ciertas transiciones no son resultado del colapso de un régimen autoritario; inician por una intervención externa, como ahora en Venezuela. El ejemplo más conocido, y que lo cita Linz, es el de la República Federal de Alemania que, con la intervención de los aliados occidentales luego de la Segunda Guerra Mundial, alcanzó un desarrollo y consolidación democrática estables. Solo este hecho volverá al caso venezolano un acontecimiento único en el momento presente.

En toda transición es decisivo identificar los sectores y actores que mejor controlan los recursos políticos y de poder, pues son definitorios en la dirección de estas transformaciones. La dictadura aun reinante posee abundantes espacios de poder institucional, y el apoyo de las fuerzas armadas y de otros grupos con preparación militar, aunque la oposición democrática sostiene que también hay sectores castrenses no comprometidos con el chavismo-madurismo.

Sin duda, la figura del presidente electo, Edmundo González Urrutia, quien obtuvo un abrumador triunfo en las elecciones presidenciales de 2024, y el liderazgo de María Corina Machado, por su lucha pacífica por la libertad en Venezuela, conforman un patrimonio de respeto, voluntad democrática y unidad reconocido por la diáspora venezolana, con independencia de los matices y diferencias propios de todo grupo humano.

Y esto es lo importante, González y Machado representan a su pueblo, aunque desde varios sectores se pretenda disminuirlos y hasta malquistarlos con quienes son sus apoyos este momento. Sin embargo, la madurez está primando y es un buen augurio. No obstante, los modos cómo transcurra la recuperación de la democracia y de las libertades dependerá menos de los aspectos normativos y de los que sean más correctos y deseables, sino de los que sean posibles y viables.

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